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04/06/21
Los poderosos medios de comunicación en Colombia: testigos y cómplices de todas las masacres
Por Daniela Guz Mar

Canal Caracol, RCN, El Tiempo, la Revista Semana, entre otras, son algunas de las tribunas de desinformación local e internacional, que históricamente han buscado imponer en los colombianos una ideología reaccionaria. El descaro de sus mentiras, responde exclusivamente a los intereses de una élite de multimillonarios, que concentran a los medios más poderosos de Colombia. El país se ubica en el lugar 134, en la clasificación mundial de la libertad de prensa, realizada por la ONG Reporteros sin Fronteras y que incluye a 180 nacionalidades.

Durante el mes que lleva el Paro Nacional en Colombia, han sido múltiples las fotografías, videos y transmisiones en vivo que han evidenciado la permanente violencia de la Policía contra los manifestantes y diferentes hechos de corrupción por parte del Estado en el desarrollo del mismo. Estas primicias, sólo se han logrado gracias a las publicaciones de usuarios a través de las redes sociales y de algunos medios alternativos de comunicación, que con las uñas e inclusive arriesgando su vida ante las permanentes amenazas en su contra, han tratado de publicar una realidad que tiñe de sangre y abusos las manifestaciones y que la mayoría de señales de radio y televisión el país, se afanan por esconder con una impunidad que no es nueva en sus libros de estilo.

La totalidad de sus contenidos, no sólo están pensados para entretener y distraer a la audiencia, sino que a través de sus supuestos programas informativos, se han ocupado vehementemente de deslegitimar la protesta y el derecho a la misma, con su ya natural uso de términos con los que pretenden afirmar, que las movilizaciones son influenciadas por disidencias de grupos guerrilleros, individuos pertenecientes a lo que llaman «el régimen venezolano», o a un simple grupo de jóvenes desadaptados que no merecen ningún otro derecho ni reivindicación, más que ser estigmatizados como “vándalos”. Su defensa ha sido permanente hacia las instituciones armadas, mencionando sólo como dato de color o inclusive omitiendo, la responsabilidad de la Policía y todo el Estado en los más de 60 asesinatos de jóvenes y centenares de desaparecidos que hasta el momento se registran.

Son estos Imperios comunicativos, los que imponen presidentes y congresistas y que manipulan intereses económicos mientras minimizan y desdibujan la realidad del país. De igual forma, hacen invisible la imagen de referentes que buscan justicia social y que son líderes que defienden derechos humanos, ambientales, a los jóvenes o el campesinado.

Cómplices de encubrir grandes escándalos de corrupción como por ejemplo, Odebrecht, las “chuzadas” o interceptaciones telefónicas y seguimientos ilegales, por parte de miembros del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS), en conjunto con organizaciones paramilitares, como forma de intimidación política y social a miembros de la oposición, sindicalistas, activistas, universitarios y otros. Asimismo, en su rutina desinforman y mienten con respecto al propio conflicto armado interno de Colombia y han llegado a encubrir masacres directas como los ya conocidos Falsos Positivos.

Con métodos cada vez más superficiales, casi la totalidad de sus producciones tanto escritas, radiales o televisivas, deslizan ideología subordinada y racista bajo apariencia de hechos neutrales. La omisión de veracidad ocupa el primer lugar, junto a la inexistente reflexión y crítica hacia el régimen político, convirtiéndose en simple maquinaria de consumo y modelos a seguir. Son sus periodistas, los que reproducen las líneas informativas y editoriales señaladas por sus directores, ante la ausencia de democracia informativa que por el contrario, significa un verdadero monopolio.

La relación entre los medios de comunicación y poder económico, religioso y legislativo, siempre se extiende hasta la política, logrando consolidar como presidentes de la nación a nefastas figuras, impuestas por los más ricos del país. Estos no sólo tienen el control absoluto de los productos de todo tipo que consumen los colombianos, sino que han formado en ellos su visión del mundo y lo que suponen un “correcto estilo de vida”, haciendo que las audiencias crean como propios, los pensamientos de esa élite inmunda que lo único que quiere es empobrecerlos cada día más. Pero, ¿Quiénes son los dueños de estos medios de comunicación en Colombia?

Son un puñado de conglomerados, casi todos con sede en la capital Bogotana, los que concentran a las mayorías como su audiencia y se han convertido en una influencia dominante en la opinión pública. Los medios alternativos e independientes, representan una minoría que si bien está en desarrollo y crecimiento, no logra competir con los hombres más ricos de Colombia.

Caracol Televisión

Este canal privado, es uno de los primeros en audiencia y de los dos más influyentes a nivel nacional junto con RCN. Su dueño es el conglomerado Valorem (antigua Bavaria) fundado en 1997, por Julio Mario Santo Domingo, que para el 2001 ya contaba con 129 compañías a nivel nacional y más de 100 alrededor del mundo, entre ellas Caracol. El medio que nació como programadora a finales de los 70, recién en 1998 comenzó sus transmisiones en televisión incluyendo entre otros contenidos, un noticiero con tres emisiones diarias y una señal internacional que llega a 23 países.

El Grupo de la familia Santo Domingo, también es propietario del Diario El Espectador, la Blu Radio y la revista Cromos, entre otros medios de gran influencia nacional. Julio, el patriarca de la familia Santo Domingo, consolidó para el resto de sus generaciones uno de los Imperios económicos más importantes del país, el grupo tiene compañías que participan en los sectores: Inmobiliario, turismo, logística y transporte, industria, medios y entretenimiento.

En la actualidad, su hijo Alejandro está a cargo de los negocios familiares como director ejecutivo de Valorem. La exclusividad de la
familia, no sólo ha tenido que ver con los negocios y sus dobles nacionalidades con países del primer mundo, sino también con sus lazos con las clases altas y aristócratas del mismo, ya que por ejemplo la madre de ésta perteneció a la “socialité” criolla, y una de sus nietas, Tatiana Santo Domingo, está casada con Andrea Casiraghi, hijo mayor de la princesa Carolina de Mónaco.

Como es evidente, los dueños de dicho medio de comunicación no representan para nada a las mayorías de la sociedad en Colombia, un país caracterizado por la pobreza extrema, violencia y desigualdad social. Por el contrario, son el claro ejemplo de la concentración de poder y de una fortuna que han amasado a costa de la precarización de los colombianos, ya sea en ámbitos laborales a través de sus diferentes empresas o en los productos que imponen y comercializan.

Canal RCN

RCN (Radio Cadena Nacional), se fundó en 1967 e inició transmisiones en el 98, es el segundo canal con mayor audiencia del país, que con al menos 50 medios y alrededor de 160 emisoras, llega a casi todos los rincones de Colombia. El canal pertenece a la Organización Ardila Lülle, que a su vez es dueña de más de 30 empresas de diferentes rubros como por ejemplo: Postobón (bebidas azucaradas), Incauca (ingenio azucarero), Los Coches (autodenominado el concesionario de autos más grande de Colombia).

Carlos Ardila Lülle, está considerado como uno de los hombres más rico del país y su fortuna lo ha ubicado en el lugar número 200, en el listado de la Revista Forbes, como uno de los empresarios más adinerados del mundo. En el 2017 ocupó el puesto 120.

El Tiempo

El Tiempo, es el periódico de mayor circulación en Colombia. Si bien desde sus inicios en 1911, estuvo ligado a la familia del ex presidente Juan Manuel Santos, desde el 2012 la Casa Editorial El Tiempo, es propiedad del magnate Luis Carlos Sarmiento Angulo, quien se ha hecho como banquero y empresario. El grupo también es dueño de las revistas Portafolio, City TV y canal el tiempo, entre otros. Desde el 2001 y por siete años, este periódico se dio el lujo de ser el único de circulación diaria nacional, ya que El Espectador su mayor competencia, sólo se imprimía los fines de semana debido a la crisis económica que vivía por esos años.

Sarmiento Angulo, agrupa empresas e inversiones en negocios de la agroindustria, minería, hotelería e inmobiliaria, también es el presidente de uno de los grupos financieros más grandes de Centroamérica y Colombia, el Grupo Aval Acciones y Valores, que dirige varios de los bancos más importantes del país como: Banco Popular, Banco de Bogotá, AV Villas y Banco de Occidente. De igual manera es propietario de Porvernir, principal compañía de seguros, fondos de pensiones y cesantías, en uno de los países más difíciles para pensionarse o jubilarse.

El Espectador

El Periódico El Espectador, tuvo origen en 1887 y es propiedad del Grupo Empresarial Santo Domingo–Valorem, que también controla el Canal Caracol. Si bien este es el periódico más antiguo de Colombia, es el segundo en circulación. Sus publicaciones en contra del narcotráfico hicieron que en 1986, Pablo Escobar ordenara el asesinato de su entonces director Guillermo Cano Isaza. Tres años después, un camión con más de 100 kilos de dinamita, explotó frente a la sede periódico.

Revista Semana

La revista Semana, surgió en el 2000 queriendo ser una copia de la estadounidense Time, es la principal revista de análisis político y opinión de Colombia que ha realizado algunos reportajes y denuncias acerca de los casos de corrupción como el de Odebrecht y la parapolítica (participación de paramilitares en congreso). Sin embargo, su dueño es Felipe López Caballero, quien nació en una privilegiada e influyente familia de la élite política, ya que es hijo y nieto de los ex presidentes Alfonso López Michelsen y Alfonso López Pumarejo. Con estudios en Suiza y Londres, vivió durante 10 años en este último país, en donde también trabajó para la Federación Nacional de Cafeteros.

En 2019 la revista fue comprada por el conglomerado Gilinski Group, propiedad de Jaime Gilinski, banquero y empresario considerado en Forbes, el segundo más rico de Colombia después de Luis Carlos Sarmiento Angulo. Desde el 2020 Vicky Dávila, se desempeña como editora del medio, a lo largo de su carrera, la periodista se ha caracterizado por sus polémicas y discriminatorias columnas y la vehemente defensa del expresidente Álvaro Uribe, de quien pareciera sentirse amiga y admiradora.

Si bien los anteriores son algunos de los medios más populares e influyentes de Colombia, existen pocas excepciones que se auto perciben como independientes, es el caso de Noticias Uno, medio bajo la dirección de la periodista y escritora Cecilia Orozco Tascón. A pesar de que es de los pocos que puede llegar a ofrecer una visión menos aleccionada y más crítica, es un canal exclusivo de televisión paga y que sin embargo, se posiciona con neutralidad en otros temas de control social como por ejemplo la religión. Cabe resaltar que Colombia es un país de predominancia católica y que en algunos casos, han sido los mismos jóvenes combativos de las primeras líneas, los que han realizado oraciones en grupo, previo a las jornadas de lucha.

Canal 2

Sin lugar a dudas, una de las revelaciones que a nivel informativo hasta el momento ha dejado el Paro Nacional, es el Canal 2, medio de televisión de Cali, ciudad que ha sido epicentro de las protestas y de los abusos a los Derechos Humanos del gobierno asesino de Iván Duque en contra de los jóvenes. Si bien este medio ya era conocido en la ciudad, su popularidad ha aumentado a través de las redes sociales y en especial, la de uno de sus periodistas, José Alberto Tejada. Muchos de los usuarios y manifestantes, consideran que “es de los pocos medios que ha visibilizado la feroz represión, los asesinatos y abusos de policías y civiles armados y escoltados por los mismos”.

Ha sido tal la aprobación a su trabajo por las mayorías movilizadas, que la propia comunidad reunió dinero para donarles chalecos antibalas, elemento que cada vez se hacen más necesario en las calles. El principal accionista de este medio, es La corporación Cívica Daniel Gillard, nombre tomado de un sacerdote belga que en la década de los 70, realizó trabajo comunitario en los suburbios caleños.

Por otro lado y pesar de que algunos de los dueños de los grandes medios son multimillonarios, en marzo de este año, el Ministerio de las Tecnologías y la Información, manifestó su intención de subsidiarlos con alrededor de 80 mil millones de pesos, para “ayudarlos como parte de la reactivación económica tras la pandemia e impulsar su modernización”. Dicho proyecto recibió críticas de algunos medios alternativos y digitales, debido a que consideraron que los requisitos para participar fueron excluyentes y burocráticos. Lo anterior hace evidente la prioridad para el “distinguido” lobby mediático del Palacio de Nariño, residencia oficial del presidente. Son estos buitres y sus patrones, los que vigilan cada proyecto de Ley del gobierno de turno.

Es así como estos mandos y potencias comunicativas, elaboran con seducción los marcos propicios para disfrazar como favorable algo que no lo es para los televidentes, las intenciones de amedrentamiento y desinformación del político de la época, se moldean con las visiones de sus amigos y falsos expertos en determinados “temas de interés general”, que son impuestos por sus jefes y la respectiva línea editorial a la que responden. Su prioridad, es servir a los intereses del empresariado nacional, alineados con otras instituciones de control como la Iglesia y las Fuerzas Armadas.

Con respecto a sus programas, la mayoría de las producciones son formatos del exterior en los que prevalece la indigencia de contenidos relacionados con por ejemplo, la literatura, el arte, la cultura, la ciencia o la filosofía. Plagados de Reality Shows y novelas basadas en la vida de narcotraficantes, aclamadas dentro y fuera del país, sus piezas de comunicación son meras ficciones, carentes de una correcta y verdadera narración de la historia nacional. Lejos de hacer una crítica o elaborar un mensaje a favor de los oprimidos, estos despliegan una permanente superficialidad y construyen un mensaje imborrable en apología a la cultura narco paramilitar que se vive en la cotidianidad.

Según Reporteros sin Fronteras, “en Colombia siguen siendo frecuentes las agresiones, las amenazas de muerte y los asesinatos de periodistas, por lo que aún es uno de los países más peligrosos del continente para la prensa, debido al crimen organizado, los grupos paramilitares y los narcotraficantes en su contra”. Algo que estos medios basura nunca denuncian y que por el contrario han escondido, sometiendo a los colombianos durante décadas, pero que sin embargo, están perdiendo cada vez más credibilidad y respeto por muchos que durante años fueron sus televidentes exclusivos.

Es por esto que se hace urgente y necesaria la construcción y difusión de otros medios que consigan hacer contrapeso a esta barbarie comunicativa y que puedan aportar la veracidad que corresponde al estallido social más grave que ha sufrido Colombia en su historia reciente.

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