08/06/21
¿Por qué Bidеn quiere encontrarse con Рutin?
Por Vicky Peláez

Ni las sanciones, amenazas, provocaciones, expulsiones de diplomáticos, continuos ejercicios militares de la OTAN cerca de las fronteras rusas en los países bálticos y en Ucrania han podido ‘poner de rodillas’ a Moscú, tal y como ha estado esperando Washington y sus incondicionales aliados de la Unión Europea durante los últimos seis años.

Si conoces a tu enemigo y te conoces a ti mismo, no debes temer el resultado de 100 batallas (Sun Tzu, ‘El Arte de Guerra’, 544 a.C. – 470 a.C.)

Al darse cuenta que el ‘garrote’ no está dando resultados, el actual presidente estadounidense, Joe Biden, decidió cambiar su estilo y ofrecerle algo de ‘zanahoria’ al presidente Vladímir Putin en forma de un encuentro de los dos líderes en un país neutral. No obstante, al día siguiente de su llamada telefónica impuso nuevas sanciones a Rusia. ¿Qué es lo que está pasando y qué es lo que quieren Joe Biden y el Estado Profundo que siempre ha estado detrás de cada presidente estadounidense?

Lo que pasa es que después de la desintegración de la Unión Soviética en 1991, Rusia hacía todo lo que le aconsejaban sus nuevos ‘buenos amigos’ de Washington, Bruselas, Berlín, París, Londres, así creyeron en el «fin de la Historia» y se relajaron pensando que ya no había ningún peligro para la hegemonía norteamericana. Desde entonces Washington creyó ser el indiscutible amo del mundo, capaz inclusive de cambiar leyes internacionales por reglas dictadas de acuerdo a las necesidades estadounidenses. La famosa declaración de Barack Obama anunciando que «Tenemos el Ejército más fuerte del mundo y en ocasiones tenemos que torcer el brazo a los países cuando no quieren hacer lo que queremos nosotros, a través de métodos económicos, diplomáticos y a veces militares» confirma esta creencia de EEUU.

Tan relajados estaban aquellos ‘amos’ del mundo que ni siquiera prestaron atención al discurso de Vladímir Putin en la Conferencia de Seguridad de Múnich el 10 de febrero de 2007 y no entendieron sus posibles implicaciones. Durante su intervención, el presidente de Rusia afirmó que el intento de EEUU para imponer sus reglas y su voluntad a otros países aplicando el modelo unipolar ya es imposible y totalmente inaceptable en el mundo moderno. Apenas 14 años después de aquella intervención visionaria de Putin, los dirigentes estadounidenses se dieron cuenta de que ya no eran capaces de «torcer el brazo» de Rusia militarmente.

Uno de los respetados analistas navales norteamericanos, Andrei Martyanov, autor del libro, Loosing Military Supremacy: The Myopia of American Strategic Planning (2018), advirtió que «EEUU tiene hasta ahora la capacidad de comenzar una guerra contra Rusia, pero si lo hace, esto va a tener un único resultado: EEUU dejará de existir, como también la mayoría de la civilización humana». En el capítulo siete de su libro, Martyanov asegura que la brecha de misiles entre Rusia y Estados Unidos representa un «abismo tecnológico» que tomaría a Washington varios años para achicarlo. El director de la Agencia de Inteligencia de la Defensa de EEUU, el teniente general Scott Berrier, dio la voz de alarma al Gobierno estadounidense diciendo que «El Ejército ruso representa una amenaza existencial para EEUU» (29 de abril de 2021).

La pérdida de la ‘carrera armamentista’ con Rusia ha traído serias implicaciones a los estrategas estadounidenses que requieren un cambio completo en el juego geopolítico en términos militares, estratégicos, tácticos, operacionales, psicológicos, como también exigen una transformación urgente de los principios y métodos de guerra existentes.

El Pentágono necesita tiempo y dinero para adaptar sus fuerzas armadas para una nueva realidad y hacer tranquilizar e intentar seducir a los rusos con una retórica menos belicosa. Es una de las razones de la llamada de Biden a Putin para tener un encuentro en el que podrían discutir las ‘líneas rojas’ trazadas tanto por Washington como por Moscú. No obstante, de esta reunión no habrá que esperar, según el economista norteamericano Paul Craig Roberts, ningún cambio porque «Washington está más interesado en las malas relaciones con el Kremlin que en las buenas».

Otro destacado especialista en las relaciones entre EEUU y Rusia, Pepe Escobar, recalcó que el complejo industrial-militar y los 18 servicios de inteligencia-agencias de seguridad estadounidenses tienen el presupuesto real militar anual superior a un millón de millones de dólares y para tener este dinero EEUU necesita «fabricar» un peligro letal externo – Rusia. (Asia Times, 21 de julio de 2018). Joe Biden ya hizo aumentar el presupuesto militar nominal para el año 2022 a 753 mil millones de dólares, 50 mil millones más que el último presupuesto autorizado por el gobierno de Trump. No hay que olvidar que durante sus 30 años en el Congreso, Biden fue uno de los principales proponentes de la Guerra Fría y de la solución militar.

En realidad, Joe Biden y todos los líderes que pasaron por la Casa Blanca durante los últimos 25 años han soñado siempre con «reemplazar a Putin», como lo afirmó el economista norteamericano y autor del libro Super Imperialism (que desde 1972 no ha perdido su vigencia), Michael Hudson, «con un cleptócrata alcohólico como Yeltsin para que reanudara la venta de recursos nacionales y utilidades públicas a EEUU». Al fracasar el último intento de EEUU para hacer caer el gobierno de Putin empujando a Rusia a otro Afganistán, esta vez en Ucrania, debido a que los rusos no reaccionaron a las provocaciones de Kiev cómo le hubiera gustado a Washington, no le quedó otra alternativa a la administración de Biden que ‘suavizar’ su retórica hacia Moscú.

Primero, EEUU renunció a las sanciones a la empresa de gasoducto Nord Stream 2 y a su director. Joe Biden reiteró que seguir con las sanciones «será contraproducente en términos de nuestras relaciones europeas». Ya nadie se acuerda de la afirmación del secretario de Estado, Antony Blinken, de hace un mes y medio que «este gasoducto es un proyecto geopolítico cuya intención es dividir a Europa y debilitar su seguridad». Con esta decisión de la Casa Blanca, Kiev perderá inmediatamente cierta influencia geopolítica debido a la posibilidad de dejar de funcionar una vasta red de gasoductos que atraviesan Ucrania en unos cuatro años cuando expirará el actual contrato con Gazprom. Esto significaría también un golpe a la economía ucraniana que dejaría de percibir unos cuatro mil millones de dólares anualmente por el tránsito de gas a Europa.

No obstante, pasar del amor al rechazo no le cuesta nada a EEUU. Ya la prestigiosa revista analítica norteamericana, The National Interest, que hasta hace poco defendía los intereses de Ucrania, llegó de repente a la conclusión que «Es imprudente tratar a Ucrania como un aliado estratégico de EEUU. Es moralmente ofensivo hacerlo sobre la base de una supuesta solidaridad democrática. La administración Biden debe deshacerse de este Estado cliente cada vez más odioso lo más antes posible».

Segundo, el viento se llevó también la afirmación del Jefe del Comando Conjunto de EEUU, general Joseph Dunford (2015-2019), quien en julio del 2015 declaró ante el Congreso que «Rusia es la principal amenaza para la seguridad nacional de EEUU». Este concepto del ‘enemigo ruso’ estaba dominando el léxico norteamericano y él de sus aliados europeos de la OTAN hasta una inesperada declaración del secretario de Prensa del Pentágono, vicealmirante John F. Kirby asegurando que «Nadie en EEUU cataloga a Rusia como enemigo». (27 de mayo de 2021) Como por una magia la secretaria de Prensa de la Casa Blanca, Jen Psaki, también ha cambiado su estilo agresivo hacia Rusia. No se dejó esperar el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, promotor de la política de ‘contención de Rusia’, quien habló de la necesidad de una política «dual» hacia Moscú, incluyendo un diálogo.

Finalmente, hay que tener en cuenta que Washington está alarmado por un creciente acercamiento entre Moscú y Pekín. China se ha dado cuenta que si Rusia se somete y colapsa, Estados Unidos controlaría prácticamente todos los recursos naturales del mundo y privaría a China de su acceso a ellos.

Frente a esta perspectiva, Beijing abrió sus brazos a Rusia, incluso militarmente. Esta creciente fusión forzada de dos potencias regionales en una posible unidad, debido a las sanciones y presiones de Washington, está reforzando el multilateralismo quitándole exclusividad a Norteamérica. Lo que trataría Joe Biden en el encuentro con Vladímir Putin es ofrecer ciertos incentivos o tratar de seducir a Moscú para detener su acercamiento con Pekín.

Sin embargo, en términos generales no habría perezagruzka en las relaciones entre EEUU y Rusia. La historiadora y exasesora de Ronald Reagan sobre Rusia, Suzanne Massie, considera que el actual Gobierno no tiene ni interés ni intención de tratar de remendar las relaciones porque necesita a Rusia como «enemigo externo».

Esta política de EEUU no ha cambiado en los últimos 50 años. Basta acordarnos de la famosa Carta Abierta de Dean Reed a Alexandr Solzhenitsyn (1971), en la cual el famoso cantante, actor y compositor estadounidense afirmó que «no es la URSS que está desatando guerras para facilitar el funcionamiento de nuestra economía y para también crear condiciones para nuestros dictadores del complejo militar-industrial para obtener más riqueza y poder haciendo derramar la sangre de vietnamitas, de nuestros propios soldados americanos y de todos los pueblos del mundo amantes de la libertad. La sociedad que está realmente enferma es la mía y no la suya, señor Solzhenitsyn» (27 de enero de 1971).

50 años después de esta carta, la política de Washington no ha variado en nada, ‘el garrote y la zanahoria’ siguen siendo sus instrumentos principales en su relación con el resto de la humanidad.

Fuente:
Sputnik Mundo

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