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La derecha latinoamericana vivió momentos de euforia, con la victoria de Estados Unidos en la Guerra Fría, la desaparición de la URSS, el triunfo de la democracia liberal y del modelo neoliberal. La vieja derecha oligárquica buscaba renovarse con tesis liberales de mercado en contra del Estado, de los partidos y movimientos populares. El neoliberalismo intentaba hacer que la derecha, que siempre había representado el pasado, tratara de aparecer como “lo nuevo”, el futuro, la superación de un pasado donde la derecha se sentía dislocada.

La cruzada contra la corrupción en Petrobras abre las posibilidades de un cambio en Brasil, donde estos ilícitos fueron por años engavetados y silenciados en anteriores gobiernos.

Por esos días, Brasil vivió escenas hasta ahora impensables. Por ejemplo: el director-presidente de la Camargo Corrêa, una de las mayores constructoras de América Latina, Dalton Avancini, se presentó a la policía federal en Sao Paulo. Junto a otros altos directivos de la empresa, fue conducido en un avión de la policía a Curitiba, capital del estado de Paraná, al que todos llegaron presos.

A otro alto ejecutivo del sector, Sergio Mendes Filho, vicepresidente de la Mendes Junior, le pareció que estar preso y viajar en un avión de la policía federal sería demasiada humillación. Prefirió entregarse viajando en su jet particular.

Ya el presidente de la Queirpz Galvão, otra enorme constructora, optó por aguardar uno o dos días antes de entregarse. Para poder reunirse con sus abogados sin ser molestado, se alojó en el hotel Fasano, en Ipanema. La tarifa de mil dólares por día (con derecho a desayuno) no fue un problema. Difícil de entender es que saldría de uno de los hoteles más lujosos del país directamente a una celda colectiva, con cama de cemento y una colchoneta de ocho escasos centímetros de espesor.

No hay cómo negarlo: es el mayor escándalo destapado en la historia reciente de Brasil, un país donde la corrupción integra, desde hace siglos, el cotidiano de la gente. No se sabe a ciencia cierta cuántos miles de millones de dólares fueron desviados, pero no es disparatado mencionar por lo menos cuatro mil millones de dólares.

Cuando la Corte Suprema empiece a convocar a acusados y testigos, se conocerán los nombres de los beneficiados por el esquema. Ya se sabe que al menos 70 fueron denunciados, y que entre ellos hay senadores, diputados nacionales, ministros, gobernadores, ex ministros, ex gobernadores. Las confesiones muestran que todos los contratos firmados por Petrobras en los últimos diez años tenían un margen que oscilaba entre 2 y 3 por ciento para hacer caja de los partidos. Si se recuerda que a partir de 2004 las inversiones de la empresa se multiplicaron a velocidad astronómica, superando los 80 mil millones de dólares, se entenderá que estamos hablando de cantidades siderales.

Conviene advertir que Petrobras, como toda gran estatal, siempre ha sido objeto de negocios oscuros y, a veces, escandalosamente oscuros. Casi siempre las investigaciones se hicieron de manera tardía, y los escándalos terminaron disolviéndose en el tiempo. Ahora se investiga y los resultados son elocuentes.

El tema vuelve reforzado semanas después de que Dilma Rousseff lograra una difícil relección. Frente al escándalo, en algunos centros urbanos, especialmente en Sao Paulo, capital financiera y principal núcleo antipetista del país, se exige a gritos que se tramite el impeachment de la presidenta, o sea, su deposición. Algunas voces van al grano, bramando por un golpe militar.

Más allá del gobierno, es el propio esquema político vigente el que está bajo la lupa. En las recientes elecciones generales las diez empresas que hicieron las mayores donaciones eligieron 70 por ciento de la Cámara de Diputados. Las constructoras (incluso las que ahora podrán realizar juntas de directores no en sus sedes, sino en la cárcel) declararon haber donado unos 18 millones de dólares solamente a candidatos a diputado nacional. La bancada parlamentaria de las constructoras, o sea, los diputados que deben favores a esas empresas, supera la mitad del total de la cámara.

Mientras persistan las donaciones privadas, las elecciones en Brasil serán siempre una especie de ventanilla en la cual las empresas invierten hoy en nombres que podrán transformar en deudores mañana: diputados y senadores, gobernadores y presidentes.br ejecutivos presos

Ese es solamente uno de los problemas que salta al ruedo en ese escándalo. Pero hay otros. Por ejemplo: de momento, se investiga a Petrobras, la mayor empresa latinoamericana que realiza las mayores inversiones de la región. Pero, ¿y cuándo se investigue lo que pasa en las demás estatales, en gobiernos estatales y municipales? Al fin y al cabo, como dijo uno de los abogados de los presos, “en este país no se pone un solo adoquín en una calle sin pagarle comisión a alguien”.

Ahora hay que ver hasta cuándo las investigaciones retrocederán en el tiempo, o si se limitarán a las presidencias del Partido de los Trabajadores.

El objetivo final de la oposición es llegar a Lula da Silva en primer lugar, y a Dilma como consecuencia. Para que la estrategia resulte, están dispuestos a cualquier cosa. La gran pregunta que hacen es la siguiente: ¿cómo sería posible que todo eso ocurriese sin que Lula ni Dilma se dieran cuenta?

Se olvidan, desde luego, de dos aspectos esenciales. Primero: la corrupción no empezó ahora. Lo que sí empieza es la determinación de investigar lo que pasa.

Segundo aspecto: si se avanza en el pasado, nadie escapará de escándalos igualmente sonoros.

De todas formas, nunca antes corruptores tuvieron el mismo destino –la cárcel– que los corruptos. Y aunque todo eso no dure más que una quimera, al menos se establece un antecedente.

Es muy fácil pecar de ingenuidad, pero existe la sensación –por fugaz que sea– de que algo importante podrá cambiar en este país.

Fuente: SurySur

Las grandes mafias mediáticas nacionales e internacionales y su clase política burguesa no pierden oportunidad para hacer lo que mejor saben hacer: jugar sucio y manipular las informaciones para crear una falsa percepción de la realidad venezolana, de forma que permita condicionar la psiquis del pueblo en favor de sus intereses políticos de cara a las elecciones parlamentarias del próximo año (2015).

¿Dónde fue a parar la ética profesional de los periodistas y de los políticos burgueses?

Para la burguesía, la “ética” siempre ha sido un falso código, una expresión hueca, maleable y poco rentable si no sirve a sus propósitos. La burguesía conoce bien el poder de influencia de sus medios de difusión de informaciones, capaces de crear falsas realidades y masas enfermas disociadas dispuestas a creer ciegamente cualquier mentira, por más absurda que sea, o incluso, dispuestas a servir de carne de cañón en acciones violentas. Los falsos valores y la poca seriedad periodística de los medios de la burguesía son inútiles para la burguesía si estos no benefician a sus propósitos políticos.

Los medios privados tienen que vender la matriz de opinión que más convenga a sus patronos y su clase política. Ello explica que los logros políticos y sociales de la Revolución Bolivariana no sean noticias en esos medios.

Es fácil avistar la parcialidad política de los medios privados. Para éstos, en Venezuela no existe ninguna guerra económica; el contrabando tampoco existe; el asesinato del diputado Robert Serra fue por luchas internas de poder; y todo lo que sucede en el país (así como la escasez de algunos productos, la especulación, el acaparamiento, la corrupción, la delincuencia, etc.) es responsabilidad exclusivamente del gobierno, etc.

Los medios y la clase política no sienten vergüenza por sus descaradas mentiras y por la sembrar intrigas. Es precisamente ésa la ética que defienden.

Nos dicen también que “las restrictivas políticas económicas del gobierno impiden al mercado regular la economía y solucionar todos los problemas económicos del país”. De ésta manera ocultan al verdadero responsable: a la burguesía parasitaria-rentista-importadora venezolana, al tiempo que dicen “el socialismo ha fracasado”, cuando lo que realmente ha fracasado en el país es el capitalismo rentista-petrolero.
Para las mafias de las comunicaciones “los fines justifican los medios”, por más falsos y perversos que estos sean.

Las mafias mediáticas privada y la clase política de la burguesía venezolana se han adelantado al juego, y desde muy temprano le han declarado la guerra al pueblo y a la Revolución con vista a las elecciones parlamentaria. Ahora calculan bien sus pasos. Lo que no pudieron hacer mediante el golpe de Estado de 2002, el sabotaje petrolero de 2002-2003 y los innumerables intentos de magnicidio y de provocar una guerra civil, ahora lo intentaran por la vía de un golpe parlamentario. Ellos han manifestado abiertamente que, de obtener la mayoría parlamentaria en 2015, derrocarán “legítimamente” al presidente Nicolás Maduro y convocaran una nueva Constituyente para desmantelar todos los avances en materia de leyes y conquistas sociales de los últimos 15 años.

Reza un dicho popular que “guerra avisada no mata soldados”.
Es momento de convocar a la unidad de todas las fuerzas revolucionarias. Es momento de arreciar la batalla contra la desinformación mediática; es momento de la batalla de las ideas, de los valores y de la ética socialista; es momento de arreciar en la batalla contra el contrabando, la especulación, la escasez, la corrupción infiltrada.

La burguesía se burla del pueblo y del gobierno revolucionario porque se creen intocables por la justicia. Conoce la debilidad del Estado burgués y del sistema judicial. La burguesía prepara más acciones desestabilizadoras, más guerra mediática y más guerra económica de cara a las parlamentarias de 2015. Buscará generar más escasez y especulación porque entiende que obtendrá más provecho político.

¿Qué hará el gobierno y el sistema judicial al respecto? La clave reside en la justica. Cuando el burgués mediático-manipulador, especulador, acaparador, contrabandista sienta el mazo de la justicia, comenzará a respetar al pueblo y habremos recuperado terreno en la batalla.

Más que logros revolucionarios (en vivienda, salud, vialidad, productos básicos, etc.), el pueblo venezolano quiere justicia; quiere ver las caras de sus enemigos burgueses atrapados en actos delictivos. El pueblo quiere verlos en presión y que recaigan sobre ellos las más duras condenas y que sus bienes mal habidos les sean confiscados por el Estado.

El pueblo quiere saber qué se inventaran los medios privados y los políticos burgueses para defender lo indefendible.

Fuente: Aporrea

Probablemente la oligarquía venezolana, intelectualmente hablando, sea la más mediocre de todas las oligarquías latinoamericanas caribeñas. Y la razón no es otra que por ser “maiamera”.

Las clases dominantes suramericanas siempre respondieron a los parámetros clásicos de la colonización cultural impuesta por el imperialismo de turno. Pero aun así, se fue dando una suerte de acumulación y distribución de las influencias colonizadoras en áreas específicas.

Lo español, la hispanidad, se instaló en la religiosidad y las tradiciones; lo francés, italiano o alemán en lo literario, artístico y filosófico; y lo inglés en lo económico, científico o tecnológico.

Pero en Venezuela esos parámetros escasamente funcionaron.

A partir de la explotación petrolera de comienzos del siglo XX, la influencia estadounidense sobre las clases dominantes venezolanas fue absorbente. Se conformó así una oligarquía parasitaria, intermediaria, sin raíz cultural, arribista y absolutamente sumisa al poder imperialista yanqui. Y como referencia de su metrópolis tomó como modelo la también desarraigada ciudad de Miami.

El “maiamero” venezolano –una mala imitación del “gusano” cubano–, desvaloriza categóricamente el arte, la inteligencia, la solidaridad y la virtud. El “maiamero” es “bruto” por excelencia, frívolo, mediocre, egoísta, banal… Su mayor expectativa la vuelca hacia la moda, el lujo, los automóviles caros, las joyas, los yates.

Un oligarca venezolano “maiamero” es un imbécil con poder, lleno de resentimiento y odio. Para él es una desgracia haber nacido en un país de la “periferia”; y si el personaje en cuestión no es de piel del todo blanca, la desgracia es aún mayor.

Un oligarca venezolano “maiamero” es un ser despreciable, pero a la vez, es un personaje sumamente peligroso.

Su discernimiento no le alcanza para darse realmente cuenta de cuál es el verdadero rol que le asigna el imperialismo. No es socio de él y la más de las veces es empleado o representante de alguna firma estadounidense. Solo eso, pero también más que eso; el oligarca venezolano “maiamero” es, por excelencia, un esbirro.

Fuente: Correo del Orinoco