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03/11/21
Las huellas corporativas detrás de Foro Cívico
Por Misión Verdad

El desempeño de las organizaciones no gubernamentales (ONG) en Venezuela ha tenido una clara impronta política, a pesar de la retórica apartidista y humanitaria que las acompaña. Aunque no podemos encasillarlas todas en el mismo renglón, sí podemos afirmar que la inmensa mayoría, si no todas, las más publicitadas en medios abiertamente antichavistas, se enmarcan en una labor de contraposición al Estado con intenciones de socavarlo desde el frente «ciudadano» en el corto y mediano plazo.

Teniendo en cuenta que dichas organizaciones protagonizan actualmente una vocería que incluso sustituye en ocasiones a la voz política de la oposición venezolana, se hace cada más notorio que su papel viene tomando mayor relevancia en la agenda antigubernamental. Por ello habría que prestarle atención a los pasos que vienen dando de manera agrupada y ya no tanto singularmente, salvo cuando el caso lo requiera.

Con el llamado Foro Cívico se abre un nuevo capítulo en el frente oenegero, pues en aquel se reúne una gran cantidad de fundaciones, académicos, periodistas, empresarios, sindicatos e instituciones privadas con un objetivo político común: la «restauración de la democracia en Venezuela». Su fin es elocuente si lo comparamos con la retórica opositora desde la refundación de la República.

Partida de nacimiento de otro antagonista del Estado

Durante un acto convocado en el Palacio de las Academias, en el centro de Caracas, el 5 de febrero de 2021 fue leído y publicado en distintas plataformas digitales un comunicado suscrito por 157 organizaciones, entre ellas asociaciones de distinto tipo, ONG, sindicatos, gremios empresariales, academias, instituciones religiosas, fundaciones, colegiados, así como 241 individualidades (periodistas, académicos, activistas políticos, empresarios, etc.) que se adhirieron al discurso emitido por el oficio.

Así nace oficialmente Foro Cívico Nacional, luego de articular con numerosas organizaciones y personalidades desde 2017 un mecanismo denominado Diálogo Social, plataforma de los actores convocantes bajo la forma de un «espacio de entendimiento» entre las instancias convocadas.

Una lectura detallada del comunicado emitido el 5 de febrero, titulado «Es hora de entendernos», da indicios de cuál es su propósito y hacia dónde apunta la coalición con tinte «ciudadano».

  • En el punto 1 declara que mantiene un «compromiso indeclinable con el camino de la paz, el entendimiento y la construcción de una solución negociada que tenga a la gente en el centro de su acción».
  • Luego, ratifica su «compromiso con la construcción de una solución pacífica, constitucional y electoral al conflicto venezolano» en el punto 2.
  • Con el tercero propone «plantear vías de solución a la grave situación por la que atravesamos millones de venezolanos, dentro y fuera del país».
  • Ya en el cuarto punto afirma que «busca incorporar las voces de los diversos sectores sociales en las decisiones trascendentales de la nación».
  • En el punto 5 alega que «la sociedad civil» debe apoyar una «hoja de ruta» para «sacar a Venezuela del estancamiento, una tarea urgente para evitar la prolongación del sufrimiento de la población», y que dicha «hoja de ruta debería restablecer canales de comunicación con el grupo en el poder».
  • Para después, en el 6, autocalificarse de «guardianes y garantes» de un escenario de «diálogo genuino entre las partes en conflicto» en virtud de «nuestro deber ciudadano».
  • Plantea, con el 7, «el desarrollo de los canales de comunicación necesarios para rediseñar un mecanismo de negociación que encamine al país hacia un porvenir de paz, bienestar y progreso para todos».
  • Luego propone, en el siguiente punto, «la conformación de un marco permanente de principios y prácticas compartidos que conduzcan a solucionar la emergencia social y a la reinstitucionalización de nuestra democracia», manifestando que ha «sostenido múltiples encuentros con actores de todo el espectro político».
  • Con el penúltimo punto exige «buscar soluciones urgentes» a «el grave estado de la salud, la alimentación, y la educación en el país, así como la defensa de nuestra soberanía territorial» «con el apoyo humanitario internacional».
  • Para terminar haciendo «un llamado a la comunidad internacional para que apoye, de manera coordinada y propositiva, los esfuerzos que desde la sociedad venezolana se adelantan para demandar a todos los actores políticos la participación en la tarea por alcanzar acuerdos progresivos que redunden en beneficios para la población, y cuya concreción no interfiera en la dinámica que debe darse entre las partes en conflicto para la resolución del problema político».
  • Con todo ello Foro Cívico plantea un escenario donde sea posible un «Acuerdo Nacional Democrático» que sea apoyado por la mayoría de la población venezolana «para abrir así el proceso de reinstitucionalización del Estado a través de la realización de unas elecciones libres, con reglas justas y resultados verificables».

Si bien puede leerse literalmente, el comunicado expone entre líneas un discurso trazado en la antinomia «sociedad civil» vs. Estado («grupo de poder») donde aquel es un actor supervisor de este, contraponiendo asimismo el hecho de que la coalición «ciudadana» es garante de una propuesta democrática que, por mampuesto, su contraparte no representa. Digno de un libreto político típicamente liberal.

Además, llama la atención que entre las organizaciones y las personalidades que suscribieron el documento «fundacional» de Foro Cívico no haya ningún actor, político o social, del chavismo u otros actores aliados del Gobierno Bolivariano, lo que denota la conformación de un frente identificado plenamente con la oposición venezolana y, por lo tanto, no inclusivo como alega.

Por lo que exhibe una retórica y una posición fuera de los márgenes de la «política tradicional» pero que, sin embargo, intenta influir decididamente en los espacios congénitos a que supuestamente se opone. No en balde Mariela Ramírez, vocero de Foro Cívico, en una entrevista para AlNavío, declara que la coalición podría «coadyuvar a sacar a Venezuela de la irresolución política y del estancamiento» mediante acciones políticas pero sin «aspiración de poder político», al menos desde el punto de vista tradicional.

Esta lógica expresa claramente la definición que el último informe especial del Instituto Samuel Robinson para el Pensamiento Original sobre el modelo multistakeholder que apunta «hacia la privatización del Estado mediante nuevas modalidades de reingeniería social, política y económica».

Dicha lógica propone que «una empresa multinacional, una ONG u otra variante de la ‘sociedad civil’ tendrían la misma legitimidad que el Estado a la hora de participar en el abordaje directo de una problemática de importancia pública. No obstante, aunque los Estados y las empresas no tienen finalidades homologables, dada la frontera objetiva entre la búsqueda de intereses particulares y generales, el enfoque plantea que el sector privado, en sus múltiples manifestaciones, otorgaría un marco de respuesta mucho más flexible, creativo y eficiente».

La partida de nacimiento del Foro Cívico, teniendo en cuenta el modelo corporativo de las ONG antichavistas en Venezuela, pone de manifiesto la disputa de la «iniciativa privada» por los espacios e instituciones estatales desde la nomenclatura «sociedad civil». Lo que da pie para profundizar su alcance y apoyo en algunas instituciones de carácter internacional, siguiendo el modelo multistakeholder del que se basa.

Plataforma internacional a la carta

Un punto de partida, no único pero sí clarificador, para entender el relacionamiento del Foro Cívico con el ámbito transnacional es el apoyo declarado que brinda una organización de importancia continental como lo es la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA, sus siglas en inglés).

El entusiasmo de WOLA por la emergencia de Foro Cívico se manifiesta por sí solo con la siguiente cita, pretextándolo como una organización no partidista, alimentado con una buena dosis de lobby a lo interno del aparato político-administrativo de Estados Unidos:

«En WOLA hemos apoyado profundamente el Diálogo Social, la coalición independiente de la sociedad civil que ayudó a organizar Foro Cívico, y creemos que el surgimiento del grupo es uno de los pocos puntos brillantes en un panorama en gran parte oscuro hoy en Venezuela. Hemos coorganizado varios eventos para crear conciencia sobre la coalición y sus objetivos, y continuaremos tratando de construir puentes que conecten a los legisladores en Washington y en toda la comunidad internacional con la sociedad civil independiente que trabaja por una solución pacífica y democrática».

La ONG estadounidense, autodenominada de «derechos humanos», ha tenido posiciones contradictorias con respecto a Venezuela, avalando en 2019 el régimen de medidas coercitivas unilaterales (si se tratan de «sanciones» individuales y no colectivas o sectoriales, el cual no es el caso) que han impuesto tanto Estados Unidos como el venido a menos Grupo de Lima cuyos impactos negativos en la sociedad venezolana han sido documentados suficientemente por actores nacionales e internacionales.

Una investigación del periodista estadounidense Alexander Rubinstein explica que «WOLA proporciona información y análisis para la Casa Blanca y el Congreso y recibe amplia circulación en los medios de comunicación como autoridad en América Latina, características más indicativas de un grupo de expertos en política exterior que de una ONG de derechos humanos».

Aunque ahora la organización apoya los esfuerzos de diálogo y negociación entre el Gobierno Bolivariano y las oposiciones, hace dos años estuvo en contra de este escenario que propuso el mismo Papa Francisco como mediador, al igual que los gobiernos de Noruega (uno de sus benefactores), México y Uruguay, gesto que fue condenado por Noam Chomsky y 123 académicos e intelectuales más por tratarse de una impronta «peligrosa».

De hecho, WOLA no se opone a la estrategia de cambio de régimen a la larga, así como a las violaciones del derecho internacional (caso Saab, por ejemplo) y a las «sanciones» ilegales que no discriminan víctimas. Solo está en contra de las «formas» cuando ya se hace evidente que la ofensiva antivenezolana causa mayor sufrimiento a la población en Venezuela.

Entre los principales «amigos» y financistas de WOLA se encuentran, de acuerdo a su informe financiero de 2012 (que no varía mucho de los otros que cuelga en su web de años anteriores), Open Society Foundations de George Soros, Ford Foundation, Western Union, CAF – Banco de Desarrollo de América Latina, Fundación MacArthur, etc. En este campo la ONG estadounidense comparte las mismas alianzas financieras con organizaciones locales como Provea, que también forma parte de Foro Cívico.

Una antropóloga y académica asociada al Council on Hemispheric Affairs, la estadounidense Adrienne Pine, escribió en 2010 un artículo donde detalla el apoyo que brindó WOLA al golpe de Estado en Honduras en 2009, de cuya responsabilidad se ufanó en su momento la entonces Secretaria de Estado Hillary Clinton, y lo caracteriza de esta forma: la organización es «tan poderosa y está tan bien conectada [con el circuito político de Washington] que desafiarla podría poner en grave peligro a las organizaciones».

  • Como dato «de color», el presidente de WOLA, Geoff Thale, apoya el cambio de régimen de Nicaragua.

Debido a esta conexión tan íntima entre esta institución y el establishment político estadounidense se hizo posible el viaje de una delegación de Foro Cívico a Washington en junio pasado. La delegación de la ONG venezolana estuvo conformada por Beatriz Borges Urrutia (CEPAZ), Deborah Van Berkel (Sinergia), Ricardo Cusanno (presidente de Fedecámaras), Enrique López Loyo (Academia Nacional de Medicina), la mencionada Mariela Ramírez (Movimiento Ciudadano Dale Letra) y Eugenio Martínez (periodista electoral).

Este cúmulo de personas que representaron a Foro Cívico en la capital estadounidense mantuvo reuniones, gracias al lobby de WOLA, con delegados de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), la Organización Panamericana de la Salud (OPS), la Oficina para las Américas de Asuntos Globales dentro del Departamento de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos; representantes del Congreso y miembros del Senado (no dijeron quiénes ni de cuáles partidos), y con el Subsecretario Adjunto del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado norteamericano, Kevin O’Reilly. De acuerdo a una reseña de CEPAZ, se trataron temas exclusivamente humanitarios.

  • Recordemos que USAID publicó en abril pasado un informe de su inspector general que revela que la «ayuda humanitaria» que se intentó ingresar a Venezuela en febrero de 2019, la conocida «Batalla de los Puentes», «fue motivado por el intento estadounidense de provocar un cambio de régimen más que por un análisis técnico de las necesidades y la mejor manera de ayudar a los venezolanos que lo requerían».

El apadrinamiento no termina allí, puesto que WOLA mantuvo una «mesa pública» con Foro Cívico desde Washington donde expusieron algunas de sus propuestas en común, además de compartir visiones sobre el conflicto venezolano.

Por otro lado, la coalición oenegera venezolana obtuvo una invitación por parte del Instituto Europeo de la Paz (EIP), con el apoyo del Centro Internacional de Toledo para la Paz (CITpax), para viajar a Madrid y Bruselas a principios de octubre, y que contó con la participación de Colette Capriles (politóloga), Ricardo Cusanno (presidente de Fedecámaras), Enrique López-Loyo (Academia Nacional de Medicina), Mariela Ramírez (Movimiento Ciudadano Dale Letra) y Feliciano Reyna (Acción Solidaria).

El denominado EIP es una institución formada en 2014 por los Ministerios de Asuntos Exteriores de nueve países europeos (España, Bélgica, Finlandia, Italia, Hungría, Luxemburgo, Polonia, Suecia y Suiza) «para ayudar a afrontar algunos de los principales desafíos que hoy experimenta el mundo», y «se ofrece como un socio independiente y flexible para la Unión Europea y otras instituciones, complementando y desarrollando los instrumentos que la Unión Europea ya tiene a su disposición».

Mientras que el CITpax fue fundado en 2004 como una «fundación sin ánimo de lucro cuyo objetivo es contribuir a la prevención y resolución de conflictos, y la construcción de la paz». De origen español, recibe financiamiento del gobierno de la Corona borbónica y de otras instituciones como la CAF, London School of Economics, Fundación FEMSA, entre otros.

Foro Cívico de esta manera cuenta con una plataforma internacional que lo apuntala como una organización de fuerza por sus conexiones corporativas e internacionales, aun cuando dentro de Venezuela aún tiene mucho que probar en el terreno político, más allá de su papel como polea de transmisión del poder corporativo en suelo nacional.

Una aproximación a la gobernanza corporativa

En una columna del 17 de febrero para el diario Últimas Noticias, el político de la vieja guardia cuartorrepublicana Ramón Guillermo Aveledo trae a colación la Revolución de Terciopelo en Checoslovaquia como una analogía de lo que Foro Cívico puede convertirse de manera potencial.

¿Por qué? A finales de la década de 1980 surgió una coalición anticomunista en la extinta Checoslovaquia que logró ganar las elecciones contra el partido gobernante, aliado de la Unión Soviética, y que luego de planificar y llevar a cabo el desmantelamiento del proyecto socialista en ese país, se disolvió. La organización se llamó, oh coincidencia, Foro Cívico.

Los liberales checoslovacos recibieron un fuerte apoyo de la Fundación Nacional para la Democracia (NED, sus siglas en inglés), creada por el Congreso estadounidense a principios de los 80, y otras ONG occidentales, de acuerdo a la académica y autora estadounidense Joan Roelofs. Sin ese sostén financiero y logístico, sin los «usos imperiales de la filantropía» de Washington y sus socios internacionales, no habría sido posible que la versión checoslovaca de Foro Cívico tuviera éxito en sus propósitos.

Es posible que haya una similitud simbólica en los procedimientos políticos entre la coalición europea y la venezolana, como la convocatoria de la «sociedad civil» en oposición a los «grupos de poder» (Estado), sin embargo dista mucho de los objetivos, pues la última se encuentra más definida en los esquemas de gobernanza corporativa global afín al modelo multistakeholder ya mencionado, mientras que los checoslovacos no sustituyeron al Estado en sus modos y usos sino que destruyeron el anterior (socialista) y conformaron uno nuevo (neoliberal).

Concluyamos con un ejemplo de modelo de «gobernanza corporativa» que Foro Cívico apuntala en Venezuela aplicado al caso electoral.

La coalición de ONG, a la hora de postular candidatos para la conformación de un nuevo Consejo Nacional Electoral (CNE), lanzó el nombre de Roberto Picón al ruedo, petición que fue apoyada principalmente por Sinergia, organismo que suele liderar las vocerías de Foro Cívico.

Sinergia está asociado a instituciones claramente antichavistas y liberales en su concepción ideológica-cultural, entre ellas Cedice Libertad, Fundación Eugenio Mendoza, Universidad Metropolitana, Cepaz, Control Ciudadano, etc.

Entre sus aliados nacionales se encuentra Provea y Defiendo DDHH (que mantiene una línea de monitoreo dedicada a Misión Verdad); entre los internacionales se encuentra Civicus, que, como afirma la mencionada Roelofs, «promueve la ‘sociedad civil’ en todo el mundo, es financiada por, entre otros, la Fundación American Express, la Fundación Bristol-Myers Squibb, la Corporación Carnegie, la Agencia Internacional de Desarrollo Canadiense, la Fundación Ford, la Universidad Harvard, Oxfam y el Programa de Desarrollo de Naciones Unidas».

Además, Sinergia usa su plataforma web para promocionar convocatorias de financiamiento y formación de la Embajada Británica y del Instituto Prensa y Sociedad Venezuela, la primera conocida por servir de correa de transmisión del Reino Unido para la financiación de medios de propaganda y ONG antichavistas en el país, la segunda conocida por desplegar sucesivas campañas sobre los «ataques a la prensa» por parte del Gobierno Bolivariano aun cuando el oficio del periodismo haya sido socavado una y otra vez por los «combatientes mediáticos«, justificadores comunicacionales de las operaciones de cambio de régimen.

De esta manera la candidatura de Picón tuvo un apoyo oenegero y corporativo que lo llevó a la rectoría del CNE, un punto que al parecer Foro Cívico se anota aun cuando el personaje en cuestión ya venía siendo un operador técnico y político importante en el área electoral para la Mesa de Unidad Democrática (MUD).

Desde la conformación del nuevo CNE, Foro Cívico ha mantenido una línea de «arbitraje civilizado» en torno a la celebración de las próximas elecciones del 21 de noviembre, «auditando» desde la «sociedad civil» todos los pasos que «hacia la recuperación del derecho a elegir de todos los venezolanos».

Una vez más, el arbitraje al máximo rector electoral nacional parece una tarea que nada más puede hacer una entidad como la coalición «ciudadana» que se adjudica la vocería principal de la «sociedad civil» por encima de otros actores de importancia en el país, entre ellos el chavismo y otros sectores de oposición menos publicitados por la mediática antichavista.

Así, los intentos de «gobernanza corporativa» de Foro Cívico apuntan a una «reinstitucionalización del país» a través de la recuperación de la «confianza en el voto» por parte del CNE, institución que sigue presionada por el «arbitraje» de una coalición que tiene como objetivo todo lo contrario a los propósitos de soberanía nacional proyectados por el chavismo en el poder.

Pero por otro lado ignora y oculta todo el trabajo que ha hecho el Gobierno Bolivariano y otros sectores de la sociedad venezolana en aras de «reinstitucionalizar» precisamente el desastre dejado por el antichavismo al poder en la Asamblea Nacional (2016-2021), institución usada para caotizar la institucionalidad nacional.

A medida que las ONG crezcan como instrumentos de intervención contra la soberanía de los países, en nuestro caso Venezuela, también crecerá la masa crítica, tanto dentro como fuera del Estado, a la ideología que recubre el esquema corporativo que, como describe el mencionado informe especial del Instituto Samuel Robinson, «hace énfasis en que las instituciones formales derivadas del Estado-nación, a nivel local e intergubernamental, han agotado sus fuentes de legitimidad en el marco de una globalización acelerada».

Fuente:
Misión Verdad
Etiquetas: ONG

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