El 25 de mayo de 2003 lo conocí personalmente. Treinta años después de haber estado en la misma plaza festejando el fin de la dictadura y la asunción de Cámpora, hablaba mano a mano con Fidel Castro, la noche que mi compañero asumía como Presidente de la Nación.

La muerte de Fidel Castro, previsible por su enfermedad avanzada y nueve décadas de edad, nos obliga a asumir la cantidad de transformaciones históricas ocurridas en nuestra América y en el mundo en los últimos 60, 70 años. Sin dudas, la Revolución Cubana dividió la historia de nuestro continente en un antes y un después.

Durante los últimos días pudimos leer un sinfin de crónicas y notas de opinión en relación al sensible fallecimiento de Fidel Castro Ruz. El personaje en cuestión, enorme por su accionar y sus ideas, cambió el rumbo de América Latina. Y eso amerita que existan diversos balances, en su gran mayoría -hay que decirlo con claridad- favorables a su legado, a su obrar político: popular, transformador, hereje, subalterno, plebeyo. 

Fidel se ha vuelto sinónimo de Revolución, desde aquellas primeras fotos de unos barbudos que habían tumbado un dictador en el ya lejano año de 1959. En América Latina, para quienes la revolución era un fenómeno distante en el tiempo —algo que acaeció en Rusia y China con Lenin y Mao—, Fidel planteó para nosotros y para tantas generaciones la revolución como actualidad, evidenció que la revolución era posible aquí mismo, en nuestro continente.

Fidel se nos ha ido de pronto, y ya lo estamos extrañando, porque nada será igual sin él. Creíamos, muchas veces lo pensamos en los rincones más inhóspitos de las cárceles, en las cloacas de las peores torturas, o en los días más difíciles de nuestras luchas, que Fidel estaba con nosotros, alentándonos, acompañando las peores dificultades. Sus ideas revolucionarias y socialistas, su ejemplo de combatiente y estratega, su incomparable sapiencia a la hora de emprender las más difíciles luchas. Siempre Fidel estaba presente, con su uniforme verde oliva, con su fusil levantado en alto, empuñado con vigor y dispuesto a seguir siempre pa’lante.

Frases


"Nunca pensé que poner un plato de comida en la mesa de un pobre generaría tanto odio de una élite que se harta de tirar comida a la basura todos los dias"

Lula Da Silva

Correos del Sur Nº41