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Como están estimados compatriotas. Un saludo fraternal, de hermano a todos; sin exclusiones.

La victoria obtenida por Alianza País en el ballottage del 2 de abril confirma que el pueblo ecuatoriano supo discernir lo que estaba en juego: la continuidad de un gobierno que marcó un antes y un después en la historia contemporánea del Ecuador o el suicida salto al vacío, emulando la tragedia argentina. Lenín Moreno y Jorge Glas representan la consolidación de los avances logrados en numerosos campos de la vida social durante diez años bajo el liderazgo de Rafael Correa; su adversario, Guillermo Lasso, personificaba el retorno de la alianza social que tradicionalmente había gobernado al Ecuador con las desastrosas consecuencias por todos conocidas. Un país con grandes mayorías nacionales secularmente sumidas en la pobreza, con índices de desigualdad y exclusión económica, social y cultural aberrantes. Una nación víctima de la insaciable voracidad de banqueros y latifundistas que saqueaban impunemente a una población que tenían como rehén y que, en su desenfreno, provocaron la megacrisis económica y financiera de 1999. En un alarde de falsificación de los hechos históricos a esa tremenda crisis la denominaron, amablemente, “feriado bancario”, a pesar de que en su vorágine acabó con la moneda ecuatoriana, que fue reemplazada por el dólar estadounidense, y provocó la estampida de unos dos millones de ecuatorianos que huyeron al exterior para ponerse a salvo de la hecatombe.

1.- Chávez decide dar un paso largo: resuelve denunciar al principal responsable de los males de Venezuela y del plan en curso. El 29 de febrero de 2004 –dos días después de iniciarse las guarimbas–, en la autopista Francisco de Fajardo frente al Jardín Botánico, a 2–3 kms de los desmanes en apogeo, cientos de miles de personas escuchan en su regio verbo la definición del signo antimperialista de la Revolución Bolivariana. ¿Por qué lo hace en tal coyuntura?

Una feroz y multimillonaria campaña mediática se empeña en confundir al pueblo, promover la amnesia colectiva y arrastrarlo a votar contra sí mismo.

Escucho a encumbrados dirigentes de movimientos sociales y autoproclamadas fuerzas de izquierda decir que prefieren a un banquero neoliberal.