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Esta es una semana de grandes movilizaciones. Marcharán trabajadores de la educación de todo el país; obreros y empleados de todas las centrales sindicales; mujeres y varones contra la violencia de género y la protección policial-judicial a violadores y abusadores. Y muchos de esos miles, decenas de miles, atentos y vigilantes por la citación a la expresidenta a los impuros estrados de Comodoro Py.

Si el miércoles pasado estampó el inicio y formato de la campaña electoral por parte del Gobierno, mediante el discurso de Macri en el Congreso, la semana que se inicia será probablemente un termómetro social capaz de promover grandes definiciones en la oposición. 

El modelo neoliberal mexicano, vigente en el país desde 1982, ha provocado efectos desastrosos en el grueso de la población. Luego de tres décadas y media de vigencia, el producto por habitante está cuasi estancado, la distribución del ingreso se ha tornado brutalmente desigual y al finalizar 2016, la población que opera en ocupaciones informales (la marginalidad) se acerca a un 60% del total. Y las perspectivas para los próximos dos años son aún peores. En el país, el modelo neoliberal ha perjudicado a la aplastante mayoría. Y de acuerdo a estudios muy serios, ha beneficiado a un delgado 3-5% de la población.

En los países donde el capitalismo más rapiñero y neoliberal ha secuestrado al aparato gubernamental y se ha enquistado dentro del Estado, las “deficiencias” para atender (y entender) las necesidades de la gente han aumentado de manera exponencial, generando inocultables desigualdades y contradicciones. Corporaciones y elites prosperas, cada día más ricas, versus ingentes sectores subsumidos en la miseria, pobreza y exclusión.

Finalmente, reafirmamos nuestro apoyo irrestricto a la República Bolivariana de Venezuela, cuyo gobierno fue legítimamente electo por la mayoría del pueblo venezolano, y, desde esta perspectiva, hacemos un llamado al gobierno de Canadá a alejarse de las políticas intervencionistas de Estados Unidos que pretenden desmantelar los gobiernos progresistas de América Latina y el Caribe, enmarcadas en su estrategia global de auspiciar “guerras por compartimientos” a escala mundial.