Desde su campaña presidencial Trump se dedica a crear un clima de odio racial, religioso y político dentro y fuera de Estados Unidos. Rompió con el Acuerdo de París sobre cambio climático y lo mismo hizo respecto a la Unesco. Se negó a certificar el cumplimiento de Irán en el acuerdo nuclear, pese a que nadie objeta la observancia más estricta de sus términos por el país persa. Ahora viaja por Asia enfrascado en la venta de armas y caldeando con su misma presencia y palabras el peligrosísimo conflicto con Pyongyang, que podría solucionarse mediante el diálogo, pero con las provocaciones trumpianas puede llevar a una guerra nuclear.

Según sus propias declaraciones a la prensa, su embajada en Cuba es víctima de los efectos de un "arma sónica" que ha lesionado a parte de sus funcionarios en la isla. Como es de costumbre en estas y otros operaciones de bandera falsa similares, la culpa es trasladada hacia el gobierno de la isla.

Cuba se alzará nuevamente victoriosa este 1 de noviembre en las Naciones Unidas ante la recurrente soberbia imperial, esta vez representada de manera perversa por el presidente Donald Trump, quien ha retomado la fracasada bandera del criminal bloqueo y de las torpes justificaciones para la injerencia, propias de la Guerra Fría.

En la historia antigua y moderna no ha existido ningún caso en que una pequeña nación haya podido resistir durante 58 años un violento bloqueo económico y financiero por una potencia hegemónica vecina. Ese único ejemplo es Cuba.

La política de bloqueo estadounidense sigue siendo una violación masiva, flagrante y sistemática de los derechos humanos del pueblo cubano y califica como acto de genocidio, refiere el informe que presentará Cuba ante la Asamblea General de Naciones Unidas (ONU) el próximo primero de noviembre.

Frases


“Al imperio no hay que subestimarlo, pero tampoco hay que temerle. Quien pretenda llevar adelante un proyecto de transformación, inevitablemente chocará con el imperio norteamericano”

Hugo Rafael Chávez Frías

Correos del Sur Nº48