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El ránking de las palabras más usadas en la marcha federal docente fue encabezado por: “gato”, “Carnero” y todas las formas derivadas del verbo “caer”. El discurso del gobierno de Cambiemos, ambivalente y engañador, en onda de máxima zen a pequeño saltamontes, tiene un límite. Cuando se rompe esa cáscara de mentira declarada como absoluta verdad genera violencia. De los falsos llamados al diálogo, al que a veces ni siquiera asistieron los mismos funcionarios que decían convocarlo, el discurso oficial se volvió agresivo contra los maestros y algunos de sus dirigentes. Se hizo persecutorio y macartista e inclusive el gobierno bonaerense mandó policías a las escuelas para hacer listas negras. Se llamó a carnerear y se intentó dividirlos. Hicieron una campaña pública para movilizar “voluntarios” no docentes para carnerear y después ofrecieron plata a los maestros para que traicionen a sus compañeros.

Ni la corrupción ni el narcotráfico, los flujos financieros ilícitos que erosionan los ingresos tributarios de los países tienen como protagonistas excluyentes a multinacionales y grandes empresas locales. A través de los abusos en los precios de transferencia utilizados para las operaciones intrafirma y la falsificación en la facturación del comercio, las principales compañías del mundo evaden 500 mil millones de dólares en impuestos cada año. Mientras que las pérdidas más abultadas se registran en países como Estados Unidos y Japón, las estimaciones realizadas por el instituto Wider, dependiente de Naciones Unidas, revelan que el impacto es más significativo entre los países en desarrollo. En Argentina la pérdida de ingresos fiscales como consecuencia de las técnicas de evasión utilizadas por las grandes corporaciones asciende hasta el 4,42 por ciento del PIB. Zambia, Guyana, Chad, Malta, Pakistán, Islas Comoras y Guinea son los únicos países del mundo donde el fenómeno alcanza o supera a la medida argentina.

Primero salieron funcionarios del área económica adelantando que la recesión había terminado. Después la legión de consultores de la city, algunos con sus jefes en algún cargo en la Nación, Ciudad o Provincia de Buenos Aires y otros actuando de apoyo externo al Gobierno, ratificaron que la caída de la economía había culminado. En esta estrategia de marketing de gestión de gobierno faltaba la confirmación del Instituto Nacional de Estadística y Censos. Ayer el Indec de Macri entregó ese aval esperado. Es necesaria mucha convicción oficialista o todavía padecer las secuelas del trauma de la gestión del Indec del anterior gobierno para avalar el actual manoseo estadístico. La subestimación de los datos económicos negativos es la forma de disfrazar la magnitud de la redistribución regresiva del ingreso. ¿Si la actual conducción dibujó la caída de 6 por ciento en 2009 con el exclusivo objetivo de reescribir la historia del ciclo de crecimiento del kirchnerismo por qué no lo retocaría en 2016 para aliviar al gobierno de Macri?

Aplaudir, aspirar y compartir la posibilidad, inminente o no, de una injerencia extranjera más directa en los asuntos internos de Venezuela no sólo merece que se le condene desde todo punto de vista sino que debe resaltarse como una muestra evidente del colonialismo ideológico de quienes lo hacen.

La embestida contra Venezuela ha tenido hasta ahora patas cortas dentro de la Organización de Estados Americanos (OEA). El bastardo y lacayo en funciones de eso que desde sus comienzos fue bautizado como el ministerio de las colonias de Estados Unidos, Luis Almugre, fracasó nuevamente, pero debemos reconocer que ha sabido ganarse muy bien su sueldo. "Es un simpático y obediente cachorro acostado en la alfombra"* diría Kuczynski.