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Perú, elecciones del domingo 11, una propuesta de Soberanía y Reconciliación Nacional

Por Luis Varese

En estas y en las próximas elecciones, los peruanos deberemos fortalecer un programa de izquierda que represente una alternativa al neoliberalismo y una opción de construcción de futuro para los próximos decenios.

Este artículo está dedicado a Manuel Dammert, compañero ético quien dedicó toda su vida a la defensa de los desposeídos, al Perú y a la Patria Grande.

El domingo 11 de abril se realizarán elecciones presidenciales y para congresistas en el Perú. La única opción de defensa de los intereses nacionales y que nos puede llevar a un acercamiento distinto, a la celebración del Bicentenario de la Independencia, es la candidatura de Verónika Mendoza. Los otros candidatos son el triste remedo de personajes que han denigrado la política, hasta convertirla en profesión de viles mafiosos al servicio de las grandes empresas o peor aún del narcotráfico. Incluyo entre ellos al intelectual heraldo de la derecha más incompetente, Hernando de Soto,  quien muy suelto de huesos sigue invocando a la informalidad y al libre mercado como la solución económica para el país, cuando el mundo entero cuestiona ya el neoliberalismo y el libremercadismo a ultranza, tal como él lo proclama.

La Soberanía y la Reconciliación deben ser el proyecto nacional para El Bicentenario

La reconciliación significa el proceso de aceptación de los errores y poner por encima la solidaridad, antes que la codicia, el amor a la Patria antes que la cuenta bancaria, la vida colectiva, antes que la supervivencia individual. ¿Es muy difícil, es mucho pedir? Es la forma de salvarnos como Nación, como especie, como humanas y humanos.

Este proceso debe pasar por varios elementos de cambio en las relaciones sociales, económicas y políticas, de nuestro país.

Con la derrota de la lucha armada, y en manos del ex agente de la CIA Vladimiro Montesinos y del ex presidente Alberto Fujimori, Perú se volvió el campo de experimentación más exitoso del neoliberalismo salvaje. Esto transcurre gracias a personajes tristes que en esta última etapa se inician con el felón General EP, Francisco Morales Bermúdez y continúan hasta nuestros días.

Hay dos grandes momentos en los últimos 50 años de historia. El primero el Gobierno revolucionario de la Fuerza Armada, dirigido por el General Juan Velasco Alvarado. Ese proceso transformó al país, lo modernizó, liberó al agro de estructuras feudales, modernizó el concepto de la industria y redistribuyó la riqueza, generando copropiedad y liberando al país de la bota opresora de las grandes empresas transnacionales. Devolvió el concepto de Soberanía como derecho de todos los ciudadanos a ser copropietarios del país y como si fuera poco, abrió las puertas a una prensa en manos de patriotas, redes campesinas, obreras y barriales. Reconoció el Quechua como lengua oficial, dándole el espacio que debería tener hasta hoy.

La desgracia cayó sobre este proceso con la enfermedad del General Velasco y la no apropiación de todo el proceso por los mayoritarios sectores de la fuerza armada.

El segundo momento que marca la historia, es la lucha por el poder por la vía armada, que desarrollan Sendero Luminoso y el MRTA. Esta etapa cuesta 65 mil muertos, miles de desaparecidos y presos políticos. El enfrentamiento llega a un equilibrio estratégico con Lima cercada por Sendero y abastecida por mar. Sendero tiene su derrota principal en utilizar el terrorismo como principal forma de lucha militar y el violar un principio fundamental del maoísmo que es, no resolver las contradicciones en el seno del pueblo por la vía militar. Es decir no ajusticiar a los que discrepan con la “línea del partido”. Sendero elimina dirigentes populares y utiliza a la población civil como objetivo militar. El MRTA requiere de un análisis diferente en su intento insurgente.

Al triunfar el fujimorismo, recibió la potestad de instalar el más descarnado neoliberalismo y libremercadismo que se conozca en América, incluyendo Estados Unidos y Canadá.

Ante todo ello y las próximas, cercanas elecciones, los peruanos deberemos fortalecer un programa de Izquierda que represente no solamente una alternativa al neoliberalismo, sino una opción de construcción de futuro para los próximos decenios. Opción donde mujeres y hombres, jóvenes peruanos, se sientan representados y que a la vez nos permita encontrar un camino de Patria y Soberanía como un eje de construcción que contadas veces en nuestra historia existió.

Un Perú sin discriminación racial y con armonías propias y diversas que respeten nuestras culturas, pueblos y nacionalidades. Este debe ser nuestro compromiso para el Bicentenario. Se ve distante, pero no se debe pensar imposible.

Soberanía nacional

La soberanía nacional parte por entender que la Patria es el conjunto de las personas y nacionalidades que habitan en el territorio trazado por los límites que tenemos acordados con nuestros vecinos. La Patria son, por supuesto, los recursos naturales desde el mar hasta la Amazonía, esto incluye el agua, el aire, la naturaleza que nos rodea, el biosistema.

La soberanía, entendiendo a la Patria como decimos, es la defensa integral de ella, sus habitantes, sus culturas, sus recursos. Este marco debe ser ubicado dentro de la globalización y los esfuerzos para dar una respuesta antineoliberal (ya que el neoliberalismo es lo que nos lleva a este desastre mundial).

Para ello no hay mejor opción, que actuar en bloque para defenderse en conjunto y proponer con fuerza y este espacio de acción nos lo da la Patria Grande. En el marco del Bicentenario, qué mejor respuesta que la que dieron los Próceres de la Independencia y los Libertadores. La Patria Grande hoy tiene mecanismos regionales de articulación con nombres modernos como la CELAC, UNASUR, el ALBA, el Mercosur. La Soberanía no se pierde en esta unidad. Se fortalece en la diversidad.

Redistribución y formalización

UNO, la correcta recaudación de impuestos a las empresas mineras, pesqueras, madereras. Deberá ser negociado con firmeza y serenidad. NO se trata de un acto de venganza sino de justicia. Las transnacionales igual se quedarán, tal como han demostrado en todo el mundo; las nacionales por cierto pagarán los impuestos que le corresponden y permanecerán o venderán y; aquellas que no aceptan serán remplazadas por empresas nacionales de cogestión (público, privado, trabajadores) o por el Estado (en sus diversas estructuras) dependiendo de su valor estratégico como energía, agua, fuentes de agua, bosques protectores, etc.

DOS. La repatriación de recursos en las empresas offshore o en los paraísos fiscales. Esto deberá ser negociado con beneficios tributarios para sus propietarios de tal manera que recursos de peruanos y salidos del Perú, regresen para la inversión y a la vez faciliten el acceso, a la empresa o empresario a los proyectos sociales que iniciará el Estado con estos recursos. Los empresarios nacionales y patrióticos se verán beneficiados y generará empleo digno, regular y con estabilidad laboral.

TRES: El tema de soberanía nacional incluye la seguridad ciudadana como un ejercicio de recuperación del territorio por parte de la ciudadanía organizada y de sus órganos de Estado correspondientes. Si yo no puedo detenerme en una esquina porque me asaltan no soy un ciudadano libre. No ejerzo la Soberanía ni siquiera en la puerta de mi casa y aún ni siquiera dentro de ella. Menos aún en mi parque o en mi territorio circunvecino.

Este concepto de soberanía incluye el pleno y libre ejercicio de igualdad de género. Mujeres y hombre, diversidades y opciones, deben estar incluidos en este concepto, amplio, democrático y maduro, de soberanía individual y al vez colectiva como nación.

CUATRO: Como país plurinacional y multicultural las formas de autonomía y soberanía de cada una de las naciones y pueblos que conforman el Perú deben estar expresadas en espacios de autonomía, de respeto a su tradiciones y a la vez lograr ser unitaria en la construcción de la unidad nacional tan indispensable.

Un Estado Soberano y Regulador de la redistribución de la riqueza, de los recursos naturales y de la generada por el trabajo de las peruanas y los peruanos, no es una propuesta descabellada como durante 40 años han querido hacernos creer.

El cobro de impuestos a las grandes fortunas y la actualización y modernización de las leyes laborales. Esto tiene que ver con la industria, la minería, la pesca, y la agricultura. Se rasgarán las vestiduras aquellos que no quieren pagar el justo salario a las mujeres que trabajan en los espárragos o en las alcachofas. Es cierto, los costos de producción pueden aumentar, o también puede disminuir la ganancia personal de los propietarios, a límites más que aceptables para sus ingresos y los de toda su familia. Hay grandes propuestas muy viables para todo ello, sin afectar sustantivamente los niveles altísimos de ingresos de los más ricos del Perú.

La formalización pasa por varias etapas. En el país de informalidad absoluta, donde todo se vende y todo se compra, la formalización deberá proceder por escalas y etapas. Desde el negocio del tráfico de tierras, la salud, la educación, hasta la venta de zapatos, papas o caramelos, todo es informal. Hay que estudiar a fondo las prioridades, organizar y luego intervenir. Allí será el Estado y la organización social en su más básico nivel (barrios,  comunidades, distritos, Alcaldías) quienes deban asumir un papel organizador, sin afectar a los más pobres.

Para la formalización de las pequeñas empresas el sistema que mayor éxito tiene es el acceso al crédito popular, solidario. Organizado y con intereses del tamaño de la posibilidad real de pago, ha resultado ser el generador de estructuras organizativas de muy alto nivel y masivamente posible.

Reconciliación nacional, el proceso político

Esta parte es la más compleja y difícil de alcanzar en el Perú. Uno de los grandes éxitos del neoliberalismo es la desestructuración del Estado. Romper con todas las formas de representación política de la sociedad, alcanzadas a lo largo de años de duras batallas y reflexiones. Congresos, partidos, sindicatos, federaciones han sido vilipendiados por la ideología neoliberal, haciéndonos creer que son los culpables de los males del país. El otro gran éxito en el Perú es la demonización de las propuestas progresistas, social demócratas o mínimamente redistributivas. El “terruqueo” se ha vuelto el deporte favorito de los fascistas nacionales, deformando la verdad y mintiendo, inventando acusaciones y alimentado el miedo alrededor de falsas acusaciones.

Es una vergüenza lo que ocurre y la pandemia del Covid-19 ha hecho saltar las ambiciones más desmedidas y los apetitos más grotescos. Ecuador es un trágico ejemplo de ello.

Describiendo lo que ocurre en Perú, mi muy querido amigo Cristian me relata lo siguiente refiriéndose a su trabajo “…me da la oportunidad de escuchar testimonios de esos y esas dirigentes sobre lo que realmente está sucediendo en el país. La corrupción, la violencia contra mujeres y niñas, la criminalidad, todo ha aumentado. En medio de todo esto está la permanente sombra de la muerte por COVID19. La desatención o incapacidad del estado es colosal. Las mujeres y los hombres dirigentes (comunitarios) son brillantes en su análisis de lo que sucede y en sus capacidades de conducción de acciones de respuesta. Brillan en un mar de calamidades y no se rinden. Los admiro mucho, me dan esperanza. También veo que están llegando al límite de sus capacidades humanas”.

Estas gentes que levantan su voz y sus puños, algunas veces con piedras y palos, otras absolutamente inermes,  terminan detenidos y en el peor de los casos acusados de terrorismo, por haber protestado contra salarios de miseria o precios inalcanzables de productos básicos. Estos peruanos presos por la protesta social deben ser puestos en libertad. Sería un gesto de gran relevancia para el lentísimo proceso de reconciliación nacional, tan indispensable en nuestras sociedades y en particular en el Perú. Otro tema es desterrar para siempre el término “terruqueo”, es indispensable aunque no parezca posible. Sin venganzas y fortaleciendo el Estado de Derecho, son los grandes objetivos a ser logrados que gentes dignas y gobiernos decentes deben alcanzar.

Este tiempo de tragedia y pandemia, tiempo de definiciones fundamentales, de reflexiones profundas, debe ser respondido con decisiones de muy alta visión estratégica y compromiso con la Patria. Que unifiquen el espíritu de dignidad de nuestros países y nuestros pueblos. Tal vez ello contribuya en el Perú, al surgimiento de un gobierno de reconciliación nacional y a un frente amplio progresista y defensor de la Soberanía que tanta falta nos hace.

En este marco, votar hoy por Verónika Mendoza, es votar por la reconstrucción nacional y la soberanía. Es votar por una Patria libre y soberana donde todas y todos se sientan representades, repudiando a los farsantes de siempre, que, repito,  han hecho de la política una profesión vil y mafiosa.

 

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Fuente: Alainet

  

ATLAS HISTÓRICO DE AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE

 

Correos del Sur Nº150

 

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Resumen Latinoamericano: Abril

 

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