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16/11/21
Días de odio. Días de solidaridad
Por Oscar Rotundo

Nuestra Abya Yala es un continente vivo, en constante renacer, sus pueblos se han forjado en la lucha con la convicción de que la hora su autodeterminación se encuentra cada vez más cerca.

La decadencia del capitalismo ha mostrado definitivamente que sus políticas son incapaces de generar un bienestar al conjunto del pueblo y que el “libre mercado” nunca ha estado tan maniatado como en estos tiempos de monopolios, oligopolios y especulación financiera.

La famosa teoría del “derrame” tan prometida por los tecnócratas del sistema, ha resultado ser una falacia, pues quienes más capitales acumulan se vuelven cada vez más egoístas y miserables, al punto de llegar a una conclusión terrible, para mantener su “tasa de ganancia” y su nivel de vida; nosotros, el pueblo, tenemos que ser menos.

Deliberadamente o no, la exclusión social y económica que sufren los pueblos, los expulsa al camino de la violencia, al desplazamiento forzado, a la dependencia del asistencialismo, y en general a una desaparición silenciosa e invisibilizada.

Solo la lucha los vuelve visibles y esa lucha genera reacciones, algunas luchas terminan en revoluciones, otras consiguen impedir la consolidación de los sistemas de explotación y saqueo, pero otras impiden que nos arrebaten lo que hemos conseguido gracias a la constancia de años de sacrificio.

El comienzo de una larga marcha hacia el futuro

Cuando uno mira el futuro con los lentes del capitalismo, no ve el futuro, ve una distorsión de la realidad, porque el futuro es una construcción social en la que hay una relación íntima entre el porvenir individual y el porvenir colectivo.

Si cada habitante del planeta se guiara por el relato capitalista de lo que significa “vivir bien”, aspiraríamos a vivir como vive la clase media en las películas gringas, toda una ficción que jamás reflejara lo que realmente significa se devorado por la sociedad de consumo.

Ahora, hay mucha gente que piensa que ese es el futuro, sin medir las consecuencias, y trabaja duro para llegar a ese tipo de vida, pero lo que sucede es que ya hay quienes han decidido, quienes serán los que puedan acceder a ese “bien estar” que no es para todos.

Esta es la historia del eterno despojo, una historia patriarcal, xenófoba, misógina, de esclavitud y explotación, una historia clasista en función de los intereses particulares sobre los intereses colectivos, que ha generado a través del tiempo distintas respuestas y que ha proporcionado a los pueblos la experiencia para superar obstáculos cada vez más complejos en ese camino hacia la construcción de un mundo más justo y equitativo.

En este tiempo de odios y solidaridades cada espacio ganado por pequeño que sea es muy valioso, y se convierte en un caso testigo que confronta con el discurso de “lo posible” y con la resignación a la que nos quieren someter desde los centros del poder.

Nuestra lucha es multidimensional y cuando se alcanza un escalón de independencia el imperio responde con todas sus fuerzas, es por ello que los procesos populares son brutalmente atacados por la multidiversidad de medios que el imperialismo tiene a disposición.

El capitalismo nos lleva a la invisibilización y a la muerte silenciosa

El tema de la gobernabilidad no es un tema menor en el proceso de liberación, cuando los pueblos alcanzan la posibilidad de la gobernabilidad las condiciones de lucha se extienden a otras instancias que trascienden la denuncia y el reclamo y se pasa al terreno de la concreción de los proyectos que permitan a los sectores vulnerables poder hacerse fuertes para cambiar las condiciones de vida.

En ese terreno el imperialismo usa toda su experiencia para lograr, la desmovilización de los sectores populares, sabotea todas las alternativas de construcción de Poder Popular y agrede constantemente con injerencia, sanciones y bloqueos las bases económicas que den aire y sostenibilidad al proceso de transformación.

Cuba, Venezuela y Nicaragua pasan desde su llegada a la gobernabilidad por estas acciones del imperio y han sabido llevar adelante las estrategias que impidieron el desmoronamiento total de las aspiraciones populares, no sin una cuota de sacrificio muchas veces heroica, por la saña criminal del imperio que recurre al terrorismo para someter la voluntad de aquellos que quieren alcanzar la libertad y la independencia.

Un grave problema para el imperialismo

El imperio desprestigia y trata constantemente de meter la cuña que divide, fomenta la corrupción que degrada los valores y trata de fomentar la discordia para debilitar la resistencia material y psicológica que le oponen los pueblos.

El capitalismo influye y educa en función de los antivalores que hacen que los individuos no se sientan parte de la comunidad, trata permanentemente de aislar y aislado el ser humano pierde su humanidad, su capacidad de ser solidario y sin solidaridad no hay comunidad. El ser humano es un ser social, aislado tiene menos posibilidades de sobrevivir.

Es entonces que volvemos a la conclusión de que, impedir la concreción de los procesos de cambio que avancen hacia la revolución social política y comunitaria, definitivamente apuntan a lograr la extinción de los seres humanos, que, para las élites capitalistas, están demás, sobran en el planeta que ellos pretenden habitar en un futuro.

Parece demencial pero cada día mueren millones de personas a causa de las políticas criminales que el capitalismo despliega sobre la faz de la tierra. Sus guerras, su explotación de los recursos naturales, su contaminación, la imposición de sanciones y bloqueos, sus créditos usurarios y la manipulación de los movimientos financiero globales que arruinan las economías menos favorecidas por la imposición de sus reglas de juego, significan menos seres humanos para revertir este mecanismo perverso que con el correr de los años se ha hecho insostenible.

Es por ello que el desafío planteado, tiene por delante la necesidad de un cambio civilizatorio que termine con la perversidad del capitalismo y abra nuevos horizontes a la humanidad.

Un eslabón invalorable para los pueblos, son los procesos de transformación alcanzados, que en su lucha antiimperialista han enriquecido la experiencia afianzando un concepto fundamental, del hambre y de la desigualdad salimos entre todos y para ello al imperialismo lo debemos derrotar todos juntos.

Cuba, Venezuela y Nicaragua mil veces denostadas, mil veces atacadas, no son, ni estados ideales, ni acabados, ni perfectos, pero son otro comienzo, un comienzo en clave de solidaridad, de comunidad, de complementariedad.

Es por ello que cuando más fuerte sea el ataque del imperio contra estos pueblos hermanos, más fuerte debe ser nuestra solidaridad, por en ellos y en las luchas solidarias de nuestros pueblos junto a ellos, se juega una parte importante de nuestro futuro y del futuro de la humanidad.

Fuente:
PIA Global
Etiquetas: Capitalismo

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