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Martin Hilbert es experto en redes sociales y actualmente es el asesor tecnológico de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos. En una entrevista en enero pasado que le hiciera el medio chileno The Clinic habló con entusiasmo de lo que llaman Big Data.

Cuando hace más de medio siglo —en el año 1959— el científico norteamericano Richard P. Feynman declaró que "existe la posibilidad de maniobrar todas las cosas, átomo por átomo", muy pocos le creyeron, inclusive el mundo científico dijo que su afirmación estaba más ligada a la ciencia ficción que a la realidad.

El mundo científico se conmovió el pasado jueves 11 de febrero ante el espectacular anuncio de la detección de ondas gravitacionales, vibraciones en el tiempo y espacio, sobre las que teorizó Albert Einstein hace un siglo. Al ver la transmisión televisiva me llamó la atención que una de las científicas que hacía el anuncio, a la que apodaban Gabi, tuviera una “tonada” que me parecía conocida. Luego confirmé mis presunciones. En el equipo del proyecto participan los argentinos Gabriela González, Jorge Pulling y Mario Díaz, que se han formado académicamente en la Facultad de  Matemática, Física y Astronomía (FAMAF) de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) y que el  Observatorio Astronómico de Córdoba (OAC) interviene activamente en la observación del fenómeno. Confieso que sentí un especial orgullo ante la presencia de los jóvenes científicos cordobeses haciendo el anuncio. Recordaba  cuanto ha tenido que pasar aquella Universidad desde la Reforma del 1918; cuantas dictaduras han tratado de acallar, mancillar y someter a aquella universidad a la que pertenecí como estudiante de medicina y de la cual muchos compañeros secuestrados, asesinados a quienes las bandas asesinas de la dictadura Videlista truncó sus proyectos y vidas. Muchos presos, expulsados de la UNC y exilados como en nuestro caso, fuimos generosamente acogidos en Venezuela e incorporados a la UCV. Recuerdo los apasionados (y disparatados) debates entre los estudiantes que éramos de ciencias de la salud y de ciencias sociales contra los de las ciencias duras y puras: ciencias químicas, ingeniería y del FAMAF, a los que acusábamos poco menos de futuros agentes de las transnacionales o de la Nasa o CIA y vendidos de imperio. Con el tiempo aprenderíamos de la utilidad de las ciencias aplicadas, con la necesidad de tomógrafos, resonadores y tecnología médica necesaria para atención en salud de calidad. Hace poco me reencontré con un compañero del FAMAF, que me contaba que han diseñado y construido un tomógrafo hecho en ese importante centro de estudios y de investigación. Como medico, científico al fin, sentí curiosidad del anuncio de las ondas gravitacionales y suponía que la presencia activa del FAMAF en el proyecto, era resultado positivo de lo que está sucediendo en aquella Universidad en los últimos años.  

Una serie de correos electrónicos del 2013 discutían un acuerdo de 60 millones de dólares con la Dirección de Inteligencia Policial (DIPOL) de Colombia.

¿Podemos imaginar la vida sin tecnologías digitales?  Sin celular, sin SMS ni email, sin redes sociales; con semáforos descompuestos, computadoras en huelga, centrales telefónicas colapsadas, congestión en los bancos, satélites desconectados… y un largo etcétera.  Hace solo dos décadas, desconocíamos estos inconvenientes, y la pesadilla que sería tener que prescindir de ellas, ahora que las tecnologías digitales se han convertido en el sistema nervioso central de la economía, la información, la investigación, la política, los modos de organización de la sociedad e incluso, en buena medida, de las formas de interrelación personal.