El estado de Río de Janeiro, la segunda principal economía de Brasil, tiene un gobernador, Luiz Pezao, que no controla a la Policía Militar. Casi todos los batallones son comandados por indicados de diputados provinciales que, a su vez, tienen algún tipo de vínculo con criminales. Casi todos reciben coima del narcotráfico. Los mancomunados con los carteles sabotean operaciones de la misma PM, además de frustrar acciones conjuntas con la participación de la Policía Federal, la Policía Civil y las Fuerzas Armadas.