Efemérides: Revolucionarios
08/05/21
11/5/1873 | El Mayor: Ignacio Agramonte
Por Fernando Bossi Rojas

Ignacio Agramonte Loynaz “El Mayor”, nació en Puerto Príncipe el 23 de diciembre de 1841. Cayó en combate en Jimaguayú, el 11 de mayo de 1873.

Ignacio provenía de una familia de abolengo, al igual que su esposa Amalia Simoni Argilagos. Había obtenido el título de Licenciado en Derecho Civil y Canónico en 1865 en la Universidad de La Habana y luego el de Doctor en 1867.

En 1868 se unió a las fuerzas de Carlos Manuel de Céspedes en la insurrección de La Demajagua, pasando a conducir el movimiento independentista en la provincia de Camagüey.

En abril de 1869, se reunieron en Guáimaro la mayoría de los líderes de las diversas fuerzas insurrectas. Allí se elaboraría una Constitución donde Agramonte sería uno de los principales redactores. En aquella reunión también se definirían claramente los objetivos de la revolución: derrocamiento del régimen colonial, abolición de la esclavitud e independencia absoluta.

Como jefe militar El Mayor se destacó en el armado, preparación y comando de una formidable fuerza de caballería. Con operaciones de desplazamiento rápido en pequeñas unidades de combate, los mambises (combatientes independentistas) fueron derrotando palmo a palmo a las tropas regulares del ejército español. La región de Camagüey, gracias a la combatividad y disciplina de los insurrectos, quedó prácticamente bajo su dominio.

En el fragor de la lucha, las diferencias de criterios entre Céspedes y Agramonte se manifestaron. Sin embargo, prevaleció la sensatez en aras del triunfo revolucionario.

Entre sus más destacados episodios de la guerra, estaría el rescate de otro gran protagonista de la revolución, Julio Sanguily, en octubre de 1871, que había caído en manos del enemigo. Agramonte atacó a los españoles con apenas treinta y cinco hombres y logró liberar al preso en un golpe de audacia espectacular. Sin duda esta acción quedó en la historia de la Guerra de los Diez Años como una de las más grandes proezas en las luchas por la independencia.

El 11 de mayo de 1873, en una acción de sorpresa, fue muerto de un balazo en la cabeza. El Mayor, tenía 32 años.

Aquel “diamante con alma de beso”, como lo llamó el Apóstol José Martí, es ejemplo de la lucha por la soberanía y la justicia social. Así lo entendió y lo entiende el pueblo cubano y nuestramericano.

En 1973, al cumplirse el centenario de la caída en combate de Ignacio Agramonte, el Comandante Fidel Castro pronunció un memorable discurso. En dicha alocución, refiriéndose a las tropas lideradas por El Mayor, señalaba:

“¡Como ellos regaron con su sangre los campos de la patria, los campos de Camagüey, reguemos nosotros de escuelas, reguemos nosotros de hospitales, de viviendas, reguemos nosotros de fábricas y de granjas estos campos camagüeyanos!”

“Y si queremos saber cómo deben ser los camagüeyanos en esta lucha contra la pobreza, en esta lucha por el desarrollo, en esta lucha por la Revolución: ¡Como los soldados de Ignacio Agramonte! ¡Y cargar al machete, como cargaba su caballería gloriosa en aquella épica contienda! ¡Que viva la memoria inmortal de Ignacio Agramonte!”.

Cabe destacar también, que en ese acto del centenario del paso a la inmortalidad de Agramonte, el cantautor Silvio Rodríguez estrenó su tema dedicado el revolucionario “El Mayor”.

Terminaremos este breve homenaje al héroe cubano con el texto de la canción de Silvio.

El Mayor

El hombre se hizo siempre
de todo material:
de villas señoriales
o barrio marginal.
Toda época fue pieza
de un rompecabezas
para subir la cuesta
del gran reino animal,
con una mano negra
y otra blanca mortal.
Mortales ingredientes
armaron al Mayor:
luz de terratenientes
y de revolución,
destreza de la esgrima,
sucesos como un preso,
Amalia abandonada
por la bala,
la vergüenza, el amor;
o un fusilamiento,
un viejo cuento
modelaron su adiós.

Va cabalgando el Mayor con su herida,
y mientras más mortal el tajo, es más de vida.
Va cabalgando sobre una palma escrita,
y a la distancia de cien años resucita.
Trota sobre la espuma,
seguido por un mar
de negros en machete
y sin encadenar.
Ordena a su corneta
el toque de a degüello,
y a un siglo de distancia
entona nuestra canción
y con recia garganta
canta, espanta
lejos la maldición.
Va cabalgando el Mayor con su herida,
y mientras más mortal el tajo, es más de vida.
Va cabalgando sobre una palma escrita,
y a la distancia de cien años resucita.

Fuente: Portal Alba
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Editorial

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