22/05/21
25/5/1810 | La Revolución de Mayo
Por Fernando Bossi Rojas

El 25 de mayo de 1810 se crea, en Buenos Aires, la Primera Junta de Gobierno. En turbulentas jornadas que abarcan casi una semana, la corriente democrática y popular gana la partida contra las fuerzas reaccionarias, tanto peninsulares como criollas.

Son diferentes los intereses de los protagonistas de aquella gesta. Por un lado, están quienes representan la vieja estructura del poder colonial, autoritaria, oscurantista y nobiliaria; por otra parte, la gran mayoría, que se enfrenta a ella. En esa gran mayoría unen voluntades el pueblo llano y la pequeña burguesía revolucionaria; pero también, se acopla a ésta, una fracción significativa de comerciantes criollos e ingleses, que odian tanto a España como aman a la Rubia Albión.

La Junta Popular en un primer momento fue ganada, a punta de puñales y trabucos, por el ala radical revolucionaria. Su mayor exponente fue el abogado Mariano Moreno, jefe indiscutido de los jacobinos criollos y mentor del Plan de Operaciones.

Ese Plan de Operaciones, que la historia oficial argentina intentó ocultar durante muchos años, explica claramente el programa de gobierno de los revolucionarios de mayo: desarrollar la economía independientemente de cualquier poder extranjero; expropiar a la minoría oligárquica y fomentar, a través del Estado, la industria, el comercio y la agricultura. También se desprenden del texto otras medidas de carácter popular y democrático, que contemplan la eliminación de los títulos de nobleza, la supresión del tributo indígena, la libertad de los esclavos, la libertad de prensa, etcétera.

Como casi todos los procesos que se dieron en Hispanoamérica en aquella época, la Revolución de Mayo se encuadra dentro del movimiento democrático popular que se libra tanto en América como en la península. De ahí la declaración de su “fidelidad a Fernando VII”, en tanto existían todavía esperanzas que el monarca preso por Napoleón podría hacerse cargo de las reivindicaciones populares de ambos pueblos. La revolución, por consiguiente, no fue separatista en esa primera instancia, aunque el espíritu independentista reinaba en ella. Fue luego, cuando Fernando VII reinstala la España “de la Cruz y la Espada”, cuando los patriotas se lanzan decididamente a alcanzar la independencia y la unidad.

Los jacobinos criollos, durante sus siete meses de gobierno, desplegaron una acción contundente en el sur del continente. Inflexibles ante la reacción antidemocrática, no dudaron en fusilar a aquellos que representaban al Antiguo Régimen. Moreno, Castelli, French, Donado, Belgrano, Berutti y tantos otros, serán el terror de oligarcas, encomenderos y propietarios de minas. El viejo orden colonial se espanta y en complicidad con el ala moderada de la Revolución, conspirarán hasta hacer caer a cada uno de los jacobinos criollos.

El “partido de los comerciantes” se alzará con el poder. A Moreno lo enviarán a una misión diplomática en Londres. En alta mar morirá envenenado por el capitán inglés del buque. Sin embargo el espíritu revolucionario de Mayo no cayó. Nuevos protagonistas continuarán la obra de aquellos revolucionarios. Así, aparecieron en escena figuras de la talla del general José Artigas, Martín Miguel de Güemes, el general José de San Martín entre otros.

Fuente: Portal Alba

Editorial

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