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06/11/26

Temas: Geopolítica

Regiones: África

Sáhara Occidental: la disputa por la soberanía en un Magreb y un Sahel que se reordenan

Por Beto Cremonte

El Sáhara Occidental vuelve a colocar al sistema internacional frente a una contradicción que atraviesa buena parte de la historia africana: el reconocimiento de la autodeterminación puede convivir durante décadas con la imposibilidad de ejercerla. El cierre de la misión de Naciones Unidas creada para acompañar un referéndum que nunca se realizó profundiza esa distancia. La retirada llega mientras el Magreb y el Sahel reorganizan sus relaciones militares, económicas y diplomáticas, con consecuencias que también alcanzan al pueblo saharaui.

El representante del Frente Polisario ante Naciones Unidas, Sidi Mohamed Omar, sostuvo el 1 de noviembre que ese pueblo permanece aferrado a su derecho «inalienable, no negociable e imprescriptible a la autodeterminación y a la independencia». Su declaración mantuvo el compromiso de cooperar con la organización internacional: la defensa del derecho y la participación diplomática siguen formando parte de una misma estrategia.

En pocos días coincidieron movimientos relevantes. Argelia decidió enviar unidades militares a Níger para proteger intereses compartidos; dirigentes africanos se reunieron en Moscú; Rusia vetó el proyecto estadounidense sobre el Sáhara Occidental y el primer ministro nigerino viajó a Bengasi para profundizar la cooperación con las autoridades del este libio. La secuencia expresa una creciente conexión entre espacios que suelen analizarse por separado, aunque la cercanía temporal no demuestra una coordinación entre todas esas decisiones.

La hipótesis que permite recorrer ese entramado es que la reorganización regional abre oportunidades para ampliar la autonomía de los Estados africanos, pero también puede producir acuerdos que vuelvan a postergar la autodeterminación saharaui. Los corredores, las asociaciones militares y los reconocimientos diplomáticos modifican relaciones de poder. Su significado depende de quién conserva la capacidad de decidir y de qué derechos quedan sujetos a negociación.

El veto ruso y los límites de una salida predeterminada

El 30 de octubre, el proyecto estadounidense obtuvo once votos favorables, tres abstenciones y el voto negativo de Rusia, que impidió su aprobación. La alternativa rusa recibió tres apoyos, once abstenciones y el voto contrario de Estados Unidos. La precisión importa: el segundo texto no alcanzó los nueve votos necesarios, por lo que resulta inexacto describir el desenlace simplemente como un intercambio de vetos equivalentes.

La iniciativa de Washington pretendía renovar la misión, modificar su denominación y profundizar un encuadre negociador centrado en la autonomía bajo soberanía marroquí. Esa orientación tenía un antecedente: la resolución 2797, aprobada en 2025, ya había establecido la propuesta marroquí como base de las conversaciones, aunque mantenía la exigencia de una solución mutuamente aceptable que garantizara la autodeterminación.

La disputa de este año expresaba, por lo tanto, un avance sobre un proceso previo. Si la soberanía marroquí queda establecida como condición del arreglo, la negociación pasa a discutir las atribuciones de una autonomía cuyo resultado territorial ya estaría decidido. Para el Polisario, aceptar ese marco implicaría restringir el derecho por el que sostiene su lucha.

Al fundamentar el veto, Vasili Nebenzia afirmó que el Consejo no podía determinar automáticamente cuestiones de soberanía ni retirar el expediente de la agenda de descolonización. Moscú defendió que las modalidades del acuerdo debían resultar aceptables tanto para Marruecos como para el Frente Polisario. Esa posición frenó la iniciativa estadounidense y representó un respaldo a la demanda saharaui y a la posición argelina.

El resultado dejó, sin embargo, una contradicción: Rusia pudo bloquear el nuevo encuadre, pero no reunir apoyos suficientes para preservar la misión. El mandato venció el 31 de octubre y Naciones Unidas anunció el comienzo de la liquidación de la MINURSO, mientras la mediación política continuaría mediante Staffan de Mistura.

La misión no había conseguido organizar el referéndum. Su presencia conservaba tareas de observación militar, interlocución y apoyo al proceso político, además de capacidades relacionadas con las minas. Antes del cierre, mantenía emplazamientos a ambos lados del muro y una oficina de enlace en Tinduf. Su retirada reduce la posibilidad de contar con una observación internacional permanente en el terreno.

Ese vacío puede aumentar el margen para incidentes, hechos consumados y versiones enfrentadas difíciles de contrastar. El responsable de las operaciones de paz de la ONU, Jean-Pierre Lacroix, advirtió el 4 de noviembre sobre los riesgos de un vacío de seguridad. La desaparición del dispositivo tampoco altera el derecho pendiente: el secretario general reafirmó que la partida de la misión no extingue la autodeterminación saharaui.

Marruecos: convertir el territorio en una posición regional

Para Marruecos, el Sáhara Occidental concentra una reivindicación territorial y una plataforma de proyección económica. Su valor estratégico se relaciona con el acceso atlántico, la infraestructura, la pesca y los recursos minerales, además de su peso político interno. La integración económica del territorio puede contribuir a que un eventual cambio de estatus resulte cada vez más costoso para empresas, socios y gobiernos asociados.

La explotación de fosfatos de Bucraa muestra esa articulación. El grupo OCP informa que el mineral se transporta mediante una cinta de 102 kilómetros hasta las instalaciones costeras de El Aaiún. El dato revela una cadena productiva y logística consolidada; también obliga a evitar exageraciones: la propia empresa atribuye a Bucraa alrededor del 2% de las reservas que contabiliza como marroquíes. La importancia del territorio no puede explicarse únicamente por ese recurso.

La proyección atlántica amplía el análisis. El Ministerio de Pesca marroquí presenta el puerto Dajla-Atlántico como una infraestructura destinada a reforzar conexiones comerciales con socios africanos y europeos, vinculada con la iniciativa de acceso al océano para el Sahel. En esa planificación, una infraestructura situada en el Sáhara Occidental pasa a integrar una propuesta de organización regional impulsada por Rabat.

La implicación geopolítica es concreta: cuanto más dependan determinados intercambios de infraestructuras administradas por Marruecos, mayor puede ser la influencia de Rabat sobre quienes las utilizan. Eso no convierte automáticamente cada acuerdo comercial en un reconocimiento de soberanía. Sí crea intereses favorables a la continuidad de la administración que garantiza esos negocios.

La asociación con Israel aporta otra dimensión. La normalización de relaciones de 2020 se inscribió en el acuerdo trilateral con Estados Unidos, y en julio de 2023 Israel reconoció la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental. Ese respaldo fortalece la posición internacional de Rabat, aunque no demuestra una intervención israelí específica en la votación reciente.

Europa aparece atravesada por una tensión entre sus asociaciones económicas y su propio orden jurídico. En octubre de 2024, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea determinó que los acuerdos de 2019 relativos a productos agrícolas y pesca se habían concluido sin el consentimiento requerido del pueblo saharaui. Posteriormente, el Consejo autorizó nuevas negociaciones con Marruecos, reconociendo las condiciones del Tribunal y manifestando su interés en evitar la interrupción comercial.

Aminatu Haidar llevó esa contradicción al Parlamento Europeo. Según la crónica de Sahara Press Service publicada el 4 de noviembre, la activista definió la cuestión saharaui como «una verdadera prueba de la justicia del sistema internacional». Su intervención reclamó coherencia entre los derechos proclamados y las decisiones económicas y políticas europeas. spsrasd.info

El Polisario dispone allí de un terreno estratégico: disputar las condiciones jurídicas de los acuerdos, cuestionar quién puede autorizar el aprovechamiento de los recursos y sostener que los beneficios económicos no sustituyen por sí mismos la voluntad política del pueblo saharaui. Su capacidad de intervención internacional también se construye en ese espacio.

Níger entre Argelia, Bengasi y la oferta atlántica

El acercamiento entre Argelia y Níger incorpora una dimensión militar a la protección de intereses económicos compartidos. El 26 de octubre, la presidencia argelina dispuso enviar unidades a solicitud de las autoridades nigerinas, después de las autorizaciones parlamentarias. La justificación oficial menciona expresamente los intereses energéticos y económicos comunes.

Argelia busca reforzar su capacidad de actuar sobre un entorno cuya inestabilidad repercute en sus fronteras y proyectos. Níger obtiene apoyo de un vecino con mayores medios, pero también intenta convertir su posición geográfica y sus recursos en instrumentos de negociación. Esa relación debe evaluarse por sus condiciones: quién define las misiones, qué instalaciones se protegen y cuánto control conserva Niamey.

La cooperación precede a la cumbre ruso-africana. El gobierno nigerino documentó la llegada de cuatro aviones argelinos el 30 de agosto y la entrega de helicópteros durante ese mes. En aquella recepción, Lamine Zeine vinculó el acercamiento con la seguridad, la soberanía y la posibilidad de aprovechar los recursos nigerinos mediante la experiencia argelina.

El 1 de noviembre, el primer ministro visitó Bengasi y se reunió con Saddam Haftar y Oussama Hammad. Según la agencia oficial nigerina ANP, anunció la firma de un protocolo de cooperación estratégica y destacó la continuidad de las consultas y la coordinación. Se trata de una relación con las autoridades del este libio, dentro de un país todavía dividido.

La combinación de ambos acercamientos permite interpretar una búsqueda de margen propio. Níger puede necesitar simultáneamente apoyo argelino, interlocución con los poderes del sur y este libios y alternativas comerciales hacia el Atlántico. Sus necesidades fronterizas y económicas no coinciden necesariamente con las preferencias de cada socio.

Esa política plantea una cuestión para Argelia: fortalecer a Níger no asegura que Niamey adopte todas sus posiciones regionales. También plantea un límite para quienes leen los vínculos rusos como una alianza uniforme. La relación de Moscú con el entorno Haftar continúa: African Initiative informó en agosto, citando al Estado Mayor de esas fuerzas, sobre una visita de Saddam Haftar a Rusia y reuniones para profundizar la cooperación. Ese vínculo coexiste con la asociación ruso-argelina y con sus relaciones sahelianas.

No corresponde deducir de esa coincidencia una coordinación completa entre Argel, Bengasi y Niamey. Lo que aparece es una red de relaciones donde compartir un socio no elimina diferencias ni obliga a sostener idénticos objetivos.

Marruecos también forma parte de las opciones nigerinas. La cancillería de Níger documentó su participación, junto con Malí y Burkina Faso, en la reunión de diciembre de 2023 sobre el acceso saheliano al Atlántico mediante infraestructura marroquí. La oferta busca responder a una necesidad real de economías sin litoral y, al mismo tiempo, ampliar la centralidad regional de Rabat.

La Confederación de Estados del Sahel enfrenta así un desafío que excede el cambio de aliados: conseguir que la diversificación reduzca dependencias. Sus integrantes pueden ampliar opciones sin adoptar automáticamente todas las posiciones de sus interlocutores. Esa autonomía exige también distinguir los acuerdos bilaterales de las decisiones confederales y evitar que una necesidad logística termine definiendo su posición sobre un proceso de descolonización.

Moscú y la prueba política del discurso anticolonial

La cumbre ruso-africana ofreció un escenario de contactos inmediatamente anterior a la votación. Argelia reafirmó allí su respaldo a la autodeterminación saharaui y Marruecos participó con una delegación gubernamental. La presencia de ambos muestra la amplitud de las interlocuciones rusas y los límites de presentar la reunión como expresión de un bloque homogéneo.

Durante el Foro Económico y Humanitario del 28 de octubre, Vladímir Putin afirmó: «África se afirma cada vez más como uno de los polos de la economía y la política mundiales», según la traducción del fragmento difundido en inglés por la Cancillería rusa. Esa lectura reconoce que los gobiernos africanos buscan mayor capacidad para elegir socios, negociar condiciones y definir su desarrollo. La transformación dependerá de las capacidades que construyan dentro de sus propios países.

Al día siguiente, Putin describió el orden internacional que Rusia propone construir junto con África como «libre de imposiciones y dobles raseros», de acuerdo con el fragmento oficial difundido por su Cancillería. El expediente saharaui ofrece una prueba concreta para ese compromiso: la oposición a una salida predeterminada debe acompañarse de iniciativas que permitan ejercer la autodeterminación.

El veto es compatible con ese discurso y tiene efectos estratégicos propios: limita la iniciativa estadounidense, refuerza la interlocución rusa con Argelia y sostiene su presencia en un expediente importante para el norte africano. Ambas dimensiones pueden coexistir. La defensa de un principio y el interés de una potencia no son explicaciones necesariamente excluyentes.

La secuencia disponible no permite afirmar que la cumbre haya producido el veto o los acuerdos de Níger. La cooperación argelino-nigerina tenía antecedentes y el acercamiento con Bengasi responde también a necesidades bilaterales. Moscú ofreció un espacio de negociación; atribuirle la dirección de todos los movimientos reduciría la iniciativa de los actores africanos y excedería las pruebas disponibles.

El escenario inmediato combina una retirada internacional, una disputa por el marco negociador y una reorganización de alianzas. La ausencia de observadores puede aumentar los riesgos, mientras la mediación política conserva la posibilidad de reconstruir mecanismos aceptables. En paralelo, los acuerdos logísticos y económicos pueden profundizar intereses favorables al control existente. El Polisario deberá sostener su capacidad de intervención para impedir que esa acumulación material sustituya la decisión pendiente

La cuestión decisiva seguirá siendo quién puede determinar el desenlace. Los Estados sahelianos reclaman soberanía sobre sus recursos y sus alianzas; el pueblo saharaui reclama soberanía sobre su futuro político. La credibilidad de un orden africano más autónomo se jugará también en su capacidad de sostener ambos derechos cuando las conveniencias de sus socios entren en tensión.

El Magreb y el Sahel están reordenando sus relaciones. Que ese proceso abra un horizonte de emancipación dependerá de algo más que nuevos acuerdos y nuevos proveedores: deberá impedir que la autodeterminación vuelva a convertirse en el derecho que todos reconocen y cuya realización siempre puede esperar.

Fuente: PIA

Etiquetas: Guerra | Sahara | Sahel

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