América latina busca la manera de afrontar la restricción externa. La desaceleración de la economía mundial dura ya casi una década. El consumo sigue sin recuperarse. La productividad está estancada. La expansión monetaria de los países centrales no ha logrado reactivar la economía real. La deuda global triplica al PIB mundial. La financiarización se propaga en forma imparable. La economía ficticia es la que domina a la real. Una encrucijada que tiene en jaque incluso al orden dominante.

Siempre igual. Después de un periodo de tormenta, se reordenan las piezas en el tablero global. Así ha sucedido en repetidas ocasiones a lo largo de la Historia. En 1870, ante una crisis de sobreproducción del capitalismo central, la región latinoamericana quedó reinsertada de otra forma en la economía mundial; además de seguir proveyendo materias primas, debía servir a partir de entonces como zona consumidora. Después, a lo largo del siglo XX, nuevamente se sucedieron algunos clivajes económicos que reacomodaron las relaciones de la región con el mundo. La última fase histórica fue indudablemente la llegada del neoliberalismo que supuso un patrón de subordinación en lo financiero; en lo tecnológico; en propiedad intelectual.

Una economía enferma y sin gente. Este es el gran logro de los últimos gobiernos de Colombia gracias a las decisiones económicas que se tomaron. Santos, Uribe, Pastrana y un largo etcétera de presidentes que hicieron siempre lo mismo en contra de la vida de los ciudadanos. La política económica fue tan injusta como ineficaz.

América Latina aprovechó el ciclo expansivo del precio de los commodities a favor de la inversión social. Esto no sucedió con todos los países de la región, pero sí con aquellos que consideraron que acabar con la deuda social heredada era un objetivo prioritario. En primer lugar, fue una importante política de recuperación de la soberanía para tener capacidad de decisión sobre los ingresos procedentes de tales recursos. Y seguidamente, las políticas de redistribución vinieron con políticas fiscales muy diversas en pro de los derechos sociales. En gran medida, esto se vio rápidamente reflejado en las cifras regionales: según la CEPAL, el gasto social per cápita pasó de 600 dólares en el 2002-2004 a 1.100 dólares en 2011-2012.

Macri ha defraudado a la ciudadanía argentina. Y lo ha demostrado en un escaso lapso de tiempo. Sólo ha necesitado algo más de un año y medio para incumplir todo lo que había prometido. Si existiesen los contratos electorales, el de Macri ya hubiese sido rescindido por infracción múltiple.

Frases


"Nunca pensé que poner un plato de comida en la mesa de un pobre generaría tanto odio de una élite que se harta de tirar comida a la basura todos los dias"

Lula Da Silva

Correos del Sur Nº38