¿Debe quién no es un experto en cuestiones económicas y sociales opinar sobre el socialismo? Por una serie de razones creo que si.

Pregunta rutinaria que repiten una y otra vez los medios de comunicación de carácter corporativo, como parte de la manipulación mediática con la que adormecen a las masas amorfas. Falacias que son hoy por hoy el brazo armado del neoliberalismo impulsado post dictaduras, como modalidad del capitalismo añejo de siempre. A la cabeza un periodismo fraudulento de quienes se venden con la urgencia de la infamia. Lo secundan atentos quienes solapan con el silencio, desde la comodidad del desfalco, el beneficio del abuso, el clasismo, el racismo y la exclusión.

La dirigencia opositora, al igual que la mayoría de sus seguidores en Venezuela, se ha caracterizado -durante 17 años ininterrumpidos, desde el instante que Hugo Chávez fuera proclamado Presidente de la República y comenzara a definir un novedoso proyecto de revolución bolivariana socialista en Venezuela- por ser gente que utiliza con frecuencia el miedo, el insulto y la violencia (especialmente por las redes sociales, con apoyo de algunos grandes medios nacionales e internacionales) como mecanismos para alcanzar sus propósitos políticos. En la actualidad, pocos dudan que sus consecuencias se articulan en una ideología de odio, e innegablemente contradictoria, gracias a la cual ha sido capaz de exteriorizar su total alienación, subordinación al imperialismo yanqui y resentimiento de clase, sin tapujo alguno, invocando razones que, en gran medida, lucen poco menos que absurdas y/o incoherentes, procurando convencer al mundo que éstas se hallan enmarcadas en un proyecto de altos quilates democráticos, destinado -en apariencia- a mejorar las condiciones de vida de toda la población venezolana.

Todo gran avance de la izquierda en el plano político fue antecedido de conquistas en el plano de las ideas. El precepto gramsciano, retomado con fuerza por Álvaro García Linera, permite entender cómo fue posible el periodo de gobiernos posneoliberales en América Latina, así como su crisis actual.

Ángel Arcos Bergnes relata en el capítulo 15 del libro “Evocando al Che”, lo expresado en una reunión por el Comandante y entonces Ministro de Industrias, Ernesto Che Guevara, en relación a las cualidades a tomar en cuenta para ser militantes del Partido Unido de la Revolución Socialista de Cuba (PURSC): “Señores, los buena gente no son buenos revolucionarios. Los buena gente, señores, son los que dejan hacer y deshacer, los que no exigen, los que no discuten los problemas, los que no controlan, los que no depuran las responsabilidades, los que les importa lo mismo cumplir como no cumplir, los que no les duelen los problemas, los que no les duele el hígado cuando algo sale mal, los que no chocan con lo mal hecho; ésos, señores, son los buena gente. Y los revolucionarios son los que al revés de los buena gente, discuten, controlan, depuran, cumplen, tienen responsabilidad, sensibilidad, les duelen todos los problemas y cuando ven algo que no está bien hecho les duele el hígado, esos, señores son los revolucionarios”. Es raro que muchos de los nuevos revolucionarios tengan presente esta realidad en su accionar cotidiano y traten de no parecerse demasiado a lo que Che llamara “buena gente”, pero más paradójico aún es que esta “buena gente” sea la encargada de representar, definir y conducir una revolución desde las instancias de gobierno que ocupa.

Frases


"Nunca pensé que poner un plato de comida en la mesa de un pobre generaría tanto odio de una élite que se harta de tirar comida a la basura todos los dias"

Lula Da Silva

Correos del Sur Nº46