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14/01/22
Sandinismo pa’ rato
Por Juanlu González

Nicaragua acompaña a las recientes victorias electorales populares de Bolivia, Venezuela, Chile y Honduras y los cambios que se prevén en Brasil y Colombia en 2022.

El pasado día 10 de enero se produjo la toma de posesión del presidente Daniel Ortega para una quinta legislatura, como consecuencia directa del inequívoco mandato recibido del pueblo nicaragüense en las elecciones generales celebradas el 7 noviembre 2021.

En ellas, el Frente Sandinista de Liberación Nacional arrolló a la oposición con más del 75 % de los votos y con una elevada participación ciudadana de alrededor del 65 % del censo electoral.

Los intentos por boicotear unos comicios donde todas las encuestas serias pronosticaban meses antes una amplia victoria del sandinismo fueron absolutamente inútiles. Los partidos opositores del parlamento de la República se volvieron a presentar frente al escrutinio popular sin ningún tipo de cortapisas y concurrieron en total libertad e igualdad como en los procesos electorales anteriores. 

La farsa montada desde el exterior con agentes extranjeros al servicio de los EEUU con mercenarios y agitadores a sueldo, no con candidatos ni «precandidatos» de ningún partido registrado, ni con representación parlamentaria alguna, derivó en un fracaso absoluto, por mucho que aún cuenten con cierta repercusión en los medios de desinformación masiva.

A pesar de la repetición machacona (al más puro estilo de la propaganda de Goebbels) del cúmulo de mentiras vomitadas por boca de políticos occidentales y de medios de comunicación corporativos, las pasadas elecciones fueron plenamente libres y democráticas.

Y, sobre todo, con más opciones reales que, por ejemplo, cualquier votación norteamericana donde, de facto, su sistema prohibe e impide a todos los partidos que no sean las dos formaciones idénticas del régimen (republicano y demócrata), tener el más mínimo atisbo de poder institucional. 

Además de estas falsedades, los poderes mediáticos mundiales se afanan por demostrar que Ortega y el sandinismo están aislados internacionalmente y abandonados a su suerte. Televisión Española (TVE) llegó a decir que sólo Cuba iba a acudir a la toma de posesión presidencial.

Enorme mentira. Miguel Díaz Canel, el presidente cubano, puede ser una de las figuras exteriores más relevantes presentes ese día en Managua; pero también estuvo Nicolás Maduro, presidente de Venezuela y Juan Orlando Hernández, presidente de Honduras.

Además asistieron representantes y delegaciones de alto nivel de China, de Irán, de la República Árabe Saharaui Democrática, Rusia, India, Vietnam, Laos, Corea del Norte, Camboya, Angola, Siria, Turquía, Bielorrusia, Malasia, Yemen, Argentina, Bolivia, Corea del Sur, Japón, México, Libia y Palestina. Por si esto fuera poco, asistieron igualmente miembros de organizaciones de la sociedad civil de Alemania, Argentina, Brasil, Chile, Suiza, Ecuador, EEUU, Francia, Guatemala, Honduras, Italia, México, Panamá, Perú, Puerto Rico, Bélgica, España, Países Bajos, Tailandia, República Dominicana y Venezuela. 

Si esta presencia internacional equivale a estar aislado, no sé cómo podrá definirse para EEUU el perder cada año las votaciones sobre el bloqueo a Cuba por 182 votos en contra y dos a favor (en 2021), o perder recientemente por 148 a 9 el exigir a «Israel» que se retire a las fronteras que ocupaba antes de la guerra de 1967. Eso sí es estar aislado. Y si las delegaciones internacionales les parecen exiguas a TVE, comparémoslas por ejemplo con los asistentes a la investidura del presidente español, Pedro Sánchez. ¿O mejor no, verdad?

La legislatura que ahora comienza en Nicaragua no es probable que vaya a venir cargada de sorpresas. Todo lo contrario, el camino ya está más que iniciado, ya que viene precedido de 10 años de políticas exitosas económicas, sociales, energéticas, agroalimentarias, sanitarias, educativas, en seguridad, igualdad de género, reducción de la pobreza,… que, seguramente, van a ser consolidadas y profundizadas a partir de este mismo día.

No en vano, las líneas generales de la acción de gobierno, vienen marcadas por el Plan Nacional de Lucha contra la Pobreza y el Desarrollo Humano, que tantos réditos ha aportado al país y al pueblo nicaragüense, como así reconocen multitud de organismos internacionales nada sospechosos de connivencias con el sandinismo.

Medios tan contrarios a los procesos revolucionarios latinoamericanos como El País o la Agencia Efe se han tenido que plegar estos días ante los logros macroeconómicos de los gobiernos de Ortega. Este año tan complejo se espera un crecimiento del PIB del 7,5 % al 9,5 %, una tasa de rebote enorme tras los tremendos ataques golpistas y terroristas sufridos en abril de 2018 dirigidos desde el exterior, a lo que hubo que sumar la incidencia del Covid19. El tirón de las exportaciones tiene mucho que ver con estos brillantes guarismos, que no hacen sino retomar la senda iniciada con anterioridad, como bien indicó Ortega en su discurso de investidura.

También tuvo palabras en su alocución para la renovada asociación con China tras la ruptura de las relaciones con Taiwan a la que denominó con contundencia «provincia de China». La incorporación de la república centroamericana al proyecto de la Ruta de la Seda del siglo XXI, la firma de convenios bilaterales en materia de vivienda y en el sector agropecuario, auguran próximas inversiones millonarias que seguro que no serán del agrado del gobierno de EEUU ni de sus gobiernos vasallos en la región o de la misma Europa.

No se olvidó Daniel de la cooperación sanitaria con Pekín. Desde la reanudación de las relaciones diplomáticas, China ya ha enviado dos lotes de centenares de miles de vacunas Sinopharm contra la COVID-19, a cuenta del millón de viales prometidos para finalizar el proceso de vacunación voluntaria, al que ya se ha unido libre y soilidariamente más de 3/4 partes del pueblo nicaragüense.

Tras las recientes victorias electorales populares de Bolivia, Venezuela, Chile y Honduras y los cambios que se prevén en Brasil y Colombia en 2022, se vaticina una nuevo equilibrio en la región que, indudablemente, será beneficioso para la República de Nicaragua y contribuirá a la estabilidad de los procesos soberanistas situados al margen de la supeditación a los intereses de EEUU. Pese a quien pese, hay sandinismo pa’ rato…

Fuente:
La Haine
Etiquetas: Daniel Ortega | FSLN

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