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13/03/23
Regiones: Venezuela
Tres raíces
Por Luis Britto García

Idea fecunda no deja de echar raíces. Pues su vitalidad depende de la tierra, del medio en el cual germina e inicia su proyecto vital. Hacia los años 80 del pasado siglo, un grupo de revolucionarios y de jóvenes oficiales del ejército siente la necesidad de formular un diagnóstico y un proyecto que sirva de guía para la acción. La tarea es urgente. La Revolución ha sido derrotada en el campo de las armas. Los gobiernos populistas del Pacto de Punto Fijo han logrado separar pueblo y ejército. Ni siquiera las rebeliones militares de Carúpano y Puerto Cabello en 1962 lograron articularlos y unirlos. El teniente coronel Hugo Rafael Chávez Frías asume la tarea de articular un proyecto ante lo que parece un interminable reflujo del movimiento popular. Ante todo, ha de ser original, o más bien autóctono. Un plan revolucionario debe ser a la vez cultural, político y social, cada una de estas fases fundada en la propia realidad, y postular propuestas distintas de las que han fracasado anteriormente.

Robinson

Todo programa arranca como articulación de ideas. En Venezuela, y quizá en América, el gran sembrador de ellas es Simón Rodríguez. Es de pies a cabeza orijinal, al extremo de que adopta una nueva y práctica ortografía, en la cual las palabras se escriben tal y como se pronuncian. Sus vastos planes educativos chocan con los prejuicios de la época, a tal punto que desde muy joven debe emprender un dilatado exilio. ¿Qué postula este primer Simón? Educación para todas las clases sociales, y no sólo para los privilegiados. Educación de la curiosidad, del espíritu investigativo, más que de la memoria repetitiva. Educación centrada en los oficios, en las habilidades prácticas de transformar de manera útil la naturaleza, y no en aprendizaje de categorías caducas. «Antes que el Nebrija, que trae el hambre, los oficios, que traen el pan», predicará, fundando escuelas de oficios y practicándolos él mismo. Pero no se agota Robinson en las utopías educativas. Como el de todos los ilustrados, su plan cultural es a la vez proyecto político. Como escribe Chávez en El árbol de las tres raíces: «En la médula del pensamiento de don Simón Rodríguez se encuentra la simiente de un proyecto de sociedad basado en la educación popular y en la creatividad. Simón Rodríguez concibe la idea concreta de la República y talla las formas del Estado Nacional y las líneas geohistóricas de su proyección en el tiempo».

Bolívar

Bolívar, segunda raíz del árbol fecundo, es según confesión propia fruto de las ideas de Simón Rodríguez. Mucho enfatizan los historiadores su epopeya militar; poco detallan su obra económica y social. Desde 1814, dos años antes de su viaje a Haití, decreta la liberación de los esclavos que se unan a la causa independentista. Libera a los indígenas de cargas y contribuciones en trabajos forzados, dispone para éstos el respeto de sus resguardos y un justiciero reparto de tierras. Realiza la más inmensa expropiación de bienes de la Historia de Venezuela, al transferir a la República todas las propiedades de los realistas, e intenta con ellas la más completa Reforma Agraria, al disponer que las tierras sean distribuidas entre los soldados de la Independencia de acuerdo con sus méritos. Reserva para la República la propiedad de todos los minerales del subsuelo, principio genérico que todavía rige, aunque amenazado por las fuerzas de la Antipatria. Consolida las victorias militares, primero con una unión política de Quito, Nueva Granada y Venezuela que nosotros llamamos Gran Colombia, luego con la alianza internacional del Congreso Anfictiónico de Panamá para pactar la defensa mutua y la colaboración y reciprocidad entre nuestras repúblicas independizadas. Trabaja denodadamente por el lanzamiento e imposición de una moneda nacional, que por la imagen que representa será llamada «La India», y adelanta planes para el pago de la Deuda Pública mediante cultivos selectos de tabaco, que José Antonio Páez frustra apoderándose de la primera cosecha para rematarla a precio vil. Chávez rescata con especial cuidado la idea de Bolívar formulada en el Discurso de Angostura, de añadir a los cuatro poderes clásicos un Poder Moral.

Zamora

Zamora, tercera raíz del árbol revolucionario, encarna la necesidad de culminar las tareas que la emancipación dejó pendientes. Por ello insta en 1846 «por fin a conseguir las grandes conquistas que fueron el lema de la independencia». Tras la muerte del Libertador, una nueva oligarquía asumió el poder, dividió la Gran Colombia, postergó la liberación de esclavos e indígenas, acaparó las tierras y el poder político mediante el sufragio censitario, reservado sólo a los pudientes. Con la consigna «Tierra y Hombres Libres», Zamora dirige en dos campañas consecutivas la sublevación popular contra la nueva oligarquía. Pero avanza todavía más aplicando medidas socialistas en los territorios que domina: «1. Cinco leguas de tierra a la redonda y por los cuatro puntos cardinales para uso común de cada pueblo, villa o caserío.2. Eliminación del sistema de cobro de arriendo por el uso de la tierra para fines agrícolas o pecuarios.3. Fijar los jornales de los peones de acuerdo con las labores.4. Que los amos de hatos empotreren diez vacas paridas de modo permanente en las tierras del común para suministrar diariamente, y de modo gratuito, una botella de leche a los hogares pobres». Como parlamentario, Zamora defiende denodadamente el proyecto de asignar a cada esclavo liberado tierras, para que tenga como mantenerse. Antes de la Guerra Federal, también Zamora organiza los gremios laborales en Caracas, constituyéndose así en precursor de las organizaciones sindicales y obreras.

Horror a la oligarquía

Este torbellino está inflamado por una sola pasión, que Zamora expresa en el lema: «Horror a la oligarquía». En efecto, por un tiempo fue desalojada la vieja oligarquía realista, sólo para dar paso a otra oligarquía republicana de próceres enriquecidos y usureros; y ésta fue a su vez parcialmente desplazada para dar cabida todavía a una tercera oligarquía, la liberal, que finalmente entró en alianza con la gomecista y la petrolera. Esta amalgama funesta de oligarquías sucedidas por oligarquías en mutua complicidad se proponía ya para los años ochenta la privatización de empresas y servicios públicos, el despojo de los derechos de los trabajadores y la incondicional entrega al capital foráneo de las riquezas del país. Horror a la oligarquía, porque nunca muere por completo y cada vez resucita bajo formas más atroces.

El Estado y la Carta Magna

Para superar esta tragedia de oligarquías sucedidas por oligarquías, propone Chávez el «Estado Federal Zamorano». Ello «sólo podrá lograrse a partir de una Asamblea Nacional Constituyente de carácter plenipotenciario, la cual debe elaborar la Carta Magna en la situación de provisionalidad, en el marco de una profunda participación de la sociedad civil, a través de diversos mecanismos de democracia directa». Siguiendo la propuesta de Bolívar en «El discurso de Angostura», incorporará un Poder Moral, el cual «tendrá como misión fundamental asegurar el correcto funcionamiento del estado de derecho, donde se impongan la ley y la razón como principios fundamentales en la relación entre los individuos, la sociedad y el Estado». Este Poder comprenderá «a) La Fiscalía Federal de la República b) La Procuraduría Federal de la República c) La Contraloría Federal de la República».

Participación

Pero no basta con reformar el Estado. Hay que superar la «farsa representativa para avanzar hacia la conquista de nuevos espacios participativos». Participación significa que «el pueblo como depositario concreto de la soberanía debe mantener su fuerza potencial lista para ser empleada en cualquier momento y en cualquier segmento del tejido político, para reparar daños a tiempo, para reforzar algún desajuste o para producir transformaciones que permitan el avance del cuerpo social en la dirección estratégica autoimpuesta». La prodigiosa movilización espontánea del 13 de abril de 2002, que derroca una efímera dictadura del empresariado, es la evidencia del poder participativo del pueblo.

Pues «el objetivo estratégico debe ser la democracia popular bolivariana como sistema de gobierno. Y más aún, como expresión de vida económica, social y cultural del modelo de sociedad original robinsoniano». La cual se impondrá como «un modo de vida solidario».

Significativo es que un plan formulado hace tres décadas haya logrado triunfos tan relevantes y postule desafíos todavía tan pertinentes.

Homenajear a Chávez es seguir sus pasos.

Fuente:
Aporrea

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