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Las potencias neoimperiales del siglo XXI, comúnmente denominadas por la jerga dominante como “Occidente” (o más bien accidente o catástrofe histórica), tienen impregnado en todo su metabolismo los genes guerreristas de la muerte, heredados de las actuaciones coloniales de sus antepasados que privilegiaban el gusto por el cañoneo disuasivo más que por la diplomacia y la paz. Increíblemente ligeras e irresponsables a la hora de declarar guerras, bombardear e invadir países, luego se esconden cabizbajos ante la magnitud de la tragedia social y humana que sus acciones injerencistas generan. Por cierto, que luego del desastre, de las matanzas, no asumen en lo absoluto ninguna responsabilidad y mucho menos demuestran arrepentimiento o compasión ante las muertes causadas.

Como en el archífamoso relato de Augusto Monterroso, El Dinosaurio (“Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”), ellos, los refugiados, también todavía están allí. Las barcazas corroídas y lanchas atiborradas de desangelados ya son una postal constante en el Mediterráneo, la que durante mucho tiempo nadie podrá olvidar y, a pesar de cualquier intensión por hacerlo, seguirá allí.

El régimen autoritario que ya tenemos se encuentra en transición hacia un sistema "totalitario", que no solamente reprime marchas, censura periodistas y roba elecciones, sino que también se entromete en la vida privada de todos y cada uno de nosotros, con el fin de controlar la totalidad de la vida pública y privada de los ciudadanos.

Además de las acusaciones a grandes líderes populares latinoamericanos como Lula y Cristina de supuesto involucramiento con casos de corrupción, para intentar pasar la idea de que todos los políticos son corruptos, otras acusaciones, igualmente significativas, intentan criminalizar los actos de gobierno.

El caso Odebrecht ha vuelto a colocar en el primer plano de la escena pública el tema de la corrupción. Alrededor de éste, y condicionada por las matrices de opinión hegemónicas, vemos cómo se configura una suerte de cruzada moralizadora que prescinde de la historia y destierra la dimensión política del debate. Todas las expresiones de la vida política manifiestan su rechazo visceral, con voces que se replican airadas y escandalizadas.

Frases


"Nunca pensé que poner un plato de comida en la mesa de un pobre generaría tanto odio de una élite que se harta de tirar comida a la basura todos los dias"

Lula Da Silva

Correos del Sur Nº33