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24/04/24
Regiones: Venezuela
Entre Venezuela y Estados Unidos se desarrolla una confrontación en “zona gris”
Por Pedro Penso

En la relación entre Venezuela y Estados Unidos se está produciendo un conflicto en una zona de incertidumbre. Este enfrentamiento surge a raíz de la decisión de Venezuela de separarse de la influencia geopolítica de Estados Unidos. Como consecuencia, distintas administraciones estadounidenses han considerado a Venezuela como una amenaza para su seguridad nacional y han llevado a cabo acciones hostiles de gran alcance contra el país suramericano.

Esta política de agresión ha comenzado con la instalación de una narrativa descalificadora que busca deslegitimar en el ámbito doméstico e internacional a un gobierno legal y legítimamente constituido. Se busca promover la idea de que el Estado venezolano es incapaz de garantizar servicios básicos como salud, educación, justicia y seguridad, presentándolo como un Estado fallido en términos de gobernanza. Además, a nivel internacional, se retrata a Venezuela como un Estado forajido que viola tanto las leyes nacionales como el derecho internacional, siendo acusado de violar los derechos humanos, un argumento que se repite constantemente en sus discursos.

Esta narrativa se ve acompañada de estrategias de interferencia que atacan los puntos claves de las vulnerabilidades que han detectado dentro de las políticas del Estado venezolano. Estas estrategias se aplican de forma simultánea y sin una necesaria sincronización, responden a las contingencias que se presenten. Estas estrategias se producen con una relación de causalidad originada por las aplicaciones de las mismas. La modalidad de su empleo simultáneo tiene el propósito de potenciar los resultados, efectos e impactos de las estrategias usadas. Estas estrategias van desde las de interferencia económica, como aquellas que intentan paralizar la dinámica económica nacional, con prácticas ilegales de cerco y asedio como el bloqueo económico financiero, puesto en evidencia con las medidas coercitivas unilaterales que Estados Unidos usa para castiga a Venezuela, nación que considera una amenaza inusual y extraordinaria para su seguridad nacional. Siendo Venezuela una nación cuya economía gira en torno a la actividad petrolera, el ataque a la industria petrolera con estrategia de bloqueo ha causado severos daños a la infraestructura de extracción y refinación de hidrocarburos, así como a la economía nacional al obstaculizar las exportaciones petroleras. Esto adquiere dimensiones de tragedia al presentarse a raíz de estas criminales políticas punitivas miles de muertes ocasionadas como consecuencia de la dramática disminución de los ingresos nacionales que complican y dificultan financieramente el mantenimiento normal de las operaciones de los servicios públicos de salud. Miles de muertes pueden ser achacadas a este bloqueo, como ya lo ha demostrado estudios de organizaciones internacionales independientes, así como organizaciones de las Naciones Unidas.

Además, se llevan a cabo estrategias de interferencia política que se proponen aislar a la nación venezolana a nivel internacional y generar una imagen negativa del proceso bolivariano y sus líderes. Esto la hacen intentando negar la presencia de Venezuela en el mundo, pretenden bloquear y silenciar la voz de la nación venezolana en el mundo. Para esto utiliza estrategias híbridas que cierran los espacios mediáticos que controla el gran capital internacional y generan agavillamiento mediático para lapidar al proceso bolivariano en Venezuela y a sus principales dirigentes.

También se aprovechan oportunidades cualquier oportunidad para realizar estrategias de interferencias con maniobras imprudentes y provocadoras en el ámbito político y militar, con el objetivo de comprometer la seguridad y soberanía nacional venezolana.

Todas estas interferencias buscan debilitar el posicionamiento de Venezuela a nivel internacional, como se evidencia en la controversia con Guyana, donde se presenta a Venezuela como un Estado agresivo con pretensiones expansionistas. El reclamo de Venezuela para que le sea restituido el territorio despojado por el contubernio de las potencias colonialistas e imperialistas en el siglo XIX. La recuperación del territorio Esequibo se ha convertido en la actualidad en una fuente de provocación constante del imperialismo contra Venezuela.

Venezuela ha sido un Estado que históricamente ha perdido territorios en controvertidas negociaciones internacionales a pesar de la existencia del principio de derecho internacional americano del uti possidetis iuris, sin que haya tenido que recurrir a la guerra con otra nación, ese ha sido su práctica histórica como Estado-nación. Hoy Venezuela solamente exige que se restituyan los derechos sobre la Guayana Esequiba, que es parte integral de su territorio. En esta controversia las sangrientas manos del imperialismo están metidas de lleno. El caso de la provocación que crea la ExxonMobil con la instrumentalización del gobierno de Guyana, convertido en un títere de la gran petrolera, se presta para en montaje de una operación de provocación agresiva e imprudente, al firmar contratos de concesiones para exploración y explotación petrolera en una región marítima que está en reclamación. Esta acción que se ve acompañada del incremento de presencia militares de fuerzas norteamericanas y extrarregionales, como la vieja potencia colonial del Reino Unido, que por cierto son responsable junto con Estados Unidos del truculento e irrito Laudo Arbitral de París de 1899.

La política agresiva de Estados Unidos va más allá del injerencismo, atavismo del pasado neocolonial, y busca imponer un alineamiento político, económico y militar a los intereses de la potencia norteamericana, en contra de la voluntad de la nación venezolana.

Las injerencias norteamericanas en Venezuela han registrado un carácter marcadamente hostil. Esta política se orienta a forzar a Venezuela a adoptar un alineamiento geopolítico con los intereses imperialistas, en momentos en que el mundo construye un nuevo orden mundial, en el cual Estados Unidos se encuentra en Franco declive y Venezuela está cumpliendo un relevante rol en la configuración de ese nuevo mundo. Es por ello que Estados Unidos no ha dejado de mantener la presión y persiste en su política de hostilidades contra Venezuela.

A pesar de la agresividad política de las administraciones norteamericanas, el gobierno venezolano ha mantenido continuos intentos por establecer un espacio de negociación y acuerdo, las administraciones estadounidenses han boicoteado sistemáticamente estas iniciativas, persistiendo en su política de hostilidades contra Venezuela.

El gobierno venezolano ha mostrado constancia y determinación en establecer un espacio de negociación y acuerdo con las administraciones estadounidenses. Ha intentado en múltiples oportunidades buscar un acuerdo que garantice la coexistencia pacífica entre Estados Unidos y Venezuela, basado en el respeto mutuo, la independencia, la seguridad y soberanía nacional, así como en la autodeterminación de Venezuela para definir su geopolítica y proyectar sus intereses nacionales. Con esto Venezuela podría aprovechar sus potencialidades para establecer un marco de cooperación que aproveche la riqueza petrolera de la nación y sus necesidades de desarrollo económico y social.

El gobierno venezolano ha buscado crear una “zona de acuerdo posible” tanto en la esfera de las relaciones domésticas como en las internacionales. El establecimiento de un ámbito de negociaciones que permitan un acuerdo posible tanto en el ámbito lo interno como en el externo ha sido boicoteado sistemáticamente por las administraciones norteamericanas, que no cesan en su ofuscamiento por derrocar al presidente Nicolás Maduro. El avance en estas dos esferas es vital para encontrar una solución concertada basada en intereses de las partes que garanticen en una negociación de carácter distributivo, en que las ganancias son diferentes entre las partes, pero se encuentran repartidas en los intereses que entran en la agenda de decisiones. Avanzar tanto en los acuerdos de orden interno como externo deben tener un efecto complementario para que la superación del conflicto tenga dimensión integral.

Fuente:
Portal Alba

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