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17/06/21
Temas: Historia
Regiones: Venezuela
La Cárcel de la Dignidad (III)
Por Adán Chávez Frías

I.- Las bolivarianas y los bolivarianos de estos tiempos damos la bienvenida al mes de junio; mes de conmemoración del Bicentenario de la gloriosa Batalla de Carabobo y, por tanto, de reafirmación de nuestros más profundos sentimientos patrióticos, como siempre lo hizo el Comandante Hugo Chávez, desde la génesis misma de la Revolución Bolivariana; tal y como lo hemos analizado en anteriores entregas de este seriado, al cual damos continuidad el día de hoy.

Luego de asumir la Presidencia de la República por segunda ocasión, en febrero de 1994, Rafael Caldera giró instrucciones para que los militares implicados en las rebeliones del año 1992 que permanecían privados de libertad, fueran liberados; una decisión a partir de la cual se reconocía la deuda política con los bolivarianos y se iniciaba el proceso correspondiente para materializar la referida orientación presidencial.

En consecuencia, fue nombrada una comisión para tratar directamente con el Comandante Hugo Chávez todo lo concerniente a la liberación de los patriotas, algunos de los cuales se negaban a aceptar dicha liberación. Pensaban que era mejor quedarse en prisión como un símbolo de rebeldía, como una manera de seguir protestando contra la praxis neoliberal de los gobiernos de la vieja República, cuyos representantes trataban de mantenerla viva.

Chávez por su parte pensaba lo contrario, visualizaba que en una coyuntura como esa, con toda la aceptación que el Movimiento Bolivariano tenía en el Pueblo, con el MBR-200 ya organizado en la calle; lo realmente lógico, lo que dictaba la conciencia política, era precisamente salir a recorrer el país, al contacto directo con la gente, a potenciar la organización, a debatir con el Pueblo cual sería la vía a seguir para continuar el camino hacia la toma del poder político.

Finalmente, quienes tenían una posición distinta se convencieron de que Hugo tenía razón, por lo que aceptaron las condiciones acordadas para una liberación que fue dándose paulatinamente. Chávez había realizado dos exigencias a quienes participaban en las conversaciones como representantes del gobierno de Caldera: ser liberado luego de que todos sus compañeros estuviesen fuera de prisión y que le permitieran ir uniformado a la Academia Militar, y allá firmar la baja del Ejército; exigencias que fueron aceptadas y conforme a las cuales se procedió.

II.- Unas semanas antes de su liberación, el Comandante Chávez fue trasladado al Hospital Militar para que le fuera practicada una operación en los ojos, a fin de tratarse un terigio avanzado que tenía; una intervención quirúrgica que se realizó de manera exitosa y luego de la cual el gobierno cumplió con todo lo acordado previamente; siendo liberado el líder histórico de la Revolución Bolivariana el 26 de marzo de 1994.

Los días de la estadía de Hugo en el Hospital Militar también fueron de una gran intensidad. Recuerdo que a pesar de las conversaciones sostenidas con los representantes del gobierno y, de alguna manera, la distensión mostrada por éste; la entonces Dirección de los Servicios de Inteligencia y Prevención (DISIP) seguía haciendo seguimiento permanente a las y los familiares de los detenidos. También, lo hacía con militares que sabía o suponía estaban relacionados con los bolivarianos y con las y los militantes del MBR-200, que ya eran miles a nivel nacional. En mi caso particular, vigilaban la casa donde residía por aquellos años, seguían el automóvil que conducía y se situaban en las afueras de los salones donde impartía clases en la Unellez.

Si bien usualmente lograba eludir a los oficiales de la DISIP, gracias a nuestra formación en la subversión como militante del Partido de la Revolución Venezolana (PRV); un día de aquellos en los que el Comandante Chávez estuvo en el Hospital Militar, ya casi para salir, nos confiamos un poco y posterior a una extensa conversación con el siempre recordado camarada y amigo Francisco «El Flaco» Prada, cuando compartíamos un café en un local de Parque Central para despedirnos, nos tomaron unas fotografías. El general que era jefe de la DISIP en ese momento, uno de los representantes del gobierno de Caldera que fungió como intermediario ante Chávez de cara a la liberación de los bolivarianos; le llevó las fotos, acompañadas de la advertencia de que le dijera a su hermano, el profesor, que se cuidara, que no siguiera conspirando, ya que podía llevarse un susto. Cuando llegué a visitar a Hugo, me hizo el cuento, me mostró una foto que el referido general le había dejado y nos reímos del incidente, pues estábamos resueltos a correr los riesgos que fueran necesarios para llevar adelante el proyecto de amplias transformaciones por el que tanto habíamos luchado.

III.- El liderazgo del Comandante Chávez ya era reconocido por miembros de toda la jerarquía militar; siendo algunos de los eventos que dan cuenta de ello, lo sucedido, separadamente, con los Generales Elio García Barrios y Jacinto Pérez Arcay. El primero de ellos, a quien correspondió como juez militar condenar a los terroristas implicados en la voladura del avión cubano en el que viajaban numerosos atletas y civiles, en 1976; solicitó permiso para visitar a Chávez en Yare, estando en lo que, para ese entonces, se conocía como situación de retiro.

Tras serle concedido el permiso solicitado, García Barrios se puso a la orden de nuestro Comandante Eterno y estuvo muy activo con nosotros organizando el MBR-200, hasta que en esos días de la estadía de Hugo en el Hospital Militar, le dio un infarto; y pesé a que logró resistirlo, tras recibir la debida atención médica en ese mismo centro hospitalario, su estado de salud se agravó y falleció. Yo mismo tuve que darle la triste noticia a Hugo, para quien fue un duro golpe; al igual que para todos nosotros.

Otro evento ocurrido durante aquellos días del Hospital Militar, está relacionado con el General Jacinto Pérez Arcay, a quien en lo personal sólo conocía por las referencias que me había dado Hugo, quien le tenía una gran estima como maestro, oficial de alto nivel patriota e intelectual. Sabíamos que le habían negado reiteradamente el permiso solicitado para ver al Comandante Chávez.

Un día en que visitaba a Hugo, me tocó almorzar en el restaurante del Hospital Militar. De pronto me doy cuenta que un señor me mira fijamente desde una mesa que estaba como a 20 metros de la que yo ocupaba. Pensé que se trataba de un funcionario de la DISIP, de los que ya estaba acostumbrado me siguieran; por lo que cuando en un momento vi que se levantó y dirigió hacia donde yo estaba, me preparé en consecuencia para responder a alguna impertinencia que pudiera recibir de su parte. Al llegar donde yo estaba, me preguntó a quema ropa si era hermano de Chávez; interrogante a la que respondí, pensando que se trataba de un integrante de los cuerpos de inteligencia de entonces, de manera brusca: «¡Si, soy el hermano de Chávez!, ¿por qué?».

Acto seguido, me extendió su mano y se presentó: «Soy el General Pérez Arcay»; gesto al que reaccioné levantándome como un resorte de la silla que ocupaba, ahora con expresión de alegría; al tiempo que, le invité a acompañarme. Recuerdo que conversamos como dos horas, entre otras cosas de todo cuanto había hecho para ver a Chávez y de cómo le habían negado toda posibilidad de que ello ocurriera. En ese punto, me comentó que lo que se le había ocurrido era, precisamente, lo que estaba haciendo: sentarse en aquel lugar y esperar ubicar a algún familiar del Comandante que pudiese llevarle una carta y unos libros que quería regalarle. En ese momento fue que me di cuenta que los traía consigo. Se trataba, entre otros, de varios textos relacionados con el pensamiento del Padre Libertador Simón Bolívar.

Al llegar a la habitación que ocupaba Hugo en el hospital, me preguntó porque había tardado tanto almorzando. Le conté acerca de lo sucedido, le entregué la carta y los libros, y se sintió muy feliz de saber que su maestro estaba pendiente de él, que lo apoyaba y estaba dispuesto a ayudarlo en todo lo que pudiese.

Las semanas en el Hospital Militar constituyeron parte importante de todo el proceso de formación que significó para nosotros, para los detenidos, y para los que en la calle organizábamos al MBR-200, la Cárcel de la Dignidad. Fue sin duda, un proceso de nuevos aprendizajes, de maduración, de fortalecimiento del liderazgo del Comandante Eterno de nuestra revolución.

Fuente:
Aporrea

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