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El 24 de julio de 1964, Pablo Neruda, futuro Premio Nobel de Literatura dirigió un cable de protesta por la realización en Washington de la IX Reunión de Consulta de Cancilleres de los países de la OEA. En la misiva, el gran poeta chileno pidió que la OEA: "... aproveche dignamente reunión cancilleres proponiendo investigación sobre intervención y apoyo del Departamento de Estado Norteamericano en golpes fascistas militares en Guatemala, Paraguay, Nicaragua, Ecuador y Brasil. Política norteamericana favorece regímenes de terror en América Latina contra nuestros pueblos. Reunión actual es fruto de coacción y presión Departamento de Estado para dividir las naciones sudamericanas. Cancilleres son presionados económicamente para aislar y hambrear a una nación hermana. USA quiere que crimen de genocidio contra el pueblo cubano sea decretado por nuestros gobiernos para esconder sus propósitos de suplantar gobierno de liberación cubano por acostumbrados títeres obedientes a Washington". El mensaje jamás fue respondido. Era imposible que Neruda supiera que iba a ser asesinado en un hospital de Santiago de Chile por los militares que usurparon el poder 12 días antes, bajo el alero intervencionista de Estados Unidos y la OEA.

Bajo el comando de EE.UU., un grupo de gobiernos cipayos están empeñados en aplicar a Venezuela la Carta Democrática Interamericana.

El secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, no tuvo ninguna vergüenza al recibir este jueves el premio “Libertad” de manos del Freedom House, (FH) una organización no gubernamental digitada por la central estadounidense de inteligencia CIA, que continúa asesorando y financiando a la derecha latinoamericana en estrategias de guerra sicológica.

El gobierno del presidente Nicolás Maduro insiste en que hay un golpe de estado en proceso en su contra. Sostiene que es alentado desde Washington y que los ejecutores son actores políticos de la oposición, que no buscan realmente elecciones. Quieren llegar al poder por la vía de facto porque la Constitución les impide hacer lo que de verdad desean: desmontar el estado democrático y social de derecho y de justicia que establece la Carta Magna y que construyó el Comandante Hugo Chávez junto al Poder Popular.

Nos parece un compromiso ético y moral con la verdad y con la Patria Grande, tratar de explicar lo que está ocurriendo en Venezuela. Desde un principio, sentamos posición, no somos neutrales. Estamos convencidos como argentinos y suramericanos, de que estamos viviendo la época de la segunda independencia o independencia definitiva, como nos enseñó José Martí. Por lo tanto, consideramos que se puede ser plural, desde la no neutralidad. Desconfiamos, de aquellos científicos sociales, que detrás de la objetividad o desde supuestas leyes del neutralismo científico, esconden los más profundos prejuicios ideológicos. Además, no desconocemos, que en las ciencias sociales hay una fuerte supremacía de los marcos conceptuales anglosajones. Recomendamos sobre este tema, el gran libro del antropólogo brasileño Renato Ortiz, denominado "La supremacía del inglés en las ciencias sociales".