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02/09/21
Temas: Historia
Regiones: Vietnam
A 76 años de la declaración de independencia de Vietnam
Por ANRed

Una mañana de otoño, hace 76 años, ante una masiva manifestación en la plaza Ba Dinh de Hanói, el flamante presidente Ho Chi Minh leyó la Declaración de Independencia de Vietnam. Allí anunció a sus compatriotas y a los pueblos del mundo que, tras la victoriosa Revolución de Agosto, en la que el Viet Minh derrotara a la administración colonial francesa en Indochina, nacía la República Democrática de Vietnam (hoy República Socialista de Vietnam).

Ho Chi Minh exclamó que “Vietnam tiene derecho a disfrutar de la libertad y la independencia y, de hecho, se ha convertido en un país libre e independiente. Toda la nación vietnamita está decidida a aportar todo el espíritu y la fuerza, la vida y la riqueza para mantener esa libertad de independencia”.

Esta idea de darlo todo, hasta la propia vida, para mantener la independencia, sintetizaría el derrotero histórico del pueblo vietnamita, antes y después del célebre discurso del “Tío” Ho.

Diez siglos antes, en el año 938, Ngô Quyềnen logró la victoria militar sobre el Imperio Chino, y consiguió la independencia tras 1000 años de dominación. Diez siglos después, habiendo resistido a invasiones de mongoles y jemeres, el pueblo vietnamita llevaba a cabo una nueva resistencia: esta vez contra el colonialismo francés. Inmediatamente vencidos los franceses en 1954, Vietnam pasó a enfrentar al mayor imperio militar (y cinematográfico) del planeta: los Estados Unidos. Tras décadas de guerra, nuevamente vencedores en 1975, debieron hacer frente a los Jemeres Rojos de Pol Pot en 1978, y poco después, a China en 1979.

Indoblegables como (paradójicamente) aquellos galos que retratan las historietas de Asterix de los franceses Goscinny y Uderzo, la poción mágica del pueblo vietnamita parece ser la férrea voluntad popular contra la invasión extranjera, que una y otra vez se empeña en poner a prueba a ese pueblo del sudeste asíático.

En palabras de Gastón Fiorda, investigador argentino especialista en Vietnam, consultado por ANRed, “no se pueden entender las victorias de Vietnam frente a Francia, a Japón, o a Estados Unidos, si no se tiene en cuenta su genealogía de resistencia desde su fundación hace más de 2000 años. Hay resistencia y unidad, en las peores condiciones, en hambrunas con millones de muertos, en saqueos sistemáticos de potencias extranjeras. Vietnam tiene 54 etnias, pero en esa heterogeneidad, encontró la unidad nacional frente a la amenaza externa”. Y agrega: “hay otro factor, que es el rol de la mujer. Eso explica la reconstrucción desde las ruinas. Durante la guerra los Estados Unidos dejaron puertos minados, campos contaminados, hombres muertos, desaparecidos o psiquiátricamente muy alterados. La mujer fue fundamental en la guerra, proveyendo, empuñando armas y combatiendo al enemigo”, destaca. Es que a lo largo de los más de 2000 años de historia de Vietnam, las mujeres tuvieron un rol de lucha destacado y sobran ejemplos de su organización, tenacidad y resistencia, como el célebre «ejército del pelo largo».

El dominio colonial francés

El legado humanista de la ilustración, el republicanismo, la prédica de los principios de “Liberté, égalité, fraternité” de la Revolución Francesa y la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano no viajaron con los franceses que se lanzaron a ultramar y hacia 1867 establecieron las colonias en el sudeste asiático, y fundaron en 1887 la Indochina Francesa. Ya entrado el siglo XX, en la Indochina Francesa no se aplicaban las libertades democráticas que Francia pregonaba al mundo, y al igual que en Argelia y otras colonias, primaba un doble estado de excepción, con libertades y derechos para los colonos europeos, y la sobreexplotación para los pueblos colonizados. La persecución, el encarcelamiento y la brutal tortura de opositores locales eran la regla. Esta colonia comprendía los territorios que actualmente forman parte de Laos, Camboya y Vietnam (este último país había sido dividido por los colonialistas franceses en Cochinchina, Annam y Tonkín). Desde la llegada de los franceses, como ante cada invasión (antes y después de esto) en la larga historia de Vietnam, aunque Hollywood no lo haya mostrado, se organizaron diversas rebeliones contra la dominación extranjera.

Paradójicamente, sería un vietnamita instruido en Francia quien encabezaría la victoria definitiva en la lucha anticolonialista. Su nombre era Nguyen Sinh Coong y había nacido en la región de Annam. A los 10 años aprendió chino y de acuerdo a la tradición confuciana su padre le dio un nuevo nombre: Nguyễn Tất Thành (Nguyễn “El Realizado”).

Nguyen recibió una educación francesa en el Collège Quốc học en Huế (que compartió entre otros con figuras como el General Giap, Van Dong y Ngô Đình Diệm, rival y primer ministro de Vietnam del Sur). Trabajó como profesor. En 1911 se registró para trabajar en un vapor francés bajo el seudónimo de Văn Ba. Viajó embarcado y publicó varios artículos abogando por la independencia de Vietnam usando el nombre de Nguyễn Ái Quốc («Nguyễn el Patriota»). Tras recalar en París se unió al Groupe des Patriotes Annamites, un grupo de nacionalistas vietnamitas y colaboró con la fundación del Partido Comunista Francés. Años después se trasladó a la Unión Soviética (URSS) y posteriormente a China, desde donde fundó el Partido Comunista de Indochina (PCI). Allí sirvió como asesor en las fuerzas armadas comunistas, y en 1938 entró en contacto con Mao Zedong, que 11 años después vencería en la Revolución China.

Cuando en 1941, durante la Segunda Guerra Mundial, el régimen francés de Vichy -aliado al nazismo- cedió el control de Indochina a Japón, que invadió Vietnam con 50.000 hombres, Nguyễn, junto a Lê Duẩn y sus excompañeros de colegio, Võ Nguyên Giáp y Pham Van Dong, se convencieron de que era el momento de la acción. Así nació el Viet Minh, una fuerza independentista que nucleaba a nacionalistas y miembros del PCI. Fue allí cuando Nguyễn adoptó el nombre definitivo de Ho Chi Minh (“el que ilumina”).

Entre 1941 y 1945 la ocupación japonesa implementó una política de saqueo hacia Vietnam. Las condiciones de sometimiento fueron tales que en 1944 la hambruna se llevó una enorme cantidad de vidas, según quien lo relate, entre 400 mil y 2 millones. Los movimientos nacionalistas, anticolonialistas y comunistas se vieron cohesionados en la lucha ante un enemigo común, “el enemigo asíatico”, Japón. Esta resistencia contó con fuerte protagonismo del Viet Minh, que fue apoyado por los Estados Unidos y la URSS, e incluso por la Francia ya liberada. Mientras los japoneses cedían terreno, los franceses regresaban a Indochina recuperando sus antiguas posiciones, y el Viet Minh volvió a centrar sus ataques en las bases militares coloniales.

Como suele pasar en la historia, existe una profunda relación entre revolución y guerra. El 8 de agosto de 1945 la URSS invadió la región de Manchuria, bajo control de Japón. Tras las dos bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki en agosto de ese año, se produjo la caída final de Japón y su consecuente retiro de Indochina. De esta manera, la rendición del imperio del sol naciente en la Segunda Guerra Mundial aceleró el movimiento revolucionario.

Ese fue el escenario de la Revolución de Agosto, una revuelta social, que, tras breves enfrentamientos, el 2 de septiembre de 1945 dio lugar en Hanoi a la Declaración de Independencia de un Vietnam (brevemente) unificado bajo la presidencia de Hồ Chí Minh, quien ante unas 500.000 personas exclamó que “Un pueblo que se ha opuesto con coraje a la esclavitud francesa durante más de ochenta años, un pueblo que resueltamente se ha puesto del lado de los Aliados contra los fascistas durante los últimos años, este pueblo debe ser libre, este pueblo debe ser independiente”.

Desde la Embajada de la República Socialista de Vietnam en la Argentina, las autoridades consultadas por ANRed declararon que “el éxito de la Revolución de Agosto, que condujo al nacimiento de la República Democrática de Vietnam, es la primera gran victoria de nuestro ejército y pueblo desde la dirección del Partido”, y agregan que “Fue un gran punto de inflexión en la historia de la nación vietnamita. Por primera vez, los vietnamitas tuvimos derecho a mantener la cabeza en alto y enorgullecerse de convertirse en ciudadanos de un país libre e independiente”.

La guerra de Indochina 1945 – 1954

La paz duró poco. Ante esta revolución de independencia, Francia, recientemente liberada del nazismo por los aliados, fue apoyada por China que reconoció los antiguos dominios coloniales franceses en Indochina. Si bien en principio la actitud francesa fue de negociar cierta autonomía con el naciente gobierno vietnamita, tras un breve período de relativa tranquilidad, los franceses comenzaron una serie de ataques contra los comunistas, incluyendo el bombardeo de la ciudad portuaria de Hai Phong que dejó miles de muertos.

Ho Chi Minh consideró esto inaceptable, y planteó una estrategia de sublevación con una política de desgaste, de infiltrar militantes del Viet Minh creciendo entre la masa campesina, que representaba a la mayoría de la población acompañando con folletería y movilizaciones. “En eso Vietnam tuvo aliados muy importantes como la URSS y la China de Mao. También el Partido Comunista Francés jugó un rol preponderante, no tanto ayudando a Vietnam del Norte, sino desgastando los intereses del gobierno de Francia en Indochina, similar a lo que pasó con el movimiento anti-guerra en los Estados Unidos amalgamado con la lucha de Martin Luther King. Fueron factores que sirvieron para el desgaste interno.”, sostiene Fiorda.

La victoria sobre los franceses costaría a Vietnam años de sangre e incansable lucha, hasta que, en 1954, con la batalla de Dien Bien Phu, una proeza logística orquestada con maestría por el general Giap, asestara el golpe de gracia al yugo del colonialismo francés.

La derrota francesa dio lugar a los acuerdos de Ginebra, celebrados entre el 26 de abril y el 20 de julio de 1954. En esas negociaciones se definió la división de Vietnam en Vietnam del Norte, comunista, al mando de Ho Chi Minh y Vietnam del Sur, capitalista, bajo el emperador Bao Dai como jefe de Estado, y otro ex alumno de la escuela francesa, Ngô Dình Diem, como primer ministro, con el compromiso de llamar a elecciones y unificar ambas zonas en 1956.

Pero el diablo metió la cola y esas elecciones nunca llegaron. En plena Guerra Fría, ante el temor al comunismo de Ho Chi Minh que gozaba de gran popularidad por su victoria frente al colonialismo francés y que sin dudas se alzaría con la victoria en eventuales elecciones, los Estados Unidos no firmaron los acuerdos y apoyaron a Ngô Đình Diệm, quien rechazó los acuerdos de paz y decidió perpetuarse en el poder con un régimen autoritario. Diệm, de la etnia Hoa de mayoría cristiana, persiguió con mano de hierro a toda la oposición: particularmente a budistas, y comunistas. Su actitud extremadamente represiva de las minorías religiosas y su vínculo con los Estados Unidos, a los cuales muchos vietnamitas veían como una continuidad de la rapiña extranjera que dejaron los franceses, serían factores que, en 1958 sembrarían el terreno para el regreso de las hostilidades y en 1960 se cristalizarían en la formación del Frente Nacional de Liberación de Vietnam (FNLV), fuerza a la cual los estadounidenses hicieron popular en occidente bajo la despectiva contracción de la expresión en lengua vietnamita de “Traidor comunista a Vietnam”: Viet Cong.

La Guerra de Vietnam

Comparación cuantitativa de la participación de EEUU en la segunda Guerra Mundial, la Guerra de Corea y la Guerra de Vietnam. Museo de la Guerra de Ho Chi Minh City. Foto: Matías Cervilla

Víctimas militares en Vietnam. Foto: BBC

El paulatino pero constante aumento de la intervención norteamericana para contener al FNLV y contrarrestar a Ho Chi Minh y al comunismo serían los factores que devendrían en la Guerra de Vietnam. Ofensiva del Tet mediante (retratada en un pasaje de Full Metal Jacket, la película de Stanley Kubrick), el conflicto fue saldado recién en 1973 con los acuerdos de París que signaron el retiro de las tropas norteamericanas (también participaron tropas australianas y neozelandesas) y en 1975 con la caída de Saigón (hoy denominada ciudad de Ho Chi Minh) bajo las fuerzas del FNLV y la unificación de Vietnam.

Las secuelas de la guerra en la población vietnamita se sienten aún hoy en todo el país. Además del napalm, el fósforo blanco, la destrucción del terreno, la enorme cantidad de muertes, calculada entre 3,8 y 5,7 millones, hoy más de tres millones de vietnamitas siguen sufriendo los efectos del agente naranja, por el color de los barriles que contenían al tóxico defoliante arrojado por los Estados Unidos que varias décadas después continua provocando nacimientos con malformaciones y enfermedades. También existen aún miles de bombas sin explotar en el lecho de los ríos, campos y selvas, que anualmente provocan muertes entre la población civil.

Los efectos tóxicos del agente naranja aún afectan a más de 3.000.000 de vietnamitas. Foto: Cordonpress

“Los Estados Unidos quisieron hacer a Vietnam inviable e inhabitable. Efectuaron la contaminación química de las napas de agua, y la destrucción total de casi todo el sistema de vida. Depredaron la vegetación, las plantaciones, bombardearon rutas, calles, fábricas, colegios, universidades. Fueron crímenes de masas, una matanza indiscriminada, crímenes de lesa humanidad”, describe Gastón Fiorda.  Y analiza sobre el desempeño norteamericano que “hicieron una mala lectura de la situación. Fueron peyorativos respecto a los vietnamitas y creyeron que tirando el doble de bombas que en la segunda Guerra Mundial iba a ser suficiente para ganar la guerra. Pero subestimaron al pueblo de Vietnam al pensar que eso iba a doblegar el espíritu de resistencia”. Y resalta que “si se mide la guerra por cantidad de bajas, Vietnam perdió millones de vidas. Pero las guerras deben medirse por objetivos y ahí es donde perdió Estados Unidos y ganó Vietnam”.

El rol de la propia prensa norteamericana fue un factor importante en términos propagandísticos. Según el investigador, fue quizá la última guerra donde los periodistas contaban todo con cierta libertad desde el propio frente de batalla, cosa impensable en los conflictos de Irak y Afganistán, por citar algunos ejemplos. “En los relatos de los diarios y los registros de TV estadounidense de la época se ve un pueblo pobre, aldeano, que nunca le hizo nada a los Estados Unidos, y a los marines apuntándole con las M16. Esa imagen dicotómica dio vuelta al mundo y generó adhesiones, y un espíritu anti-guerra incluso dentro de los Estados Unidos”, cuenta Fiorda. Estos hechos se encuentran retratados de manera brillante en el imperdible documental de Ken Burns, The Vietnam War (2017), tal vez, crítica mediante, el mejor material audiovisual sobre esta guerra.

Para los funcionarios de la embajada de Vietnam en Argentina el legado de la Guerra de Resistencia contra América (nombre con el cual los vietnamitas llaman a lo que en Occidente se conoce como la “Guerra de Vietnam”), está en que “el pueblo vietnamita demostró al mundo la inevitable quiebra del neocolonialismo”. Explican: “Como antes, la victoria de la Revolución de Agosto en 1945 y la victoria de la guerra de resistencia contra la invasión francesa en 1954 demostraron al mundo el inevitable colapso del antiguo colonialismo. El ejército títere de Saigón, en el que los estadounidenses pusieron su fuerza y dinero, fue destruido, lo que hizo que los aliados estadounidenses en Asia, África y América Latina comenzaran a desanimarse”. Según deslizan, eso hizo que tambaleara la creencia en la «invencibilidad» del imperialismo estadounidense. “En los 200 años de historia de los Estados Unidos, este fue el mayor fracaso”, cierran.

Fuente:
ANRed
Etiquetas: Ho Chi Minh

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