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28/01/22
El diálogo sin diálogo, táctica desesperada de EEUU y su dócil OTAN
Por Vicky Peláez

Parece que la desesperación y la histeria se apodera de EEUU, la UE y su brazo belicoso, la OTAN, luego de que Moscú, por primera vez en los últimos 30 años, exigiera garantías de seguridad por escrito, fiables y a largo plazo sobre el desarrollo de acuerdos específicos que excluyan cualquier avance adicional de la alianza militar hacia el Este.

Aquellos a quien Dios quiere destruir, los hace primero locos (Eurípides, poeta griego, 484 aC – 496 aC).

También Rusia enfatizó la necesidad urgente de prohibir el despliegue de sistemas de armas en inmediaciones de sus fronteras que amenacen la seguridad del país. En adición, el Gobierno ruso declaró que era «absolutamente obligatorio asegurarnos de que Ucrania y Georgia nunca se conviertan en miembros de la OTAN».

Frente a estas exigencias rusas los estrategas occidentales se quedaron perplejos y no saben cómo resolver esta inesperada Trampa de Tucídides, como se le conoce al conflicto generado por una potencia en ascenso para desafiar a la potencia dominante.

Tan seguro estaba Washington de su poder sobre Moscú desde la perestroika de Gorbachov iniciada en 1985, seguida por la desintegración de la URSS en 1991, que ni siquiera prestó atención al discurso del presidente ruso en Múnich en 2007, donde Vladímir Putin condenó firmemente los esfuerzos de EEUU por tratar de construir un mundo unipolar y reprobó el acercamiento de la OTAN hacia las fronteras de Rusia.

La Administración de George W. Bush tomó en aquel entonces aquella declaración como una mera retórica rusa proyectada hacia el consumo interno.

Resultó que se equivocaron los norteamericanos en su análisis porque Rusia en estos 15 años —desde 2007 a 2022— no solo logró superar su complejo de inferioridad, sino se convirtió en una potencia regional con un excelente Ejército de alta movilidad que posee un armamento que supera en su capacidad al de EEUU y de la OTAN.

Frente a esta nueva situación, Estados Unidos, la Unión Europea y la OTAN ya no saben qué hacer y al darse cuenta de que en realidad no pueden hacer nada y adoptaron la táctica de amenazas baratas y sin sentido, nuevas sanciones, el traslado simbólico de sus tropas y las de la OTAN a Lituania, Estonia, Letonia y Polonia, sabiendo perfectamente que sus subordinados de la Alianza Atlántica e inclusive los mismos Estados Unidos no tienen fuerzas preparadas para confrontación con Moscú.

En estas condiciones no le quedó otra alternativa a EEUU de adoptar la táctica dilatoria en las conversaciones sobre las exigencias rusas y desviar la atención sobre «una inminente invasión de Ucrania» por las tropas rusas, lo que provocó una campaña de histeria en Occidente de la que se encargaron los medios de comunicación globalizados para crear la imagen de una Rusia agresiva que está amenazando la paz en Europa que terminará con la destrucción de Ucrania.

El mismo presidente Joe Biden y su secretario de Estado, Antony Blinken, en conjunto con el todavía más belicoso primer ministro del Reino Unido, Boris Johnson, están amenazando a Rusia con un «terrible desastre» que le espera en caso de atreverse a cruzar la frontera de Ucrania.

Todos ellos saben perfectamente que las tropas rusas están entre 130 a 180 kilómetros de la frontera con Ucrania y el Gobierno de Rusia ya está cansado de repetir que no tiene ninguna intención de atacar a nadie. Lo interesante de todo esto es que mientras Occidente sigue insistiendo en la inmediata invasión, el ministro de Defensa de Ucrania, Oleksii Reznikov, afirmó el pasado 20 de enero: «puedo decir absolutamente con certeza: a partir de hoy, las fuerzas armadas rusas no han creado un grupo de ataque que pueda llevar a cabo una invasión por la fuerza de Ucrania».

A la vez, el secretario del Consejo Nacional de Seguridad y Defensa de Ucrania, Oleksii Danilov, señaló que «Kiev no ve ninguna razón para hablar de planes para una invasión rusa a gran escala».

Por mucho que nieguen las autoridades ucranianas la posibilidad de una inminente invasión de Rusia, su opinión no significa nada para los rusófobos que están a cargo de la política exterior de EEUU, como el secretario de Estado, Antony Blinken, la secretaria adjunta de Estado, Wendy Sherman, la subsecretaria de Estado para Asuntos Políticos, Victoria Nuland, y el consejero de Seguridad Nacional, Jake Sullivan.

Si ellos dicen que Rusia está preparándose para la guerra sin presentar un argumento sólido que lo compruebe, entonces el mundo entero tiene que aceptarlo de manera silenciosa. Ninguno de estos estrategas norteamericanos tienen conocimientos de Rusia ni de su idiosincrasia, tampoco saben cómo contestar a las exigencias del Kremlin.

Lo único que les queda es mentir y acusar a Rusia de todos los pecados inventados por Occidente para ganar tiempo y decidir qué hacer. No obstante, desde las conversaciones del ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, con Wendy Sherman en Ginebra, que duraron unas ocho horas, ya se supo que no hay que esperar mucho de los norteamericanos.

Ned Price, el portavoz del Departamento de Estado, declaró en la conferencia de prensa casi inmediatamente después de aquel encuentro: «nos mantuvimos firmes en rechazar los propósitos de seguridad que hemos escuchado de Moscú».

Price sabía con anticipación que su país rechazaría la demanda de Rusia de no expandir la OTAN hacia el este. Los rusos también lo sabían, por eso no hubo ninguna sorpresa en Kremlin cuando el embajador de EEUU en Rusia, John Sullivan, entregó el pasado 26 de enero las respuestas sin respuestas a las demandas de Moscú de garantías jurídicas de seguridad, que, según Antony Blinken, bendijo el mismo presidente Joe Biden.

El documento entregado al Kremlin repite la tradicional y retórica demagogia norteamericana sobre la necesidad de diálogo y la democracia advirtiendo a Rusia que «las puertas de la OTAN siempre estarán abiertas» acepten o no lo acepten esto los rusos.

En vez de presentar algo concreto a las preocupaciones de Moscú, Washington ha seguido eludiendo el tema principal, desviándolo hacia la supuesta pronta invasión rusa de Ucrania, que no tenía que nada que ver con las ocho propuestas de Rusia expresadas en el documento entregado a EEUU.

Al usar el pretexto de Ucrania, Washington, según Blinken, está preparando «sanciones colectivas que afectarán severamente la economía, las finanzas, la defensa y la alta tecnología de Rusia si Moscú decide invadir Ucrania». Después de amenazar, Blinken declaró cínicamente que «Ahora todo depende de Rusia, de su seriedad de fortalecer la seguridad colectiva», añadiendo que «la pelota está del lado de Moscú».

Por supuesto, Rusia no esperaba ninguna respuesta diferente de la OTAN, cuyo secretario general, otro rusófobo declarado y fiel servidor de Washington, Jens Stoltenberg, repitió lo que reveló Blinken sobre el contenido de las respuestas de la Casa Blanca, a pesar de que el secretario de Estado norteamericano pidió al Gobierno de Rusia de ser discreto en presentar a la prensa el documento norteamericano.

Para crear más presión sobre Rusia, al día siguiente de la visita del embajador norteamericano Sullivan con las respuestas de Washington, el departamento de Estado norteamericano expulsó a 27 diplomáticos rusos y sus familiares de EEUU.

Así funciona la democracia y el diálogo al estilo norteamericano. No pueden tolerar los dirigentes estadounidenses que Rusia se ha atrevido a cuestionar el orden internacional establecido por Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial. El ultimátum de Moscú en el que exige garantías de seguridad tomó a la Casa Blanca de sorpresa y justo en el momento cuando el poder militar de Rusia y la preparación de sus fuerzas armadas han superado la capacidad bélica norteamericana.

A la vez, los líderes de Rusia han adquirido las cualidades necesarias para dirigir el país a las metas trazadas que Stalin definía como tener «el optimismo y los nervios de acero».

Moscú no necesita a la pobre Ucrania que está en completo desastre económico, financiero, social y político. El problema con Ucrania consiste en la posibilidad de una provocación bélica de Kiev instigada por Washington y realizada por sus destacamentos de nacionalistas radicales inspirados en el fascismo a la que Rusia tendría que responder.

Tampoco han entendido los norteamericanos que las garantías de seguridad que exigió el Kremlin fue un pretexto para darles a entender que su hegemonía mundial ha llegado a su fin y que si la OTAN sigue acercándose más a las fronteras de Rusia, Moscú sabrá cómo contestar. Decía Franklin D. Roosevelt: «nada sucede accidentalmente en la política. Y cuando algo sucede puedes apostar que fue exactamente planeado de esta manera».

Joe Biden y su Administración han perdido la conexión con la realidad y se han olvidado que históricamente Rusia siempre ha logrado en los tiempos difíciles, aunque a base de muchos sacrificios, ser vencedor.

Fuente:
Sputnik News
Etiquetas: Injerencia | OTAN

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