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10/11/21
Regiones: África
Inteligencia artificial y nuevas tecnologías en África, desigualdad y tecno-colonialismo
Por Beto Cremonte

La Inteligencia Artificial (IA) hoy nos plantea una serie de interrogantes a nivel global que, a la hora de pensar la geopolítica y el nuevo orden mundial, nos deja a mitad de camino entre ese mundo (hiper) tecnológico y ese otro mundo restringido al acceso global a las nueva tecnologías.

En África, el choque con la realidad del atraso tecnológico se ve reflejado en muchos aspectos, algunos de ellos sensibles a sociedades postergadas en sus derechos fundamentales mínimos como por ejemplo el acceso a una vivienda digna, a la salud, a una educación formal garantizada por el Estado o incluso tener acceso a agua potable sin tener que caminar kilómetros para conseguirla. Como podemos observar en algunos países africanos las preocupaciones van más allá de la lucha planteada entre los EE.UU, China y en menor medida la UE, por el control global de la ciencia y la tecnología.


El mundo nos presenta un escenario donde las corporaciones tecnológicas tienen un poder e influencia social sin precedentes. Las soluciones tecnológicas a los desafíos sociales, políticos y económicos avanzan sin freno y a una velocidad que parece incontrolable. En África, así como en el resto del Sur Global, la tecnología que se desarrolla con perspectivas, valores e intereses occidentales se importa con poca o nula regulación y muy alejada de los intereses reales de los países africanos.

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“Tecno colonialismo”

Los monopolios y oligopolios mediáticos y tecnológicos occidentales, con su batería de dominación, herramientas para controlar e influir en el discurso social, político y cultural, llamativamente comparten características que en algún punto se entrelazan con los sistemas diseñados por el colonialismo más tradicional, y el otrora dominante de las potencias imperiales, que claramente estaba ligado a lo territorial, a la lengua y a la cultura impuesta por los vencedores. La diferencia sustancial en este juego de semejanzas es que al colonialismo tradicional es impulsado por fuerzas políticas y gubernamentales, el colonialismo “algorítmico”, el de ceros y unos como tormenta sin par, es impulsado por agendas corporativas. Mientras que el primero utilizó el dominio de la fuerza bruta, el colonialismo en la era de la IA toma la forma de “algoritmos de última generación” y “soluciones impulsadas por la IA” a los problemas sociales. 

La IA desarrollada principalmente por EE.UU, aunque también podríamos señalar a la UE o simplemente decir “Occidente”, está pensada y desarrollada muy lejos del continente africano, por lo que resulta ineficaz para la resolución de problemas que les ocurren a los africanos. La invasión algorítmica de Occidente agrava y  empobrece simultáneamente el desarrollo de productos locales y, al mismo tiempo, deja al continente dependiendo del software y la infraestructura fabricada para las sociedades occidentales, con necesidades y realidades occidentales.

Ahora bien, también debemos señalar que ambos colonialismos tienen sus fronteras difusas, borrosas y hasta pueden confundirse o simplemente trabajar en conjunto. La dominación política, económica e ideológica en la era de la IA toma la forma de innovación tecnológica a los problemas sociales. 

Frases tales como: “crear conocimiento sobre la distribución de la población de África”, “conectar a los desconectados” y “proporcionar ayuda humanitaria” le han servido a Facebook, por ejemplo, para desarrollar su proyecto de expansión en África. Es a partir de acciones como estas donde se pone en juego la vieja retórica colonial; “Sabemos lo que necesitan estas personas y venimos a salvarlas. Deberían estar agradecidos”.

Actualmente, gran parte de la infraestructura digital y el ecosistema de África están controlados y administrados por poderes monopolistas occidentales como Facebook, Google, Uber y Netflix. La misma historia colonial pero ahora bajo el disfraz de la tecnología.

No obstante, el colonialismo algorítmico disfrazado de “soluciones tecnológicas para el mundo en desarrollo” es bien recibido y rara vez enfrenta resistencias. Resulta importante señalar que esto intentamos ni proponemos un rechazo a la tecnología de IA en general, aun si estuviese desarrollada en Occidente. Lo que sí es plantea aquí es el rechazo de un modelo de negocio particular desarrollado por los grandes monopolios tecnológicos que imponen sus valores e intereses ahogando a todo aquello que no se ajuste a los mismos.

El acceso a datos de calidad y el uso de diversos desarrollos tecnológicos y de inteligencia artificial tienen un potencial de beneficios para el continente africano y el Sur Global en general, claro, si son utilizados con cautela y e acuerda los estándares sociales africanos en este caso. 

Por ejemplo se podrían utilizar desarrollos tecnológicos que favorezcan la solución de problemas cruciales que aquejan a todo el continente, entre los que se encuentran la atención médica y la agricultura.

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El problema no es tecnología sí o no

Las maravillas que puede ofrecer la tecnología y los beneficios para el continente no están en tela de juicio aquí, de hecho, para eso ya basta con aquellos defensores a ultranza, acríticos y que solo ven una parte del vaso y dejan de lado que etas nuevas tecnologías también traen consigo partes interesadas que buscan monetizar, cuantificar y capitalizar todos los aspectos de la vida humana cualquier costo. El futuro tecnológico del continente está abrumadoramente impulsado y dominado por estos “tecno-optimistas”.

La importación de herramientas de IA fabricadas en Occidente por tecnólogos occidentales puede no solo ser irrelevante y perjudicial debido a la falta de transferibilidad de un contexto a otro, sino que también es un obstáculo que dificulta el desarrollo de productos locales. Por ejemplo, Nigeria, uno de los países más desarrollados técnicamente de África, importa el 90% de todo el software utilizado en el país. La producción local de software se reduce a la creación de complementos o extensiones para el software convencional empaquetado. 

La invasión algorítmica de Occidente empobrece simultáneamente el desarrollo de productos locales y, al mismo tiempo, deja al continente dependiente de su software e infraestructura.

Los problemas políticos y sociales que están intrínsecamente incrustados en la historia del continente se reducen a problemas que pueden medirse y cuantificarse, son cuestiones que pueden “arreglarse” con el último algoritmo. La reducción de problemas sociales complejos a un asunto que puede ser “resuelto” por la tecnología también trata a las personas como objetos pasivos de manipulación. 

La recopilación, el análisis y la manipulación de datos implica potencialmente monitorear, rastrear y vigilar a las personas. El borrado de la persona detrás de cada punto de datos facilita la “manipulación del comportamiento” o “empujar” a los usuarios, a menudo hacia resultados rentables para las empresas. Las consideraciones sobre el bienestar y el bienestar del usuario individual, los impactos sociales a largo plazo y las consecuencias no deseadas de estos sistemas en los más vulnerables de la sociedad se dejan de lado, si es que entran en la ecuación. Para las empresas que desarrollan e implementan IA, en la parte superior de la agenda está la recopilación de más datos para desarrollar sistemas de IA rentables en lugar del bienestar de personas o comunidades individuales. 

Las tecnologías de IA que ayudan a la toma de decisiones en la esfera social son, en su mayor parte, desarrolladas e implementadas por el sector privado, cuyo objetivo principal es maximizar las ganancias. Por lo tanto, proteger los derechos de privacidad individuales y cultivar una sociedad justa es lo que menos les preocupa, especialmente si dicha práctica se interpone en el camino de la “extracción” de datos, la construcción de modelos predictivos y la promoción de productos a los clientes.

Los investigadores, los medios de comunicación y las industrias que se benefician con ella contribuyen a exagerar sobre las capacidades de la IA. Esto hace que sea extremadamente difícil desafiar la actitud profundamente arraigada de que toda África carece de datos e inteligencia artificial. El gran entusiasmo con el que se suscriben los datos y la inteligencia artificial como puertas de enlace para salir de la pobreza o la enfermedad haría pensar que cualquier problema social, económico, educativo y cultural es inmutable a menos que África importe tecnología de punta.

El continente haría bien en adoptar una dosis de evaluación crítica al regular, implementar y reportar la IA. Esto requiere desafiar la mentalidad que retrata a la IA con el poder de dios y como algo que existe y aprende independientemente de aquellos que la crean. 

Las herramientas de inteligencia artificial que se implementan en varias esferas a menudo se presentan como objetivas y sin valor. De hecho, algunos sistemas automatizados que se proponen en dominios como la contratación y vigilancia se presentan con la afirmación explícita de que estas herramientas eliminan los prejuicios humanos. 

Mientras África lucha entre digitalizar y automatizar diversos servicios y actividades y proteger el daño consecuente que causa la tecnología, los responsables políticos, los gobiernos y las empresas que desarrollan y aplican diversas tecnologías en la esfera social deben pensar detenidamente sobre el tipo de sociedad que pretenden construir o diseñar a través de la utilización de esta herramientas tecnológicas. No se pueden importar los últimos sistemas de aprendizaje automático de última generación o algunas otras herramientas de inteligencia artificial sin cuestionar el propósito subyacente y la relevancia contextual, quién se beneficia de ello y quién podría verse perjudicado por la aplicación de tales herramientas. 

El desafío está planteado, el camino (los caminos) aún se están trazando, África y lo africanos deben saber que no por exitosa en occidente, la IA otorgará los mismos resultados en tierra africana. Aceptar esta premisa, criticar lo foráneo y trabajar en el desarrollo de herramientas locales es el principio para la lucha contra una nueva colonización. La colonización silenciosa que se lleva a cabo en terrenos algorítmicos, donde la pelea es entre “ceros y unos” y el botín de guerra es la libertad de los africanos.

*Beto Cremonte es periodista, Comunicador Social y docente en la Facultad de Comunicación Social de La Plata (U.N.L.P), estudiante avanzado de la Tecnicatura Universitaria en Comunicación Pública y Política de la Universidad Nacional de La Plata (U.N.L.P)

Fuente:
PIA Global

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