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27/01/24
Regiones: Mundo
Alejandro Dolina: «Las redes están llenas de nuevas ideas sobre cómo funciona el mundo, pero diría que los ingredientes más abundantes, son el odio y la locura»
Por Noelia Tegli

SU MIRADA Y SU FORMA DE NARRAR SE GANARON LA ADMIRACIÓN Y EL CARIÑO DE VARIAS GENERACIONES DE ARGENTINOS. CANTOR, COMPOSITOR, ACTOR, ESCRITOR Y ETERNO CONDUCTOR DE LA VENGANZA SERÁ TERRIBLE, PONE SUS IDEAS AL SERVICIO DE UNA CHARLA PARA REPENSAR EL PRESENTE DESDE LO QUE DEFINE COMO DOS BUENAS NOTICIAS: EL CONOCIMIENTO Y EL AMOR.

Pocas personas pueden comprender y analizar la conducta humana como lo hace Alejandro Dolina. Referente indiscutido tiene, además de su celebrada oratoria, formación en Derecho, Música, Letras e Historia y una experiencia que inició en los 70 en la revista Satiricón y continuó por cinco décadas hasta la actualidad incluyendo hitos como la mitología porteña de las Crónicas del Ángel Gris y uno de los programas más exitosos y longevos de la radiofonía argentina, La venganza será terrible, que va por su año 31 de lunes a viernes a la medianoche de la AM 750.

“Sillón cómodo, respuestas fáciles”, advierte mientras se desabrocha el saco y se prepara para un mano a mano con EPU, que lejos estará de ese vaticinio. Nuevas formas de comunicación, streaming, redes sociales, consumos culturales y apps de citas en la opinión de la voz más autorizada.

–¿Por qué creés que estás vigente?

–No estoy seguro de estarlo. He visto muchas personas que triunfan y están vigentes sin que se vea muy claramente cuáles son sus méritos artísticos o mentales, bien podría ser uno de ellos. A mí me gustaría que la razón estuviera relacionada con algún mérito de mi labor artística. Lo que es cierto es que hay un trabajo de intentar la excelencia, de aprenderse algunas cosas que uno no sabía, de traficar cogniciones y conocer la historia y las ciencias que forman parte de la cultura. Si uno las conoce, supongo que se moverá con mayor gracia.

–Además de tu vigencia, sos pionero de lo que ahora parece nuevo, como el streaming y la interacción con el público. «La venganza será terrible» es eso desde hace décadas.

–Lo de ahora no es nada nuevo, pero me gustan las experiencias que van variando el elemento tecnológico, ya que permiten una comunicación con lo que denominamos público que se da con una nitidez un poco mayor, con una libertad un poco mayor y también con un descuido un poco mayor. Es más exigente, sin dudas, porque se ven los piolines (se ríe). En La Venganza… decíamos que hacíamos un programa de radio y nunca lo hemos hecho, es mentira, ¿sabés por qué? porque la radio es hija de la ausencia, y nosotros hacemos radio para la gente que está presente, el que no está es conjetural, no lo veo; en cambio al tipo de la segunda fila que está un poco distraído lo veo y a ese me dirijo y cuando lo veo aburrido, trato de cambiar un poco la mezcla del guiso, eso más que radio, es teatro.

–Y, como en toda puesta en escena, hay dedicación atrás, selección de contenidos. ¿Ves eso en los nuevos programas?

–Por un lado podés tener una radio tradicional y por el otro un streaming, pero si los mensajes son estúpidos y banales, no hay ninguna diferenciación. ¿Por qué hay tanto interés en discernir lo que está pasando por las nuevas plataformas y en cambio no lo hay por ocuparse en los contenidos, por buscar algo diferente?

Yo no digo que los contenidos tengan que ser de ardua filosofía, o matemáticos, físicos, históricos, culturales… Creo que hay una cosa que puede estallar en lo cotidiano que es la inteligencia y la inteligencia siempre es saludable, reconfortante; se puede hacer un descubrimiento a partir de la observación de las cosas de todos los días, no necesariamente basándose en recursos científicos o teniendo una gran formación, pero sí una gracia del pensamiento, calle, un poco de pimienta. Ni siquiera en nuestro programa, eh; yo soy un idiota, pero me doy cuenta cuando veo otro idiota.

–Y estas nuevas formas de hacer contenido van de la mano con las redes sociales, ¿qué encontrás ahí?

–Me encuentro… (permanece en silencio) hay que decirlo, ¿no? Las redes están llenas de nuevas ideas sobre cómo funciona el mundo, pero diría que los ingredientes más abundantes, los que prevalecen, son el odio y la locura. Por eso elijo correrme de esos espacios.

–¿Seguís pensando que el conocimiento y el amor nos salvan?

–Son dos buenas noticias y buenos recursos del sistema ante el entorno, el humano es su propio sistema. Si el tipo piensa, puede articular una estrategia frente al entorno y hasta puede modificarlo, formular estrategias para entender y anticipar lo que viene. El amor, desde luego, no solo para la reproducción que es elemental. Y agregaría otras noticias que son un poco más estrechas pero sirven para seguir vivos: la poesía, para no morirnos de prosa; y el arte, la posibilidad de gozar de la belleza.

Es cierto que hay gente a la que no le interesa la poesía, pero hay otros a los que no se les ofrece la posibilidad de que lo hagan. Leer a Quevedo, a Borges o a otros escritores requiere de un cierto entrenamiento, algo tan básico como aprender a leer, y por ahí no llegás ni a eso porque no tuviste los recursos.

–Ya eso no pasa por una cuestión de gustos, sino de condicionamientos de base.

–Exacto. No nos ofrecen los recursos para formar nuestro cerebro de un modo tal que nos permita apreciar plenamente cosas tan complejas como la música, la danza, el arte, el pensamiento. Si tuviéramos esos recursos, después podríamos elegir. ¿Es cierto que a este tipo no le gusta la música clásica porque no quiso o porque nunca nadie se la acercó? ¿O porque los tipos que podrían habérsela acercado tampoco lo hicieron y le metieron un arte de mierda?

Una cosa es arte hecho para humanos y otra para vendérselo a máquinas. Disfrutar de los bienes culturales es un derecho, no podemos ser tan canallas de convertir en un paradigma la forma de expresarse de la gente que no ha podido educarse. Si buscan generar empatía con eso, es perverso.

–En una de las buenas noticias ya estamos para atrás, en la otra creo también. ¿Qué opinás del amor en estos tiempos modernos?

–¡No me digas que me he quedado afuera de alguna cosa nueva! (se ríeEl amor es el engaño más básico del universo para que la raza prospere, se trata de procrear, nada más. Eso si uno es lo suficientemente cínico, claro.

–Tal vez antes era más un arte, desde el momento de la conquista…

–Nunca lo fue, no se ilusionen (se ríe y niega con la cabeza).

–¿Qué opinás de las apps de citas? Son una especie de catálogo en donde vos elegís a alguien y luego, si coinciden, pueden entablar una charla.

–Está bien, es que así sucede.

–¡Me dijiste que eras un romántico!

–Claro que lo soy, pero las cosas que suceden, suceden. El deseo se da en todo momento, después si uno quiere –y mejor quererlo– aparece lo que podríamos llamar la segunda llama, según Octavio Paz: lo primero que pasa en el fenómeno amoroso es la visión de un cuerpo hermoso, la llama platónica. La segunda llama, que se enciende un ratito después, es peor, es más fuerte, más peligrosa, porque ahí el ser amado no es intercambiable.

El cuerpo hermoso es la distinción, sí, pero la segunda llama te marca que es ese y no otro. Ahora bien, si uno tiene ganas de andar quemándose con la primera llama todas las noches, está bien, no pongamos más trabajo en esto que es vivir, no tomemos todos los pasos del amor como si fueran inevitables.

–El problema entonces es cuando tratamos de segunda llama a quien no quisimos que fuera más que la primera…

–Es que las instituciones así lo quisieron, la ley no responde a la realidad, ¿qué le vas a decir al cura? ¿“Para siempre no, disculpe, me está haciendo pecar desde el vamos”? Es necesario que haya nuevas costumbres, más livianas, porque ideas hay muchas y prevalecen las que no tienen que ver con el amor y sí con el deseo.

–En estas apps, además de compartir fotos, tenés que escribir una biografía breve para presentarte. Ya te has presentado en tus libros buscando que te quisieran, ¿qué podrías decir acá?

–Si yo te dijera que cambio todas las otras cosas que escribí para que me desearan e incluso para que me entendieran por mi juventud, estaría diciendo una verdad y después me arrepentiría, trataría de maquillarla.

Fuente:
El planeta urbano

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