07/05/21
Derecho a votar y ser votadas
Por Mara Espasande

El 25 de abril de 1952 fue un día histórico para la República Argentina: por primera vez, seis mujeres asumieron como Senadoras de la Nación. Juana Larrauri de Abrami (Entre Ríos), Hilda Nélida Castañeira de Vaccaro (Santa Fe), María Rosa Calviño de Gómez (ciudad de Buenos Aires), Ilda Leonor Pineda de Molins (provincia de Buenos Aires), Elena Di Girolamo (Corrientes) y Elvira Rodríguez Leonardi de Rosales (Provincia de Córdoba) prestaron juramento en el recinto históricamente ocupado por varones. Tres de ellas maestras, una cantante de tango y dos trabajadoras del círculo cercano a Eva Duarte de Perón asumieron el compromiso legislativo teniendo que superar los prejuicios sociales, pero, también, sus propias inseguridades.

El espacio público había sido vedado a las mujeres y la norma general era la dedicación a las tareas de cuidado en el hogar, algunas profesiones vinculadas a las “cualidades femeninas” -tales como la docencia- o como trabajadoras fabriles, aunque con menos derechos que los varones. Pero estas activistas asumieron el compromiso legislativo conscientes de la hora histórica que protagonizaban.

Habían llegado allí, luego de años de arduo trabajo. Todas ellas habían comenzado su militancia junto a Eva Perón para lograr la sanción de la Ley 13.010, promulgada el 23 de septiembre de 1947, por la cual las mujeres podían votar y –también- ser votadas.

Sin dudas, el accionar de Eva Perón y las militantes que la acompañaban fue fundamental para lograr esta conquista. Pero, también, existieron otros factores que permitieron alcanzar este derecho. Por un lado, el contexto mundial y regional generaba condiciones favorables: en 1938, la Octava Conferencia de los Estados Americanos se había pronunciado a favor del voto de la mujer en el marco de la Declaración en favor de los Derechos de la Mujer. Muchos países latinoamericanos tales como Ecuador, Brasil, Uruguay, Cuba y El Salvador, ya habían sancionado el voto –ahora sí- universal.

Por otro lado, la larga lucha del movimiento sufragista en la Argentina -que databa de finales del siglo XIX- había promovido, entre 1911 y 1947, la presentación de 11 proyectos ante el poder legislativo con apoyo, en particular, del Partido Socialista. Pero, lo que permitió hacer efectivo el cumplimiento de este derecho fue la llegada al gobierno de un dirigente político que, desde que asumió su primer cargo público se planteó como objetivo alcanzar esta conquista.

El 26 de julio de 1945, meses antes de ser detenido, Juan Domingo Perón participó en un acto de la Cámara de Diputados y se declaró a favor de otorgarle el voto a la mujer. Allí afirmó: “…empeño mi palabra como vicepresidente, como ministro y como secretario de Trabajo y Previsión, en el sentido de trabajar incansablemente por llevar adelante esta hermosa iniciativa” (Navarro, 2011: 187). La misma posición expresó en su primer discurso como Presidente en el Congreso de la Nación, en julio de 1946.

De esta manera, el movimiento feminista alineado con la Unión Democrática perdió protagonismo y la sanción de la esperada Ley se produjo bajo el impulso de los diputados y los senadores peronistas, en el marco de una movilización en los alrededores del Congreso de miles de mujeres que sostenían en sus manos los retratos de Evita y de Perón.

Fue allí, cuando los conductores del movimiento nacional comenzaron a delinear las estrategias políticas para organizar a las mujeres peronistas, decidiendo que la herramienta más adecuada era la creación de un partido político propio. En 1949 –en aquel acto histórico realizado en el Teatro Cervantes, el 26 de julio- se fundó, finalmente, el Partido Peronista Femenino (PPF) donde Evita designó 23 “delegadas censistas” –entre las que se encontraban quienes serían primeras seis senadoras- recibiendo la misión de recorrer el país.

En el encuentro fundacional, Evita explicó los fundamentos de la creación de este nuevo partido político independiente del partido peronista integrado por los hombres. Allí, sostuvo que las mujeres eran “doblemente víctimas en todas las injusticias” (Navarro, 2011: 215) haciendo referencia al sacrificio en el hogar y a la prepotencia patronal sufrida en las fábricas donde, además, obtenían una remuneración menor a la de los varones. Desde esta concepción, el peronismo definió la justicia social y el avance de los derechos de las mujeres como dos caras de la misma moneda, dos conquistas totalmente imbricadas.

Pero, ¿por qué crear un Partido autónomo e independiente? Frente a este interrogante, Eva Perón explicaba: “…para que las mujeres no se masculinicen en su afán político. Así como los obreros solo pudieron salvarse por sí mismos (…) también pienso que únicamente las mujeres serán la salvación de las mujeres” (Bellota, 2019: 192). Según su visión, había prácticas propias de la forma de hacer política de los varones que debían ser combatidas: “todo se arregla entre tabas y empanadas”, sostenía, y consideraba que sería sumamente complicado que las mujeres sin experiencia política previa comenzaran sus primeros pasos en ese marco: debían construir su propio instrumento político. Para eso, las mujeres censistas elaboraron una verdadera red a lo largo y ancho del territorio nacional donde cada unidad básica funcionaban no solo “como centros políticos del peronismo” sino también –en palabras de Eva- “como foco de cultura y acción útil para los argentinos” (Bellota, 2019: 192.). Tal como describe Araceli Bellota, allí se dictaban talleres de peluquería, costura, corte y confección, dactilografía, pero también apoyo escolar, alfabetización, danzas folclóricas, asesoramientos jurídicos y servicios ginecológicos. Además, ocupaban un lugar central los cursos de doctrina peronista y la capacitación para participar en el acto electoral.

Adoptando este perfil, el PPF logró convocar a amplios sectores de la población femenina de los sectores populares pudiendo superar las resistencias sociales propias de la época. Los testimonios de las censistas y de quienes se sumaron a trabajar en las unidades básicas destacan que fue central la realización de tareas de ayuda social –en articulación constante con la Fundación Eva Perón- y los lazos afectivos creados entre ellas, además de la conducción y acompañamiento permanente de la ‘abanderada de los humildes’. La articulación de su rol doméstico con el espacio público permitió que, lentamente, se fueran generando condiciones para asumir la plena participación política.

La reacción de la oposición no se hizo esperar: históricas militantes feministas del Partido Socialista –entre las que se encontraba Alicia Moreau- se declararon en contra de la iniciativa afirmando que “un partido político femenino estaba destinado al fracaso” y que era una “peligrosa desviación de la democracia”. Su antiperonismo, no les permitió advertir la fuerza del nuevo instrumento político que convocaría a millones de mujeres del pueblo a acercarse a la tarea política.

Así, resultado del movimiento nacional que había nacido el 17 de octubre de 1945, en las elecciones de 1951 las mujeres ocuparon un tercio de los lugares en las listas peronistas, en todas las categorías. Además de las seis senadoras nacionales, 80 mujeres llegaron a las legislaturas provinciales y más de una veintena a la Cámara Baja de la Nación.

Pero, ¿qué pasó con el resto de las fuerzas políticas? El Partido Demócrata y la Unión Cívica Radical no presentaron candidatas mujeres. Sí lo hicieron –pero en número muy inferior- el Partido Socialista, Partido Comunista, Demócrata Progresista y Partido Concentración Obrera. Sin embargo, ninguna resultó electa: las primeras legisladoras nacionales pertenecieron todas al movimiento peronista.

Una vez asumido el mandato, en el Senado de la Nación presidieron distintas comisiones y promovieron la sanción de leyes fundamentales para la conquista de derechos de las mujeres. De su actuación legislativa resultó la aprobación del divorcio vincular (Ley 14.394) en 1954, la reforma de la ley de culto que propició la separación de la Iglesia del Estado, el Régimen de Trabajo para el personal de Casas de Familia; también, impulsaron las leyes de Abastecimiento y Abaratamiento de artículos de primera necesidad, la Ley de Propiedad Intelectual, entre otras.

Cuando Perón fue derrocado por el infame golpe cívico militar de 1955, las senadoras peronistas –junto a las mujeres diputadas- fueron encarceladas y confinadas a la cárcel de mujeres de San Telmo ubicada en la calle Humberto Primo donde permanecieron por más de dos años. Luego, se sumaron a la resistencia peronista y continuaron su lucha junto al pueblo para lograr el regreso de Perón que, finalmente, se concretaría en 1973.

Los recorridos vitales de estas representantes encarnan un quiebre fundamental –y a menudo silenciado- en la historia política argentina. En ese sentido resulta crucial sacarlas del anonimato, conocer sus historias. Adentrémonos, entonces, en las vidas de algunas de las mujeres que protagonizaron aquellos años de avances populares.

Juana Larrauri de Abrami

Nacida en el barrio de Floresta, Buenos Aires, sus dos pasiones fueron el tango y la política. Debutó en 1931 como cantora en LR3 Radio Nacional y cinco años después presentó su primer disco donde se encontraban interpretados los tangos “Castigo” y “Sueño fue”. Decidió interrumpir su carrera artística cuando comenzó a militar junto a Eva Perón. El mismo año en que fue elegida senadora nacional por la provincia de Entre Ríos, en 1951, su voz interpretó “Evita Capitana”, tema del Partido Peronista Femenino.

Su primer mandato tuvo una duración de tres años (finalizó el 30 de abril de 1955) por la entrada en vigencia de la Constitución de 1949 que establecía: “…Los senadores duran seis años en el ejercicio de su mandato y son reelegibles; pero el Senado se renovará por mitad cada tres años, decidiéndose por la suerte quiénes deben cesar en el primer trienio”. Completado este período, Juana volvió a ser candidata obteniendo una nueva y contundente victoria electoral. Asumió por segunda vez (1), el 26 de abril de 1955 pero fue despojada de su cargo pocos meses después, luego de perpetrarse el golpe cívico-militar del 16 de septiembre de 1955. El 21 de dicho mes, todos lo/as legisladore/as quedaron cesantes cuando se clausuró el Congreso de la Nación.

Como Senadora fue designada Presidenta de la Comisión de Defensa Nacional y más tarde, Presidenta de la Comisión que debía ocuparse de la realización del Monumento a Evita, aprobado por la Ley 14.124, días antes de la muerte de Evita. En su intervención en el debate parlamentario por esta última Ley expresó:

…los derechos de la ancianidad, derechos cívicos de la mujer, etcétera, no son más que pequeños eslabones del collar de sublimes realidades si se la compara con la obra espiritual y moral que Eva Perón levantó en nuestras almas (…) No habrá palabras para decir todo lo que ha luchado por su pueblo. No habrá palabras para decir todo lo que nos ha dado. Eva Perón ha dejado jirones de su salud en la Secretaría del Trabajo y Previsión, luchando para los obreros, para sus queridos ‘descamisados’. Eva Perón ha dejado parte de su vida, trabajando noches y días por su pueblo y por su Patria. (…) Eva Perón ha sido y es el ángel tutelar de nuestro querido presidente. Cuando el clamor de la Nación entera le rogaba a Eva Perón se dignara aceptar la vicepresidencia de la República, ella, con magnífico gesto, declinó el expreso deseo de un pueblo que creía cubrirla de honores. Pero no, señor presidente ¡Los honores renunciaron a ella! Los argentinos no tuvimos el alto honor de que Eva Perón fuera nuestra vicepresidenta. (…) Eva Perón es el honor de los honores. Yo no acepto, señor presidente que a Eva Perón se la compare con ninguna mujer, con ninguna heroína de ningún tiempo, porque a muchas de ellas, por no decir a todas, eminentes escritores tuvieron que magnificar su historia; en cambio, no hay ni habrá escritor, por inteligente que sea, que pueda trazar fielmente la historia de las realidades de Eva Perón (2).

Fue perseguida y encarcelada. El 17 de mayo de 1956 se solicitó ampliar su prisión preventiva por “traición y asociación ilícita”, orden dictada por Luis Botet; el 12 de marzo de 1957 la Cámara Nacional de Apelaciones en lo civil, comercial y penal especial y lo contencioso administrativo, confirma la prisión preventiva a “jerarcas del peronismo” por orden de Enrique Ramos Mejía y Hernán Juárez Peñalva. Fue protagonista de la Resistencia. En 1970 integró el Consejo Superior del Movimiento Nacional Justicialista presidido por Juan D. Perón y María Estela Martínez de Perón, en carácter de secretaria. La composición sufrió cambios en 1971 pero Juana permaneció como representante de la Rama Femenina. Allí, se enfrentó con Jorge Paladino, delegado personal de Perón. En reconocimiento a su trayectoria y lucha, integró la delegación que acompañó a Perón en su regreso a la Argentina en 1972.

Hilda Nélida Castañeira de Vaccaro

Rosarina de nacimiento se recibió de maestra normal, cargo que ejerció en Escuela n° 526 de la localidad de Saladillo en la provincia de Santa Fe. Desde allí, solicitó ante diversos organismos que se atendiera las necesidades de dichos estudiantes, mostrando su carácter solidario desde temprana edad. En 1947 comenzó a militar dentro del peronismo y en 1949, en el Congreso realizado en el Teatro Nacional Cervantes entre el 26 de julio y el 31 de julio, fue designada como delegada censista para la provincia de Salta.

Desde el Partido Peronista Femenino luchó por la sanción de la Ley 13.010 que le permitió, en 1951, ser elegida Senadora Nacional por su provincia natal. En la Cámara Alta fue la primera mujer en hacer uso de la palabra. Allí presidió la Comisión de Relaciones Exteriores y Culto, la de Trabajo y Previsión Social e integró la comisión de Obras públicas; también integró la Comisión especial de estudio para la elaboración del Segundo Plan Quinquenal.

En 1952 formó parte de la Comisión que se ocupara del Monumento de Eva Perón. Entre los proyectos de Ley presentados por ella se destacaron: la declaración para la colocación de una placa “Por la independencia económica” en la Casa de Tucumán; la propuesta de otorgar los títulos de Libertador de la República y de Jefa Espiritual de la Nación a Juan D. Perón y Eva Perón, respectivamente; la propuesta de utilizar como libre escolar “La razón de mi vida”; y cambiar la nominación de la avenida 9 de julio por la de “Eva Perón”. Se sumó a las filas de la Resistencia Peronista y en 1972 fue designada secretaria política de la Rama Femenina del Partido. En 1973 resulta electa como Concejal de la Ciudad de Buenos Aires, cargo del que es depuesta el 24 de marzo de 1976. En 1995 integró el Círculo de Ex Legisladores de la Nación Argentina en el rol de secretaria de la mujer.

María Rosa Calviño de Gómez

Era profesora de la escuela secundaria N° 26 de la Capital Federal. Delegada censista a cargo de la primera unidad básica del Partido Peronista femenino en Buenos Aires, inaugurado el 27 de enero de 1950 en el barrio de viviendas obreras Presidente Perón. En el mismo año, fue creada la Organización de consumidores de la cual fue presidenta de la comisión directiva. Desde este cargo, trabajó junto a las unidades básicas del Partido Peronista Femenino en las campañas de respeto de los precios máximos oficiales. En agosto de 1951 fue nombrada censista para la provincia de Córdoba en reemplazo de la Dra. Elsa Chamorro. Allí, coordinó las tareas de la campaña electoral en más de las 400 unidades básicas de la provincia.

Fue elegida Senadora Nacional por la Capital Federal en 1951. Ocupó el cargo de Secretaria del Consejo de Administración de la Fundación Eva Perón presidido por Juan Perón; José Espejo (Secretario General de la CGT, vicepresidente 1°); Ingeniero Manuel Dupeyrón (Ministro de Obras Públicas, vicepresidente2°). El Consejo se ocupaba de coordinar las licitaciones, compras e inversiones; también, administrar las donaciones, garantizar el funcionamiento interno de la Fundación, organizar los torneos deportivos y vincularse con el Estado nacional. Para optimizar su funcionamiento se creó una Secretaría General que estuvo a cargo de María Rosa Calviño, pero la secretaría tuvo una corta duración (agosto de 1952 a enero de 1953).

En ocasión del intento de Golpe de Estado del 18 de septiembre de 1951, se destacó con su discurso cuando afirmó:

…solo bastó que alguien dijera que Perón necesitaba la presencia de su pueblo, para que el maravilloso pueblo argentino, ese auténtico pueblo descamisado que lo integran los trabajadores, hombres, mujeres y hasta niños y ancianos, se lanzaran a la calle, para juntarnos codo con codo en las plazas públicas de todas las ciudades y así unidos esperar órdenes para accionar y demostrar al mundo que en la Nueva Argentina se hace lo que el pueblo quiere y no lo que los “vende patria” o los traidores desean. Es por eso, que el movimiento sedicioso encabezado por un grupo de malos soldados y peores militares fracasó, y porque la acción de los buenos que son los más y los mejores, a Dios gracias, supo imponerse decididamente […] solo la doctrina justicialista salvará al mundo de los horrores de las luchas intestinas […] para el justicialismo la libertad como la prosperidad, el capital, la economía, la cultura y todo lo que es un bien del hombre, no es solamente un bien individual, sino que es también un bien social. El mundo capitalista y su teoría capitalista, había llegado a la explotación del hombre por el hombre y así el pueblo trabajador estaba al servicio de la economía y la economía servía solamente al capital.

[…]

…en las fábricas, en los talleres, en las actividades todas del músculo, el único rey y señor era el dueño del capital oro, que insaciable en su ambición, solo pensaba en aumentar sus caudales, olvidando que el capital trabajo es producido por el esfuerzo inteligente y desgastador de seres humanos que sienten y piensan, que tienen legítimas aspiraciones y que necesitan de un mínimo de dignidad y bienestar para lograr los fines eternos para los que todos fuimos creados. Perón elaboró una nueva concepción justicialista y estableció que el capital debe estar al servicio de la economía y la economía servir de modo tal al pueblo que asegure al que trabaja un ingreso medio de jornal superior al costo de vida (3).

Fue detenida por la Revolución Libertadora y, como en el caso de Larrauri de Abrami,  el 17 de mayo de 1956 el juez Luis Botet solicitó ampliar su prisión preventiva por “traición y asociación ilícita”; el 12 de marzo de 1957 la Cámara Nacional de Apelaciones en lo civil, comercial y penal especial y lo contencioso administrativo, confirmó la prisión preventiva a “jerarcas del peronismo”. El 8 de marzo de 1984, junto a otras ex legisladoras, recibió una medalla recordatoria por parte de la Honorable Cámara de Senadores por su labor.

Ilda Leonor Pineda de Molins

Nació en 1909. Comenzó su militancia política en el peronismo y participó de la fundación del Partido Peronista Femenino. Luchó por la sanción de la Ley 13.010 mediante la cual pudo ser elegida en 1951 como Senadora Nacional por la Provincia de Buenos Aires. En la Cámara Alta ocupó el cargo de Vicepresidente segunda y luego, Vicepresidente primera.

Depuesta por el Golpe de Estado cívico militar de 1955, participó en la resistencia peronista, siendo nombrada en 1963 por Perón como representante de la rama femenina dentro de la comisión interventora del Movimiento Justicialista.

Elena Di Girolamo

Nacida en Mercedes, Corrientes. Hija del jefe de estación de aquella ciudad, se mudó a Buenos Aires donde comenzó a trabajar junto a Eva Perón.

Tras bregar por la sanción de la Ley 13.010, en 1951 fue elegida como Senadora Nacional por la Provincia de Corrientes donde la participación de las mujeres en la elección fue muy alta: de un padrón de 138.700 votó el 77,49 % (frente a un 77,16 % del padrón masculino).

En la Cámara Alta integró las comisiones de Obras Públicas y de Legislación General y Asuntos técnicos; fue miembro de la Comisión bicameral especial de viviendas.

Elvira Rodríguez Leonardi de Rosales

Se desempeñaba como maestra normal nacional y formaba parte de la Unión Cívica Radical cuando nació el peronismo. Adhirió al nuevo movimiento y se integró al Partido Peronista Femenino. Aprobada la Ley 13.010, fue elegida Senadora Nacional en 1951. Integró la comisión de Asuntos Constitucionales y ocupó el cargo de secretaria de la comisión de Presupuesto y Hacienda. Cuando se presentó para debatir la ley de divorcio vincular renunció a su banca porque cuestionó dicha iniciativa por su filiación al catolicismo. Fue entonces expulsada del PPF. En su reemplazo asumió José Miguel Urrutia.

María del Carmen Castro de Aguer

Maestra, escritora, militante peronista. Fue senadora nacional por la provincia del Chaco –por aquel entonces presidente Perón- y ocupó la presidencia del bloque peronista en 1953. Nacida en Itacaruaré, Misiones, en 1917, se recibió de maestra normal en la Escuela Normal Nacional de Maestras “Juan Pujol” de Corrientes. Ejerció la docencia en Villa Ángela, Puerto Tiro y en Resistencia, Chaco. Delegada censista del Partido Peronista femenino recorrió cada rincón del Chaco organizando social y políticamente a las mujeres peronistas.

En las primeras elecciones realizadas en la Provincia Presidente Perón, antiguo territorio nacional del Chaco, en 1953, resultó electa senadora nacional. Fue la primera mujer en ocupar el cargo de presidenta del bloque peronista en la cámara alta; además, presidió la Comisión de Educación y representó al Parlamento argentino en las 37° Conferencia Interparlamentaria de Viena y en la Conferencia para Padres realizada en Londres en 1954. Fue depuesta por el Golpe de Estado cívico-militar de 1955. En 1994 fue elegida como convencional constituyente por la provincia de Buenos Aires donde trabajó en un proyecto de Educación que fue incorporado en la nueva Constitución Nacional. Publicó a lo largo de su vida 16 obras. Integró la Sociedad Argentina de Escritores y el Sindicato Nacional de Escritores Españoles. Obtuvo varios premios y reconocimientos por su obra literaria. En 1997 publicó su último poemario Eternidad y gloria donde evocaba a Eva Perón. Por otro lado, se destacó por su militancia en el campo cultural: integró la mesa directiva del Club del 45 donde confluían peronistas de la primera hora que buscaban conservar la doctrina del movimiento, integró también el Círculo de Ex Legisladores de la Nación.

Homenajes tardíos e historias pendientes

El primer homenaje a estas mujeres llegó un día como hoy, el 8 de marzo de 1984. Recibieron una medalla recordatoria por parte de la Honorable Cámara de Senadores en reconocimiento a su labor. Algunas de ellas integraron y participaron activamente del Círculo de Ex Legisladores y continuaron su militancia política. Sin embargo, sus historias aún son desconocidas no solo para la ciudadanía en general sino también dentro de la producción historiográfica. Es por esto que, con este artículo, esperamos haber rescatado algunas de las acciones de estas mujeres que abrieron camino en la política nacional, como invitación a seguir estudiando la lucha por la igualdad política y, también, por la justicia social.

* Licenciada en Historia (UNLu) y Especialista en Pensamiento Nacional y Latinoamericano (UNLa). Directora del CEIL.

Lecturas sugeridas

  • Barry, C.; Ramacciotti, K.; Valobra, A. (ed). (2008). La Fundación Eva Perón y las mujeres: entre la provocación y la inclusión. Buenos Aires: Editorial Biblios.
  • Barry, C. (comp.). (2011). Sufragio Femenino. Prácticas y debates políticos, religiosos y culturales en Argentina y en América. Buenos Aires: EDUNTREF.
  • Bellota, A. (2019). El peronismo será feminista o no será nada. Aportes para la construcción de un feminismo nacional y popular. Buenos Aires: Galerna.
  • Navarro. M. (2011). Evita. Buenos Aires: Edhasa.

Notas:

  1. Es frecuente encontrar en enciclopedias libres, artículos periodísticos e incluso en bibliografía académica que su segundo mandato como senadora se desarrolló entre 1973 y 1976 pero esta información es errónea ya que no figura ni en el libro de matrícula del Senado de la Nación así como tampoco su nombre en ninguna de las actas de sesión de dicho período.
  2. Fuente: Congreso Nacional, Diario de la Cámara de Senadores. Buenos Aires: Imprenta del Congreso de la Nación, 1953, p. 211.
  3. Diario Córdoba, 17 de octubre de 1951 citado en: Patricia Roggio, Mujeres peronistas, de los Centros Femeninos a las Unidades Básicas. Córdoba. 1945-1951 Disponible en: https://cehsegreti.org.ar/historia-social-5/mesas%20ponencias/MESA%204/ROGGIO_4.pdf
Fuente:
Revista Allá Ité
Etiquetas: Voto femenino

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