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El odio es un deseo de destruir. Atenta contra toda posibilidad de diálogo. Racionalmente no tiene justificación. Se manifiesta contra personas pero también contra grupos sociales y organizaciones políticas y no políticas. Es un sentimiento de aversión frecuente contra tendencia ideológica o religiosa contrapuesta. Es profundo y duradero y se expresa con una hostilidad manifiesta e intensa.

Se podrá ser muy influyente. Pero un influyente subordinado a intereses foráneos no puede ser otra cosa que una mala influencia. Este pueblo no está para subordinarse a ninguna potencia extranjera. El pueblo venezolano está para ser libre, soberano, independiente. Como Bolívar soñó.

Sobrevolar la realidad se ha convertido en el deporte preferido de muchos analistas. En esta nueva época de lo exprés, cada vez son más frecuentes los exámenes aéreos. Sorprende que cualquiera pueda escribir al mismo tiempo de Venezuela, Ecuador, Paraguay o Brasil como si conociera cada casuística en profundidad. Cada vez que asoma una coyuntura atractiva, surgen venezolanólogos, ecuatorianólogos, paraguayólogos, brasileñólogos... Con Google bajo el brazo, se atreven a pontificar y sentenciar sin leer la letra pequeña de cada caso.

Habrá que empezar a desinstalar contenidos. Contenidos que no se encuentran en los prodigiosos aparatos con los que habitualmente interactuamos, sino en el gigantesco disco duro con el que contamos desde el mismo día en el que nacimos. Sin embargo, es aquél con el que menos interactuamos, al menos intencionalmente.

Desde hace varias semanas grandes medios de comunicación se han volcado publicando informaciones en las que se alerta sobre la creciente escalada de violencia en Venezuela en el marco de las protestas opositoras al Gobierno de Nicolás Maduro.

Frases


“Tenemos que ayudar todos los días al nacimiento de la conciencia cuando no la haya, y al fortalecimiento de la conciencia cuando ya exista”

Hugo Chávez

Correos del Sur