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Colombia: De lo real maravilloso a lo real horroroso

En el hervidero de ideas antimperialistas que era la U. Nacional de Bogotá en 1970, no era mucho lo que se sabía sobre el Instituto Lingüístico de Verano (ILV), sobre el que se hacían numerosas denuncias acerca de los extraños manejos lingüístico-religiosos de claro contenido neocolonialista en diferentes comunidades indígenas colombianas.

Fue así como una compañera estudiante y militante de la Juco U Nacional aficionada al teatro, dijo ser amiga de un joven abogado y periodista que había hecho una investigación amplia sobre el tema y estaba dispuesto a venir al departamento a tener un conversatorio “académico” con los futuros antropólogos, resaltando la palabra “académico”. Se aceptó ampliamente la propuesta y fue así como vino Fernando Garavito a nuestro salón de actos y nos dio una explicación muy pormenorizada sobre todo de los aspectos legales que regían la relación de esa agencia lingüística-religiosa de los EEUU, traída por el presidente Lleras Camargo durante su gobierno para que mediante cartillas bíblicas dotara de alfabetos las varias lenguas indígenas que en esa fecha todavía quedaban en territorio colombiano.  A todos los asistentes a esa charla nos quedó clara la vía amplia de exploración que se abría, que posteriormente daría sustento al movimiento de denuncias y rechazo que culminarían décadas después a la salida de dicho Instituto lingüístico de Colombia. No volví a ver en persona a Fernando Garavito, aunque le seguí enviando colaboraciones para el magazín cultural que organizó en Cali con el sugestivo nombre de “Extravagario” y que publicó cumplidamente.

El periodista Garavito, un hombre realmente honesto y sincero de mi generación, siguió su vocación íntima y continuó ampliando denuncias, así como simpatías entre sus lectores con exquisitas y calificadas columnas donde retrataba de cuerpo entero a los poderosos y empingorotados corruptos y venales gobernantes que empezaban a abrirle paso a los narco paramilitares para la toma del Estado; lo que le granjeó (como a muchos otros intelectuales críticos colombianos por ejemplo a García Márquez) no ya la antipatía, sino el odio fascista característico que los envenena por dentro.

Escribió la columna “¿Por qué los autores del desfalco de la nación a través del banco del pacífico, ocupan los más altos cargos administrativos del nuevo gobierno del presidente Uribe Vélez?”, fue despedido miserablemente del “liberal y democrático” periódico El Espectador. Lo amenazaron, y debió exiliarse en el 2002 en los EEUU.

Pero afortunadamente ese mismo año ya en el exilio “productivo”, y antes de morir en un lamentable y extraño accidente de tránsito en uno de esos arenales yermos que bordean alguna carretera en el Estado de Nuevo Méjico, había tirado una piedrita sobre las tersas y quietas aguas superficiales que cubren ese lago estancado y en descomposición que se llama régimen de Colombia, al haber escrito  en compañía del también periodista estadounidense Joseph Contreras, “ La biografía no autorizada del señor de las sombras, Álvaro Uribe Vélez”, libro pionero y esclarecedor que no ha parado de continuar editándose en sucesivas ediciones, y que generó una ola de ondas concéntricas cada vez más amplias en ese lago quieto pero en fermentación irreversible.

Vinieron luego toda una serie de estremecedoras denuncias públicas y de verdades dichas por las miles de víctimas de las atrocidades que aquel “Señor de las Sombras” descrito por Garavito y Contreras, que en silencio y protegido por la impunidad oficial había ordenado en silencio, a sus compinches y cómplices, cometer en su fanática y sanguinaria carrera hacia el Poder del Estado colombiano y la toma de su institucionalidad. A más denuncias más impunidad, cinismo y ley del silencio; más estigmatizaciones y represión militar contra los denunciantes acusándolos de ser seguidores de los anticolonialistas y liberadores Simón Bolívar y el Apóstol Martí, insultándolos con el baldón de ser “Castro Chavistas”, cuando sin sospecharlo el vituperio resultó ser una honra estimulante para continuar con las denuncias y la resistencia total.

Y así, hasta que  finalmente el escrito de Garavito y Contreras, enriquecido y actualizado por el también abogado periodista Daniel Mendoza, en una serie documental web con el nombre de Matarife, un genocida innombrable, empezó a erosionar definitivamente la imagen del “atractivo dirigente con cara de eterno adolescente revestido de teflón al que nada se le pega” ( ¡ay de la revista Semana!), hasta hacerla perder toda su legitimidad y legalidad y convertir al innombrable señor de las sombras en el  simple delincuente  “subjudice” que es ahora.

Hoy día internacional del proletariado , 1 de mayo de 2021, el pueblo colombiano, un poco más consiente de la carnadura real (talante le dicen) de sus dirigentes y gobernantes, quienes después del asesinato de J E Gaitán en 1948 supieron montar un régimen de horror contrainsurgente  y desde inicios de los 70 lograron blindarlo con las huestes y carapintadas fascistas-narco-paramilitares comandadas por el Señor de las Sombras; está mostrando en las calles y carreteras colombianas la profunda crisis social y humana a la que la conducido finalmente el pelele cebado “que dijo Uribe”. Crisis generalizada que se estaba larvando desde hace mucho tiempo en las profundidades de aquel apacible lago de aguas estancadas que no alcanzaba a percibirse en su superficie, pero que los dominantes exhibían satisfechos como una de las democracias más antigua del continente. Una Suiza criolla sin suizos, una Atenas suramericana sin Partenón y sin griegos. En fin.

Mejor sería decir: Una Colombia martirizada durante siglos por aquellos descendientes ideológicos y políticos de aquél otro Señor de las Sombras del siglo XIX, de bigotico relamido envuelto en una capa roja de legalidad (cualquier cosa con tal de que sea una ley) llamado F. P. Santander, asesino silencioso del Libertador Simón Bolívar, que dejó una escuela política a sus continuadores oligárquicos para conservar el poder sobre la base de guerras y masacres y, contando con la ignorancia pasividad y bondad de nuestro pueblo, convertir al país en una horrorosa e ignominiosa fosa común, vergüenza de la humanidad doliente.

Pero nada es eterno en el mundo y hoy la toma de conciencia popular movilizada, anuncia venturosamente que la Crisis de Hegemonía del régimen colombiano es irreversible (OJO crisis de hegemonía según el concepto gramsciano) que, si bien a causa de la brutal represión armada anunciada posiblemente no se resuelva de inmediato, si queda claro que ha entrado en un espiral de desarrollo progresivo, hacia su superación dialéctica, el aufheben de la filosofía de la praxis.

No dudo en agradecer a Fernando Garavito los caminos que mentalmente me abrió: Allá en el salón de Antropología en el 70 sobre el Instituto Lingüístico de Verano que tanto me sirvió para obtener mi grado de antropólogo, y luego en el 2002, con el libro biográfico sobre Uribe Vélez que desde la fecha de su publicación me sirvió para crear el concepto de Miniführer con el que pude escribir tan extensamente sobre el régimen fascista colombiano al que ya le comenzó a cantar el cisne negro.

Notas:

*Médico, antropólogo y ensayista colombiano

 

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Fuente: PIA Global

  

ATLAS HISTÓRICO DE AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE

 

Correos del Sur Nº150

 

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Resumen Latinoamericano: Abril

 

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