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14/06/21
16/06/1955 | Bombas sobre Plaza de Mayo
Por Fernando Bossi Rojas

«Esos mierdas de aviadores, después de asesinar gente a mansalva, se van a Montevideo a decir que cumplieron con su fe en Dios», escribía Ernesto Guevara a su madre el 20 de junio de 1955, al enterarse de los bombardeos efectuados por la aviación de la armada contra la población inocente, en Plaza de Mayo, ciudad de Buenos Aires, el 16 de junio.

Los aviones sobrevolaban la ciudad sin sorpresa para nadie, porque el gobierno peronista había organizado para ese día un acto de desagravio al Pabellón Nacional y al General San Martín, ya que unos días antes, en una marcha opositora organizada por la Iglesia, los manifestantes habían quemado una bandera argentina. Los sobrevuelos estaban dentro de las actividades programadas.

Pero el vertiginoso movimiento de gente y el bullicio tradicional de la zona se estremecieron cuando un avión Gloster Meteor lanzó la primera bomba, que destrozó e hizo volar en mil pedazos un transporte público repleto de escolares. De ahí en más la escala de destrucción fue precipitadamente en aumento. A las bombas, fuego y metralla se sumaron los disparos de los comandos civiles, –integrados por conservadores, radicales y socialistas–, que, junto con militares de la marina pretendían tomar la Casa Rosada.

El intento golpista fue derrotado en varias horas de combate. El saldo fue de más de 360 muertos y centenares de heridos. El bombardeo se produjo con 20 aparatos de la Aviación Naval, muchos de ellos pintados con la insignia “Cristo Vence”, quienes luego de cometer el incalificable crimen, huyeron hacia Uruguay.

El peronismo llagaba a su noveno año de mandato ininterrumpido trastocado profundamente la estructura de la Argentina agro-ganadera semicolonial.

Perón y su gobierno estatizó y nacionalizó las empresas y recursos considerados claves para la economía nacional, afectando así el maridaje entre el capital británico y la oligarquía vernácula. En política exterior levantó la Tercera Posición y avanzó en proponer una integración efectiva entre los países sudamericanos. Y hacia adentro, fortaleció al naciente movimiento obrero creando una legislación laboral avanzada como ninguna en la región. Argentina creció como nunca durante esos nueve años de gobierno peronista, alcanzando grados de autonomía tal que asustaba a las potencias imperialistas.

Era central entonces para el bloque oligárquico, siempre apoyado por Inglaterra y Estados Unidos, voltear sea como sea al Presidente Perón. Lamentablemente, tres meses después de este sangriento episodio, el bloque vendepatria se saldría con la suya, derrocando el legítimo gobierno popular.

Ya caído el gobierno de Perón, el Che le dice a su madre en otra carta: «Te confieso con toda sinceridad que la caída de Perón me amargó profundamente, no por él, sino por lo que significa para toda América, pues mal que te pese y a pesar de la claudicación forzosa de los últimos tiempos, Argentina era el paladín de todos los que pensamos que el enemigo está en el norte…».

Fuente: Portal Alba

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