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11/11/23
Temas: Pobreza | Sociedad
Regiones: España
Pobreza en España: el gasto en vivienda y comida daña a 6 millones de personas, cuya dieta peligra
Por Yarisley Urrutia

Es un costo combinado que ya supone el 60% de los ingresos de las familias con menos recursos, que empiezan a privarse de ciertos alimentos, como el aceite de oliva. La organización Cáritas advierte de una situación «alarmante» y los economistas consultados por Sputnik señalan que la brecha socioeconómica de la desigualdad se está ahondando.

Pero no es solo el aceite de oliva. El encarecimiento vertiginoso del precio de la cesta básica de los alimentos, sin parangón con el bajo poder adquisitivo de los exiguos salarios, es ya una de las grandes preocupaciones para un importante sector de la población española. La organización Cáritas da cuenta en un informe de una «realidad alarmante» en la que un porcentaje «significativo» de personas enfrentan dificultades para acceder a una alimentación «adecuada y nutritiva».

«Cerca de seis millones de personas están experimentando privaciones alimenticias hasta el punto de impedirles llevar una dieta adecuada, lo cual pone en jaque su bienestar físico y emocional», se subraya en el estudio Ingresos y gastos: una ecuación que condiciona nuestra calidad de vida, realizado conjuntamente con la fundación FOESSA (Fomento de Estudios Sociales y Sociología Aplicada).

El documento constata, por ejemplo, las fuertes alzas en el precio de alimentos básicos y de amplio consumo, como el pan y la fruta fresca (más de un 20%), café, cacao e infusiones (34%) o las legumbres (36%). «Los huevos, las papas y la leche han experimentado un significativo incremento superior al 40%, mientras que el azúcar, y los aceites y grasas han sufrido un notable incremento superior al 60%», explican sus autores.

Dado que los ingresos de la población no han crecido a igual ritmo que la inflación, el resultado es un empobrecimiento creciente en el que la peor parte se la llevan el 5,5% de las familias, casi seis millones de personas que «no pueden permitirse una comida que incluya carne, pollo o pescado (o su sustitutivo vegetariano) al menos cada dos días», dato también corroborado por la Encuesta de Condiciones de Vida sobre el año 2022 confeccionada por el Instituto Nacional de Estadística (INE).

La losa del gasto en vivienda

La subida de la cuota mensual de las hipotecas debido al alza de los tipos de interés y el precio desbocado de los alquileres han terminado por provocar serios quebraderos de cabeza a muchos más ciudadanos. Y es un gasto que también repercute en el de la alimentación, a la que los españoles, en conjunto, dedican de media el 16% de sus ingresos.

Según indica Cáritas, desde la conclusión de la crisis financiera en 2015, los precios para adquirir una vivienda se han incrementado un 51%. «En el caso específico de la vivienda nueva, ha crecido un 74%. Es decir, si en 2015 una familia podía comprar una vivienda nueva con 100.000 €, en 2023 la misma vivienda costaría 174.000 €», advierte esta organización.

En cuanto a los alquileres, según datos del INE, el incremento en el precio del alquiler entre 2015 y 2023 raya el 8%. En opinión de Cáritas, es una cifra engañosa, inferior a la real, por cuanto los contratos suelen estar referenciados al Índice de Precios al Consumo (IPC). Es decir, a la inflación. Y esta sobrepasó el 10% en julio de 2022 (en octubre se cifró en el 3,5%). Pese a la prohibición gubernamental de subir el precio de los alquileres más de un 2%, Cáritas observa para el mismo período (2015-2023), «un incremento del 44% en el precio del alquiler en el conjunto de España», atendiendo a los anuncios de los portales inmobiliarios más importantes.

Según el informe de evolución de precios del más importante de todos, El Idealista, el precio medio del alquiler en España en 2023 es de 11,8 euros por metro cuadrado, lo que equivale a un precio medio de 944 euros para una vivienda de 80 m² de superficie. Para una familia en la que ambos progenitores trabajen y perciban el sueldo mínimo (1.080 euros), este precio está por encima del límite aconsejado del 30% de los ingresos dedicados al pago de la vivienda, sea hipoteca o renta.

De resultas, las personas del quintil más pobre, (es decir, el 20% con menos dinero del país) gastan el 42,6% de sus ingresos en cubrir sus gastos de vivienda, energía y agua. Sumado el gasto en alimentación, por deficiente que sea, obtenemos el dato de que las familias españolas más humildes dedican 6 de cada 10 euros a su existencia básica, excluyendo gastos relacionados con la educación, salud e imprevistos. En consecuencia, el 8,7% de la población llega a fin de mes con «mucha dificultad», según el INE.

La fractura de la desigualdad

En esta situación, para cuadrar las cuentas, ya hay gente que recurre a revisar su gasto en alimentación. Dicho de manera simplista, se puede afirmar que muchos españoles ya comen menos y/o peor que antes para poder pagar sus casas. Y esto es una presión mental que acarrea graves consecuencias.

«La incertidumbre que supone no saber si vas a poder proveer tu hogar de alimentos suficientes en cantidad y calidad es una carga que mina el bienestar emocional de padres y madres de familia y que, en los casos extremos, estigmatiza al conjunto del hogar«, se afirma en el estudio, que recoge también el dato de que ya en 2021, «el 23% de la población se vio obligada a reducir sus gastos en alimentación», ya sea comprando productos más baratos o, directamente, privándose de ellos.

El problema acentúa los rasgos de la desigualdad en España, pues es el factor clave en la situación dada. «Sin abordar el problema de la desigualdad no hay progreso posible», comenta a Sputnik en líneas generales el economista Fernando Luengo, para quien, con las cifras en la mano, en España y en el mundo, «el aumento de la desigualdad y de la fractura social es imparable».

«Según un reciente informe de UBS/Credit Suisse, en 2022 el 1,1% de la población mundial concentraba el 45,8% de la riqueza; en el otro extremo, el 52,5% de la población solo disponía del 1,2% de la riqueza», argumenta. A su juicio, la política antiinflacionista del BCE y los bancos centrales ha llevado a un aumento del precio del dinero que ha terminado por devaluar los salarios –exiguos de por sí– y minar la capacidad adquisitiva.

«Están en el convencimiento, muy asentado en el pensamiento económico conservador, de que existe una relación estructural entre las retribuciones de los trabajadores y el comportamiento de los precios: si las primeras se moderan o retroceden, las tensiones inflacionistas quedarán contenidas», explica Luengo.

El resultado para España es que los precios no han terminado de contenerse, pues siguen subiendo al 3,5%. Lo que se persigue así, explica F. Luengo, es una «tasa de paro no aceleradora de la inflación» (o NAIRU, por sus siglas en inglés) que, en última instancia, perpetúa en España el problema del paro y debilita a las organizaciones sindicales «mediante una estrategia de clase».

El aceite como signo

Elemento clave y simbólico de la dieta mediterránea, es un producto que escenifica las privaciones de las clases más desfavorecidas. Su consumo descendió un 51% ya durante el primer semestre de 2023, y ahora ve su precio triplicado respecto a 2021. Pero en el contexto de su costo desorbitado, se advierte también una manipulación.

Durante los últimos tres meses, el litro de aceite de oliva virgen extra de marca blanca en ocho de las principales cadenas de supermercados viene costando sospechosamente lo mismo: 9,25 euros. Es decir, este es el precio de la opción barata en Alcampo, Aldi, Carrefour, Dia, Eroski, Hipercor, Lidl y Mercadona (el de primeras marcas puede elevarse hasta los 14 €). Pero puede ser un precio ficticio. Con los envases de 3 litros ocurre lo mismo y en los de 750 ml la diferencia máxima es de solo 1 céntimo.

Así lo denuncian las organizaciones de consumidores. «Se trata de subidas que no responden a incrementos de precios en origen y ponen de manifiesto una estrategia paralela de fijación de precios que la asociación ha denunciado ante la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) a fin de que abra una investigación e intente averiguar si existe un pacto entre las grandes cadenas de distribución», escribe FACUA-Consumidores en Acción en un comunicado, donde advierte de la «posible existencia de un pacto de precios contrario a la ley de defensa de la competencia».

Esta organización señala que las subidas paralelas en el precio que las grandes cadenas de alimentación ponen a sus propias marcas de aceite, «pueden representar también incrementos ilegales en los márgenes de beneficio», porque el real decreto-ley mediante el cual se aprobó la rebaja del IVA vigente hasta el 31 de diciembre de 2023 «prohíbe en su artículo 72 subidas de márgenes en los alimentos afectados por la medida». Es decir, los supermercados citados podrían estar incurriendo en prácticas de cartel.

Un proyecto «a la deriva»

La llamada pobreza energética sigue siendo una constante en España. «Más de 3,2 millones de familias no consiguen mantener un confort térmico, pasando frío en invierno y/o calor en verano, una vulnerabilidad que en el mediano y largo plazo termina teniendo implicaciones en la salud física de los residentes», destaca el informe de Cáritas.

Y en este contexto de estrecheces en materia de vivienda, alimentación y consumo energético, no son pocas las voces que alientan a incrementar el presupuesto militar y fortalecer de paso este sector de la industria europea. Fernando Luengo recuerda las declaraciones de Josep Borrell al respecto. Y alerta de que este gasto ya aumentó en la UE “de manera substancial” a raíz del conflicto en Ucrania.

«Y lo hará más en los próximos meses y años, si la OTAN, la industria que se lucra con el negocio de los combustibles fósiles, la Administración estadounidense y los países europeos más beligerantes en el conflicto siguen marcando el paso de un proyecto comunitario que, se diga lo que se diga, camina a la deriva», advierte Luengo, convencido de que el «fortalecimiento» del complejo militar-industrial se impone «por encima de cualquier otra consideración».

«Y todo esto se produce en un contexto de imparable aumento de la desigualdad, como mínimo de su enquistamiento en cotas elevadas, lo cual hace urgente el debate y, por supuesto, la acción», concluye Fernando Luengo.

Fuente:
Sputniknews

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