Nuestra maquinaria está activa. Listos todos los detalles para garantizar otro triunfo electoral. A lo largo y ancho del país miles de personas están prestas para la batalla en sus múltiples tareas de movilizadores, organizadores o en la defensa del voto en cada mesa electoral. Cada elección es una fiesta. Forma parte de nuestra idiosincrasia, de nuestra cultura, de nuestro ADN como demócratas.

La coyuntura adversa, luego del exiguo triunfo de Macri, la forzada elección de Kuczynski y el subsiguiente golpe contra Dilma Rousseff en Brasil – precedidos por sendos golpes en Paraguay y Honduras -lejos de detener la movilización popular, la ha atizado- Esto augura un ciclo de activo compromiso político ciudadano, que podría resolver una de las principales debilidades de los procesos de cambio: el alejamiento de los funcionarios de la base social. 

Ocurrió lo que se temía en diez años, una crisis en la línea sucesoria del correísmo. No encontrar ni propiciar otro candidato debilitó a AP, a las fronteras políticas que se habían establecido. Lo que se temía ocurrió. Moreno utilizó el apoyo electoral como ventana de oportunidad para acelerar la afirmación de su liderazgo, pospuso promesas de campaña y se acercó a los actores derrotados en las urnas.

En el campo popular se impone el monólogo por sobre el diálogo. Se habla más de lo que se escucha. Persiste el estado de shock frente a la victoria de una expresión conservadora. Una conmoción que inmoviliza, que multiplica las dudas y que le permite al nuevo frente neoliberal avanzar con contrareformas que parecían impensadas años atrás.

Desde aquel nefasto día de junio de 2009 en que el ejército y la policía hondureña, cumpliendo órdenes de Washington, capturaron al presidente Mel Zelaya y se hicieron con el gobierno, la democracia dejó de existir en todos sus aspectos. Uno tras otro, los presidentes que sucedieron a Zelaya (Micheletti, Lobo y el actual Hernández) pueden considerarse como legítimos herederos de esa acción violenta e ilegal contra un gobierno al que el pueblo había votado. 

Frases


“Al imperio no hay que subestimarlo, pero tampoco hay que temerle. Quien pretenda llevar adelante un proyecto de transformación, inevitablemente chocará con el imperio norteamericano”

Hugo Rafael Chávez Frías

Correos del Sur Nº48