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La extrema derecha venezolana ha jugado y apostado todo su capital político a la violencia, en la insensata creencia que un estado generalizado de caos y destrucción, provocará una intervención militar extranjera que desalojará al gobierno del ejercicio de poder obtenido legítimamente por los votos. Esa es la lógica perversa y demente que esta derecha alucinada e irresponsable viene ejecutando desde el año 2013 provocando docenas de muertos y ataques de destrucción selectiva por todos los rincones del país.

El ocaso ideológico político de la derecha está más que demostrado, es la continuidad de la debacle que les acompaña desde que por decisión libérrima del pueblo, asume el Comandante Hugo Chávez la presidencia de la República y a la par la Constituyente da soporte a la aprobación del nuevo texto constitucional de la República Bolivariana de Venezuela; además, la derecha en su impotencia toma el camino de la ultra radicalidad para reafirmarse y mantener una membresía mediatizada y desprovista de criterios y valores doctrinarios de las propias ideas que dicen defender, porque entre ellos, han sido víctimas de sus particulares y genéticas apetencias grupales, así como la endofagia secular y el arribismo interno que les adorna, que en sumatoria son conductas y comportamientos de enfermizo fanatismo burgués que dan al traste con la política con P mayúscula, para orientarse entonces, hacia el fascismo y mirar con desdén e indiferencia las concepciones y los debates políticos y deslizarse en el tremendismo, en el escándalo pero sin proponer nada en concreto y todo ajeno al sentir nacional, a la soberanía y la independencia de nuestra patria, toda su línea discursiva burguesa fascista es hueca, es retórica, reiterativa, orientada y empecinada a dibujar al gobierno bolivariano como felón, violador de los derechos humanos, corrupto. Ironía de la vida, no se miran el origen de sus partidos y en la clase burguesa que los amamantan.

Cuando la ignorancia, la impotencia, la cerrazón, el odio y el resentimiento van de la mano, el resultado es esta imagen que se ha hecho viral en la red de la “pacífica y democrática” oposición venezolana, a la que ese norte violento y brutal manipula cual marioneta de papel.

La secuencia de los acontecimientos que tienen lugar en la República Bolivariana de Venezuela demuestran que la estrategia de la mal llamada “oposición democrática” es una conspiración sediciosa para destruir el orden democrático, arrasar las libertades públicas y aniquilar físicamente a las principales figuras del chavismo, comenzando por el mismísimo presidente Nicolás Maduro, su familia y su entorno inmediato. Los opositores están recorriendo metódicamente los pasos indicados por el manual desestabilizador de “no violencia estratégica” (¡sic!) del consultor de la CIA Eugene Sharp. No puede haber el menor equívoco en la interpretación de las criminales  intenciones de esa oposición y de lo que, si llegaran a triunfar, serían capaces de hacer. Si sus jefes lograsen involucrar militarmente a Estados Unidos en la crisis venezolana propiciando la intervención del Comando Sur –con la tradicional colaboración militar de los infames  peones de Washington en la región, siempre dispuestos a respaldar las aventuras de sus amos del Norte-  arrojarían una chispa que incendiaría la reseca pradera latinoamericana. Las consecuencias serían catastróficas no sólo para nuestros pueblos sino también para Estados Unidos que seguramente cosecharía, como en Girón, una nueva derrota en nuestras tierras. 

Cuando  el Almirante Kurt Tidd,  Jefe del Comando Sur  sin ningún desenfado declara “que la situación en Venezuela podría acabar exigiendo una respuesta a nivel regional” ello aclara cuales son los planes imperiales para Venezuela, la intervención militar, como hubiera dicho mi padre “verde y con punta Guanábana”.