Hosting Venezuela - Hosting - Certificado SSL

Últimamente se ha hablado hasta el cansancio de que en Argentina y también en otros países latinoamericano están en pugna permanente dos modelos de país. Uno el ligado a los que saquean el país en complicidad con agentes externos vinculados a las multinacionales y por ende, al gobierno de Estados Unidos y de la Unión Europea. Y otro modelo, generado desde las reivindicaciones sociales y políticas de los más humildes, de trabajadores y trabajadoras, de los estudiantes, de los pequeños y medianos empresarios.

Preguntas a futuro hay muchas. Desafíos también. Pero el paro deja unas cuantas certezas.

Aparte de Cuba, nunca se ha dado en el continente un operativo de acoso constante y brutal como el que sufre la Revolución Bolivariana.  A todas las iniciativas intevencionistas y desestabilizantes sucedidas, con más fuerza, después de la muerte (o asesinato) de Hugo Chávez, y que llevó, en varias ocasiones, a poner al país al borde del abismo a nivel económico, en los últimos meses se ha desencadenado una ofensiva diplomática sin límites por parte de la OEA.

Venezuela no es una gran barricada. Tampoco es una multitud que tomó Caracas. Los medios de comunicación mienten. Desde que el jueves pasado comenzó la denuncia mundial por lo que habría sido una auto-Golpe de Estado, la ciudad se ha parecido a sí misma.

El triunfo de Lenín Moreno, derrotando por segunda vez consecutiva al  banquero más grande de Ecuador, Guillermo Lasso, cierra la racha de la derecha latinoamericana y termina con la cháchara de un “fin de ciclo de gobiernos progresistas” en el continente. El pueblo ecuatoriano, aun bajo una sórdida campaña de los medios para intentar denigrar a Rafael Correa y a su gobierno, supo distinguir que entre los dos caminos –el de la continuidad de las trasformaciones realizadas por el gobierno de Alianza País y el retorno neoliberal a manos de un banquero–, escogió la Revolución Ciudadana como el mejor camino para el país.