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Toda constitución es fruto de la correlación de fuerzas de un momento histórico determinado. No solo eso, si no que toda constitución es flexible e interpretable. Si no fuese así, la Constitución de los Estados Unidos no se hubiese mantenido vigente durante 230 años.

De vez en cuando reaparece el ‘Debate’: ¿Existe una filosofía de nuestra América? (1) Un Debate que gira atado a ‘puntos inamovibles’. Chávez ‘en misión insólita’ convulsiona los tiempos. Permite y ordena la relación total del tiempo. Así lo pienso y así lo digo.

De repente los especialistas en encuestas han encontrado en  Brasil una nueva categoría, un nuevo factor que interfiere en las opiniones de las personas. Normalmente  acostumbrados a categorías como el “rechazo”, “simpatía”, “apoyo”, etc., etc, se han encontrado que de repente las personas han pasado a definir sus opiniones en función de una nueva categoría para los especialistas: “saudade do Lula”, echar de menos a Lula.

Los resultados de los nuevos sondeos relacionados al gobierno de Michel Temer y a las elecciones presidenciales de 2018 no llegan a ser sorprendentes. La sorpresa está en los números. Que el gobierno nacido a raíz del golpe institucional del año pasado era mal evaluado por los brasileños era algo sabido. Lo que sorprende es que si en octubre del año pasado 36,7% de los encuestados tenían una opinión francamente negativa del gobierno y 38,9% lo consideraban regular, ahora esos números son, respectivamente, 44,1% y 38,9%. Solamente 10% tienen una opinión positiva.

Sería difícil exagerar la trascendencia nacional e internacional de las elecciones presidenciales que tendrán lugar en Ecuador el próximo domingo. En una nota anterior nos referimos a ellas hablando de una nueva "batalla de Stalingrado" en donde se juega el futuro de los tan hostigados procesos progresistas y de izquierda en América Latina y el Caribe. Una derrota de la Alianza País significaría poco menos que la clausura del ciclo iniciado a fines del siglo pasado. Caída la fortaleza ecuatoriana el cerco se cerraría sobre Bolivia y Venezuela, acosadas por el recrudecimiento de la virulencia de la oposición y, en el caso de la segunda, también por los tremendos efectos de la crisis económica desatada por una perversa combinación de factores locales e internacionales. Y Cuba perdería un gobierno amigo, cosa que no es una cuestión menor para la isla en un escenario internacional como el actual. Por el contrario, una ratificación general del curso político seguido por Ecuador desde la elección del presidente Rafael Correa sería un valioso y oportuno reaseguro para esos países y un significativo aliento para los partidos y movimientos sociales que resisten a la restauración conservadora ocurrida en Argentina y Brasil y para los pueblos que luchan en contra de gobiernos de inequívoco signo neoliberal desde México hasta Chile, pasando por Colombia, Perú y otros países de la región. Sería una muy positiva señal que el tan pregonado "fin de ciclo progresista" esté lejos de haberse consumado y que es, antes que nada, un ardid de la derecha cuyo propósito es muy claro: convencer a los sujetos de la rebeldía ante el orden neoliberal que la batalla ya se ha perdido y que no tiene sentido seguir luchando. Es bien sabido que la victoria en el terreno de las ideas y las conciencias es prerrequisito de la victoria política. Así, la muletilla del "fin de ciclo" es una sibilina forma de promover una rendición incondicional de las fuerzas del campo popular.