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19/11/21
Jefe de la CIA va a Moscú…. Rusia consigue que el estado profundo de EEUU preste atención
Por Finian Cunningham

Rusia no va a tolerar ninguna nueva provocación a su seguridad nacional. La cuestión ahora es: ¿Puede la elite del poder en Estados Unidos cambiar su comportamiento beligerante?

La «rara» visita de la semana pasada a Moscú del jefe de la CIA, William Burns, marcó un notable desarrollo. Pareciera que el establecimiento político de Estados Unidos ha escuchado la diana para enterarse directamente desde la dirección política de Rusia acerca de sus preocupaciones en torno a la paz internacional.

Por un lado, eso indica cuanto se han deteriorado las relaciones bilaterales. Por el otro, no obstante, una línea directa de comunicación entre Moscú y Washington podría contribuir a clarificar los puntos en conflicto y evitar una escalada.

El director de la CIA, William Burns, fue enviado la semana pasada a Moscú en una visita sorpresiva. Se informa que fue despachado por el presidente Joe Biden. Durante su visita de dos días Burns sostuvo reuniones separadas…. con el jefe del Consejo de Seguridad de Rusia, Nikolai Patrushev, y con la contraparte de Burns, Sergei Naryshkin, director del Servicio de Inteligencia ruso (SVR). Ambos personajes representan el más alto nivel de la seguridad estatal de Rusia.

Así mismo, durante su estadía el jefe de la CIA sostuvo una conversación telefónica con el presidente ruso Vladimir Putin. Se piensa que semejante llamada resulta extremadamente inusual. Según el protocolo normal sería Putin quien delegara a sus asistentes para participar en las conversaciones con dignatarios extranjeros.

Pero Burns no es cualquier dignatario extranjero. Se trata de un experimentado diplomático de 65 años de edad que anteriormente sirvió como embajador ante Rusia (2005-2008). Su prolongada carrera en el Departamento de Estado se combina con su último nombramiento como director de la Agencia Central de Inteligencia lo cual hace que Burns sea el representante del establecimiento y de la política exterior de Washington –es decir, el denominado Estado Profundo.

De este modo, su visita a Moscú puede ser vista como un momento en que la dirección política de los dos estados nucleares se enfrascan en directas y fuertes conversaciones. Mucho más que cuando el presidente Biden se reunió con el presidente Putin en Ginebra a comienzos del mes de junio pasado solo durante unas horas y con demasiada bulla de parte de los medios. Nótese también cómo Biden envió a Burns como su representante en esta importante ocasión y no al Secretario de Estado, Antony Blinken, como tampoco al asesor de seguridad nacional, Jake Sullivan.

La prensa norteamericana informó que….

sin lugar a dudas la misión de Burns en Moscú fue hecha como una distracción de la agenda real. Se informó que Burns hizo algunas advertencias acerca de la acumulación de tropas rusas en la frontera con Ucrania. El Kremlin descartó esos señalamientos… y las supuestas imágenes satelitales de movimientos militares tildándolas como fabricaciones infundadas. Hasta el ministro de la defensa de Ucrania —normalmente muy alarmista acerca de una «inminente invasión» rusa— señaló que no había ninguna acumulación de tropas como lo decían los medios de prensa norteamericanos.

De manera más plausible el Kremlin señaló….

que las conversaciones de alto nivel con Burns eran acerca de las «relaciones bilaterales» y los «conflictos regionales» sin mencionar mayores detalles sobre las discusiones. Eso sugiere que el lado ruso le estaba señalando a Estados Unidos, sin ambigüedades, sus preocupaciones en torno a su vital seguridad nacional y de manera igualmente importante cómo respondería cinéticamente si las líneas rojas eran violadas.

Hace solo unas pocas semanas el secretario de la defensa de Estados Unidos, Lloyd Austin, visitó Ucrania y durante su visita reiteró la posibilidad de una futura membresía en la OTAN. El Kremlin repetidas veces ha advertido que semejante acción sería cruzar una línea roja, lo cual provocaría una respuesta.

La insistencia de Austin en que Ucrania ingrese a la OTAN debe haber calado muy profundo en Moscú. ¿Cómo pueden esos norteamericanos ser tan burdos?

Recientemente Moscú también ha señalado que la acumulación de fuerzas de Estados Unidos y la OTAN en el Mar Negro sería otra de las líneas rojas. Pareciera que no se trata de una coincidencia que en los meses siguientes los barcos de guerra rusos estarán armados con los nuevos misiles hipersónicos

Existen otros factores contextuales importantes. El mes pasado el gobierno de Biden envió a la madura diplomática Victoria Nuland a Moscú para una visita de tres días. Nuland representa la política de Estados Unidos de cambio de régimen, principalmente por su actuación al orquestar el golpe de estado en Kiev el año 2014.

En Moscú ella fue recibida por el vice ministro de exteriores, Sergei Ryabkov. Se informó que la parte norteamericana hizo oídos sordos a las preocupaciones rusas en torno a Ucrania como también a la creciente ofensiva de la OTAN en las fronteras rusas y a las crecientes tensiones en las relaciones bilaterales.

Posteriormente, Moscú anunció que suspendía los canales diplomáticos con la OTAN. La medida se tomó por la expulsión de los diplomáticos rusos de Bruselas de quienes se dijo que carecían de verificación para estar trabajando como espías. Esa medida fue vista por Moscú como lo último en una serie de provocaciones de parte de la OTAN. Los canales diplomáticos se habían tornado redundantes ya mucho antes principalmente debido a la indisposición de la OTAN para comprometerse en un diálogo mutuo.

En todo caso, Moscú hizo saber que ya estaba harto de lidiar con fulanos y la cacofonía anti rusa. Al alejarse de la OTAN, el Kremlin le estaba haciendo saber a Estados Unidos que era mejor que empezara a tomar en serio sus líneas rojas.

Los asistentes del Departamento de Estado –incluso los halcones tipo Nuland—no son lo suficientemente idóneos para los graves efectos de comunicaciones delicadas. Como tampoco lo son los nominalmente avezados diplomáticos como Blinken o los burócratas tipo Sullivan, quienes a pesar de toda su aparente madurez, operan sobre la base de anotados puntos de conversación como si fueran solo mensajeros. Austin, el Secretario de la Defensa –jefe titular del Pentágono—también se reveló como nada más que un anotador durante su robótico periplo por Ucrania y Georgia. No vale la pena lidiar con semejantes personas cuando se trata de llegar al fondo del conflicto.

A veces la manera más efectiva para señalar un punto es mediante la reducción de las comunicaciones a un mínimo. Y de esa manera, ordenar el ruido y el eco y descartar los canales que carecen de una verdadera efectividad.

Rusia ha dejado en claro que Estados Unidos y la OTAN están promoviendo una potencial confrontación por Ucrania, el Mar Negro, los Balcanes y la región más extensa. Habiendo hecho eso y habiendo señalado las líneas rojas, pareciera que el Estado Profundo de Estados Unidos decidió que era mejor prestar atención a lo que Rusia tiene que decir.

La urgente vista a Moscú de parte de William Burns fue la ocasión para un serio diálogo en torno a cómo prevenir que las tensiones degeneren en una guerra. El Estado Profundo de Estados Unidos recibió el mensaje directamente. Rusia no va a tolerar ninguna nueva provocación a su seguridad nacional. La pregunta que ahora surge sería ¿Puede la elite del poder en Estados Unidos cambiar su comportamiento beligerante?

Nota.- Sus comentarios y opiniones acerca de este artículo serán bienvenidos en www.strategic-culture.org

Fuente:
Aporrea
Etiquetas: CIA | OTAN

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