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30/03/24
Obsolescencia y escasez de todo: los problemas del ejército español
Por Jose Luis Sanchez Mela

La defensa en España ha sido desde hace décadas una asignatura pendiente. Para los decisores políticos y una parte importante de la población, la defensa se ha reducido a los desfiles en fechas señaladas y la participación de pequeños contingentes en misiones internacionales o humanitarias. Si bien la guerra de Ucrania ha supuesto un despertar para toda Europa en lo que respecta al tema militar, es necesario preguntarse cuál es el estado de las Fuerzas Armadas españolas.

El contexto actual
Entrar a valorar la compleja realidad política y social española sería una ardua tarea que merecería un artículo aparte. Sin embargo, resulta crucial destacar que España ha enfrentado una situación político-económica delicada durante años, marcada por movimientos independentistas, divisiones internas y múltiples crisis económicas. Esto ha llevado a que los gobiernos españoles se concentren principalmente en asuntos internos. No obstante, en los últimos años, ha habido un cambio en esta dinámica, con un mayor énfasis en los asuntos internacionales, lo que ha llevado al gobierno a otorgar mayor importancia a la política exterior.

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Por otro lado, la sociedad española no veía como algo factible que sus Fuerzas Armadas (FFAA) se vieran implicadas en un conflicto armado más allá de la participación en misiones internacionales y humanitarias, como puede ser la aportación en la Fuerza Interina de Naciones Unidas en Líbano (FINUL). Esta percepción ha resultado en la ausencia de una estrategia clara en el ámbito internacional por parte de España, lo cual ha tenido graves repercusiones en su capacidad de defensa.

Desde el punto de vista geográfico, España ocupa una posición estratégica fundamental, ya que el ubicarse en la península Ibérica implica dominar uno de los puntos neurálgicos del comercio internacional: el estrecho de Gibraltar. Además, Madrid ha mantenido el control de las ciudades de Ceuta y Melilla en el norte de África durante siglos, lo que le confiere una presencia sólida en la región. Asimismo, las Islas Canarias, bajo soberanía española, son ricas en recursos naturales estratégicos. No obstante, la falta de una visión estratégica ha impedido que se aprovechen plenamente estas circunstancias.

Es crucial considerar que el Reino de Marruecos ha presentado reclamaciones territoriales sobre Ceuta, Melilla y las Islas Canarias, lo que podría potencialmente desencadenar un conflicto con el país vecino en el futuro. Aunque hasta ahora esta posibilidad parecía remota, el incremento de la tensión internacional y el aumento de conflictos armados han provocado que surjan voces dentro del ejército español que alertan sobre el riesgo de una confrontación convencional con Marruecos. Entre estas voces destacadas se encuentra la del antiguo Jefe del Estado Mayor de la Defensa española (JEMAD), el teniente general Fernando Alejandre, que califica a Marruecos como una amenaza “directa”.

La defensa española, asimismo, enfrenta una carencia crítica de inversión. En las últimas tres décadas, los países europeos han reducido sus Fuerzas Armadas, y España no es una excepción. La importancia atribuida a la defensa ha disminuido tanto en la sociedad como en la clase política europea, lo que ha resultado en una reducción progresiva de la inversión en este ámbito.

Además, muchos Estados miembro han delegado su protección en Estados Unidos, una dinámica que comenzó a cambiar durante el mandato de Donald Trump (2016-2020). Trump expresó fuertes críticas hacia el estado de la defensa europea y presionó para que los países cumplieran con el compromiso de destinar al menos el 2% de su PIB para el presupuesto militar. En caso de que el candidato republicano resulte reelegido en las elecciones de 2024, es altamente probable que Washington reduzca significativamente su presencia en el continente, ya que considera a China, y no a Rusia, como el principal rival geopolítico.

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En lo que respecta a España, en algunas ocasiones incluso se llegó a plantear que el gasto en defensa era inútil y que los recursos que se invertían estarían mejor destinados en otro ámbito, lo que popularmente se conoce como el dilema de los “cañones o mantequilla”. La delicada situación económica tampoco ha ayudado, ya que ha encadenado una crisis tras otra desde 2008 y “nunca era el momento” apropiado para invertir en defensa a pesar de las sangrantes pérdidas de capacidades. No obstante, y al igual que ha ocurrido en el resto de Europa, la guerra de Ucrania y la posibilidad de que Trump vuelva a la Casa Blanca han llevado a Madrid a incrementar sus presupuestos castrenses, comprometiéndose a alcanzar una inversión mínima del 2% del PIB para 2029.

Problemas del ejército español
Uno de los grandes desafíos que enfrenta el ejercito español es la escasez de municiones. Como consecuencia de la reducida inversión, los almacenes se han quedado prácticamente vacíos. La falta de municiones se ha convertido en un problema que amenaza seriamente la capacidad operativa y de disuasión de las FFAA. Por poner un ejemplo significativo, España no llega a juntar 50 misiles de crucero Taurus, lo que implica que en caso de conflicto apenas tendría la capacidad de golpear objetivos enemigos en profundidad. Otro ejemplo destacable es la carencia de algo tan básico como la munición de fusil y ametralladora. La situación ha llegado a una situación tan crítica que el gobierno ha tenido que lanzar licitaciones de varias docenas de millones de euros para comprar munición y poder crear un stock aceptable.

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No obstante, la munición no es lo único que escasea en el ejército español. El déficit de piezas de repuesto ha dejado centenares de sistemas de todo tipo, desde blindados hasta buques y aviones, completamente inoperativos. La propia ministra de Defensa, Margarita Robles, llegó a afirmar que la reserva acorazada española, que estaba compuesta por 50 carros Leopard 2A4, se encontraba en un “estado lamentable”.

Por otro lado, España enfrenta una carencia crítica de sistemas de armamento, y muchos de los existentes son obsoletos, algunos incluso superando su vida útil. A continuación, se detallarán algunos ejemplos para ilustrar la magnitud de esta situación, la cual ha generado dudas respecto a las capacidades militares españolas.

En el Ejército de Tierra, la infantería mecanizada opera varios tipos de blindados, siendo el más moderno el ASCOD Pizarro, un Vehículo de Combate de Infantería (VCI) introducido hace más de 20 años. Sin embargo, la artillería, que desempeña un papel crucial según lo evidenciado en conflictos recientes como el de Ucrania, continúa utilizando el obús autopropulsado M-109 de origen estadounidense, que fue adquirido en 1970. Además, el Ejército de Tierra cuenta con un regimiento de lanzacohetes que ha carecido de lanzacohetes desde 2011, tras la baja de los Teruel. Esta situación está destinada a cambiar con el desarrollo del programa SILAM.

La Armada emplea los veteranos Harrier en su ala embarcada, aeronaves que debutaron alrededor de 1970, y hasta el momento de redacción de estas líneas el Ministerio de Defensa aún no ha anunciado ningún plan respecto a la adquisición de los F-35B necesarios para sustituirlos. Por otro lado, la flota submarina española ha debido operar durante años con los antiguos S-70 mientras espera a la entrada en servicio de los submarinos S-80. En la actualidad, el S-81 Isaac Peral aún se encuentra en las etapas finales de pruebas, lo que significa que la flotilla submarina española sigue dependiendo del Galerna, un submarino de la serie S-70 con más de cuatro décadas de servicio.

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El Ejército del Aire y del Espacio hace uso de los F-18, aeronaves que se acercan a las cuatro décadas de servicio y cuya necesidad de reemplazo se vuelve cada vez más urgente. Aunque se han adquirido Eurofighters adicionales para sustituir parte de estos F-18, es evidente que el Ejército del Aire aspira a incorporar los F-35A. Esta compra posibilitaría que España cuente con una fuerza aérea avanzada equipada con cazas de 5ª generación dotados de capacidades furtivas, una necesidad imperativa para las Fuerzas Armadas españolas si desean mantener estándares de calidad acordes a las expectativas de un ejército de la OTAN en un entorno internacional cada vez más militarizado y hostil.

Si bien hay varios programas de armamento en curso para abordar estas deficiencias, actualmente las Fuerzas Armadas españolas se ven obligadas a operar con equipamiento obsoleto hasta que los nuevos sistemas comiencen a estar disponibles. Sin embargo, algunos de estos programas están envueltos en polémica, como es el caso del conocido blindado VCR 8×8 Dragón, que ha experimentado continuos retrasos y sobrecostes.

Falta de personal y sistemas
Al igual que en otros países europeos, España había llegado a considerar que las guerras convencionales eran algo del pasado, razón por la cual el tamaño de sus Fuerzas Armadas se ha reducido gradualmente. Como consecuencia, el ejército español está configurado para desplegar pequeños contingentes destinados a misiones humanitarias o para participar en coaliciones internacionales. Sin embargo, carece de la capacidad para desplegar y sostener grandes unidades de manera prolongada.

En la actualidad, el ejército español cuentan con poco más de 120.000 efectivos, mientras que la Ley de la Carrera Militar establece una horquilla de entre 130.000 y 140.000 efectivos profesionales. Esta carencia de recursos humanos ha generado una sobrecarga significativa en una parte importante del personal, que se ve obligado a asumir responsabilidades adicionales fuera de sus funciones habituales. La escasez de pilotos, marineros, personal especializado e incluso soldados de infantería ha llevado a las Fuerzas Armadas a una situación crítica, requiriendo al menos 20.000 efectivos adicionales para paliar esta situación. Además, los bajos salarios han contribuido a la falta de personal veterano, ya que muchos soldados optan por unirse a las Fuerzas de Seguridad al finalizar sus compromisos, donde pueden recibir hasta 1.000 euros más al mes.


La situación en cuanto a los sistemas de armas tampoco es alentadora. Por ejemplo, la Armada tenía previsto reducir su flota de submarinos de 8 a solo 4 unidades a finales de la década de 1990, lo que supondría una disminución del 50% en el volumen de su fuerza submarina. En cuanto a la flota de superficie, se llegó incluso a considerar dejar a la Armada con solo 10 fragatas y un único Buque de Proyección Estratégica (LHD).

Sin embargo, el reciente aumento en el presupuesto ha llevado a la Armada a solicitar un incremento en el número de efectivos, lo que presumiblemente se cumplirá, permitiendo que la marina española cuente con al menos 6 submarinos y 12 fragatas. No obstante, estas cifras siguen siendo muy modestas si se comparan, por ejemplo, con el ambicioso plan de la marina Italiana, que prevé contar con 19 fragatas, 2 destructores, de 8 a 12 submarinos y 2 “portaaviones” para la década de 2030.

Además, las cifras en cuanto al material terrestre, especialmente a la luz de lo observado en Ucrania, son preocupantes: 327 carros Leopard 2 –ahora menos si se considera que 10 fueron enviados a Ucrania–, menos de 100 piezas de artillería autopropulsada y menos de 150 piezas de artillería de campaña. Aunque esta cantidad de material podría ser suficiente para conflictos de baja intensidad y operaciones no convencionales, resulta insuficiente para ejercer una disuasión efectiva en el entorno actual. Para alcanzar tal capacidad de disuasión, se requiere una inversión significativa, tal como ha señalado el Almirante General Teodoro López, actual JEMAD.

Un largo camino por recorrer
El reciente aumento del presupuesto, aunque finalmente aprobado, ha estado rodeado de controversia y ha generado ciertas tensiones dentro del gobierno de Pedro Sánchez. Es importante destacar que el actual gobierno español es una coalición que además cuenta con el apoyo de otros partidos fuera de dicha coalición. Esta configuración, lógicamente, dificulta considerablemente la aprobación de leyes y presupuestos.

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A nivel social, ya hamo señalado que la falta de percepción de grandes amenazas externas había relegado la defensa a un papel secundario dentro de la política española. En ese contexto, plantear un aumento significativo del presupuesto de defensa no era una opción viable debido al posible costo electoral que ello implicaría. Sin embargo, según un estudio publicado por el Real Instituto Elcano en junio de 2022, se ha producido un cambio radical en esta situación. Actualmente, la percepción de amenazas ha aumentado notablemente y, según el informe, una mayoría de la población está a favor de incrementar el presupuesto militar, no solo en España, sino en toda Europa.

En este escenario, el aumento de la inversión ha dado lugar a numerosos programas de modernización, compras significativas de munición, la recuperación de capacidades e incluso se ha comenzado a considerar un aumento en el tamaño de las fuerzas. Sin embargo, es importante recordar que este proceso de rearme no es inmediato y que, al igual que en otros países europeos, llevará años recuperar las capacidades perdidas y restaurar la disuasión en un entorno internacional cada vez más tenso, militarizado y hostil.

Fuente:
descifrandolaguerra

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