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  • Las recientes amenazas y constreñimientos a la población campesina de la Gabarra (Norte de Santander) por parte de grupos paramilitares viene generando preocupación, temor, angustia  en toda la población del Catatumbo y la zona de frontera, ante posibles incursiones similares a la masacre de la Gabarra de 1999.

El Salvador conmemora en estos días más de dos décadas de la firma de la paz: una gesta que todavía provoca esperanza en su pueblo y en las naciones del mundo que aún enfrentan conflictos armados. Sí, es cierto: la guerra se acabó. El Acuerdo de Chapultepec calló las armas e hizo posible la difícil, casi traumática, convivencia de dos proyectos políticos y dos visiones del mundo radicalmente distintas, pero la guerra continúa.

En la cláusula sobre una solicitud de adopción en 1946 donde se describía al niño deseado, una mujer de Petah Tikva que había venido a este país desde Alemania escribió: “Ashkenazi o ligeramente yemenita”, y también pidió que el niño tenga una “veta artística”. Una pareja en la que el hombre de Polonia y la mujer de Austria señalaron en su solicitud que buscaban “una niña sana, una huérfana”, añadiendo, “si es posible, de Europa occidental”. En 1947, un carpintero de Rodas y su esposa nacida en el país, pidieron una niña de origen sefardí. Unos años más tarde, en 1955, una nueva inmigrante de Austria que trabajaba como enfermera jefe en un hospital de Tel Aviv escribió: “Un niño, no de las comunidades mizrahíes”. Sin embargo, su esposo escribió que estaba “preparado para aceptar alguna oferta”.

A veces las tragedias resultan en escenas insólitas. Por ejemplo: la foto que registra la presencia de Michel Temer y algunos de sus compañeros del gobierno surgido a raíz del golpe institucional que liquidó con el mandato de la presidenta Dilma Rousseff prestando homenaje a Teori Zavascki, magistrado del Supremo Tribunal Federal muerto en un accidente aéreo el pasado jueves. Todos ellos con el muy compungido y solemne aire de profunda tristeza, como corresponde a ese tipo de ceremonia. Todos ellos ocultando ferozmente el alivio que esa muerte significa.

El 5 de enero de 2017 el ciudadano Diego Catalán, cabo primero de las Fuerzas Especiales de Carabineros prometió solemnemente ante un Tribunal de Garantía decir toda la verdad y nada más que la verdad. Y luego mintió.