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12/03/22
Regiones: Cuba
A 60 años de la reforma universitaria revolucionaria, ¿misión cumplida?
Por Luis Alberto Montero Cabrera

En 1962, apareció publicado en La Habana un documento con el título “La Reforma de la Enseñanza Superior en Cuba”,1 editado por el Consejo Superior de Universidades, creado un año antes para coordinar el trabajo de las tres instituciones de educación superior oficiales de entonces que habían sido reabiertas tras el triunfo revolucionario. El régimen batistiano las había cerrado casi tres años antes por ser “focos de subversión”.

Según versa en su introducción, esa reforma universitaria entró en vigor el 10 de enero de ese año al publicarse el número ordinario de la Gaceta Oficial de la República contentivo de las bases fundamentales de la reforma de la enseñanza superior. Señala también que la fecha fue seleccionada en homenaje a Julio Antonio Mella, pionero de la reforma universitaria en Cuba y símbolo del gran ideal de vincular la universidad a los trabajadores y al pueblo, por conmemorarse dicho día el 33 aniversario de su asesinato.

Repasar sus páginas es aprender de las visiones dialécticas de los tiempos. El escenario de entonces era el de un país recién salido de un poder político neocolonial que tuvo su clímax negativo en la sangrienta y corrupta etapa de la tiranía batistiana.

Se intentaba entonces resolver las contradicciones socioeconómicas que habían conducido ese estado de cosas a partir de los modelos del socialismo que se consideraban entonces con un presente y un futuro luminosos. La industrialización del país era un motivo constante y el sustento científico de ese proceso era imprescindible.

En el orden estructural se contaba con tres universidades públicas: la de La Habana, Las Villas en Santa Clara y Oriente en Santiago de Cuba. A partir de esa reforma, sus estructuras internas serían las de facultades como estructuras administrativas que agrupaban “escuelas” que, a su vez, contenían los “departamentos”, sustitutivos de las cátedras unipersonales que predominaban anteriormente.

La docencia se gestionaría con una comisión de profesores en las escuelas. El curso se distribuyó en dos semestres académicos, cambiando el obsoleto esquema anual. Se proveyeron rigurosas disposiciones para asegurar una enseñanza realmente activa, proscribiendo el “verbalismo”, el “memorismo” y el “pasivismo”. Se crearon esquemas para garantizar la formación integral de los alumnos.

También se creó la extensión universitaria como actividad sustantiva de penetración de la cultura y la ciencia universitarias en toda la sociedad. Todo esto y mucho más estuvo matizado también por la creación de la comisión de investigaciones, para garantizar que se promoviera y desarrollara la investigación científica en forma sistemática “y a un verdadero nivel superior”.

Así cumpliría la universidad “una de sus misiones básicas irrenunciables, cuyo abandono o deficiencia no puede concebirse en nuestra república socialista”. La universidad cubana de la reforma de 1962 quedó oficialmente como una universidad científica con fines igualmente importantes de formación de profesionales e investigación científica.

Obviamente, una cosa eran las declaraciones y otras las realidades del escenario imperante. El grueso de los claustros tradicionales había abandonado sus puestos y hasta el país. Las graduaciones de un par de decenas de institutos de segunda enseñanza alcanzaban escasamente unos 6 000 jóvenes al año. Muchas instalaciones eran claramente insuficientes y, como regla, no existían ni la tradición ni el saber hacer imprescindibles para crear esa universidad científica.

Muchos profesores de la enseñanza secundaria ocuparon plazas de docentes universitarios. Se tuvo que recurrir a personas calificadas que ni siquiera habían acabado sus estudios superiores y a estudiantes avanzados para impartir asignaturas básicas.

Para aumentar el alumnado se facilitó y aceleró el ingreso a la educación superior de estudiantes que tuvieran condiciones y completaban ese nivel de enseñanza dentro de las universidades. Se implementaron muchas otras acciones de supervivencia y fomento, algunas de ellas muy audaces y exitosas. Lo que sí se garantizó fue un amanecer para la universidad científica en el escenario de una Cuba revolucionaria, transformadora y más justa.

Mucho ha cambiado en este mundo y el escenario actual también está lleno de novedades y retos.

Algunas estructuras de las entonces creadas permanecen solo en el recuerdo. La universidad cubana está hoy en todas las provincias del país, educa a centenares de miles de estudiantes y genera regularmente más de la mitad de nuestra ciencia de alto nivel, según los premios anuales de la Academia de Ciencias de Cuba.

Ahora se dispone de una red de redes digital que facilita la comunicación y el intercambio que podría permitir graduar estudiantes en cualquier lugar del país y del mundo. La información disponible en la mejor biblioteca universitaria es ínfima en comparación con la que un estudiante o investigador pueden obtener instantáneamente mediante un teléfono, en cualquier sitio.

El nivel educacional promedio del cubano se reporta como de 11.8 grados,2 según la Universidad de Oxford, lo que es un éxito resonante en nuestro continente hacia el sur, pero no suficiente para una revolución como la nuestra. Los EE.UU. alcanzan 13.4 y Alemania 14.1 grados gracias a sistemas flexibles de educación superior que llegan a las comunidades y a esquemas de formación especializada de ciclo corto, que podrían tener un lugar en nuestra práctica y nuestras concepciones.

La autonomía municipal en Cuba requiere de la consolidación de la cultura científica y tecnológica desde las bases. La experiencia de los centros universitarios locales, si trascendieran solo la formación en algunas carreras de formato nacional y se adaptaran a las necesidades de cada localidad, podría elevar la escolaridad y también crear focos de ciencia e innovación que propulsarían el desarrollo de forma sostenible en muchos entornos.

Las concepciones imperantes acerca de las ciencias están dando un lugar significativo a rupturas de las fronteras entre las disciplinas tradicionales, tanto en la creación de conocedores como en la de conocimientos. Nuestras carreras tienen carácter nacional y algunas están enmarcadas en moldes disciplinarios demasiado estrictos que conllevan hasta uniformidades artificiales entre ciencias muy diversas.

La concepción de incluir a universidades especializadas como estructuras integrantes de los sistemas nacionales de salud y educación desde 1976 llevó a la fragmentación de la educación superior entre diferentes organismos y a una modulación endogámica de sus desarrollos. Esto suele frenar tanto a la universidad como a la innovación y competitividad de esos importantes servicios sociales. Esta situación solo se ha comenzado a corregir en el caso de la educación.

El escenario actual es radicalmente diferente al de cualquier etapa previa y así será de forma más o menos acelerada hacia el futuro.

El razonamiento científico nos conduce a las naturales preguntas: ¿está cumplida la misión de la reforma de 1962? ¿Debemos conformarnos por sus hechos o inspirarnos por su intención de transformación dialéctica? Las medidas tomadas respondían a la situación de entonces.

Sin embargo, los cambios socioeconómicos y culturales que condujeron al escenario actual merecen al menos una nueva mirada a muchos aspectos, si nos apropiamos de la intención renovadora y revolucionaria de entonces como uno de sus principales legados.

Esto nos invita a plantearnos el problema de una nueva reforma universitaria cubana desde sus propios fundamentos. No son obligatorias las transformaciones radicales e iconoclastas.

Se trata de mirar hacia un futuro que será absolutamente diferente para los estudiantes que estamos formando ahora mismo y para la ciencia que estamos produciendo como tesoro inalienable de los cubanos que verán el final del presente siglo.

Notas:
1 La Reforma de la Enseñanza Superior en Cuba. Consejo Superior de Universidades: La Habana, 1962; p 115.
2 Consultar enhttps://ourworldindata.org/grapher/mean-years-of-schooling-long-run
Fuente:
Cuba-Debate

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