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08/03/24
Regiones: Congo
El Congo sangra y el imperialismo y sus transnacionales se benefician
Por César Neto

En las últimas semanas hemos visto imágenes de jugadores de la selección de fútbol de la República Democrática del Congo realizando dos señales simultáneas.

Una mano sobre la boca y la otra con los dedos simulando un arma contra sus cabezas. Esa imagen es un símbolo de décadas de violencia contra la población congoleña. Actualmente, expresa la violencia practicada por mercenarios organizados desde el vecino país Ruanda y con el apoyo de EE.UU., Francia, Bélgica e Inglaterra, quienes con estas acciones practican limpieza étnica y apoyan a la red de contrabandistas de minerales. En las últimas semanas se han producido grandes manifestaciones en el Congo y en el exterior.

En 1885 con la partición de África, el imperialismo belga ocupó un área 75 veces mayor que su territorio. Durante los primeros 30 años de la ocupación, mató miles de elefantes para extraer marfil y luego explotó el caucho para producir neumáticos sólidos para la naciente industria automovilística. Para extraer el látex, impuso castigos violentos a los trabajadores y sus hijos, incluido el corte de pies y manos a adultos y niños [1].

El rey Leopoldo II de Bélgica, una mezcla de Adolf Hitler y Benjamín Netanyahu, murió en 1909 y Bélgica continuó dominando el país hasta su independencia en 1960. Durante este período, el Congo era el tercer país más industrializado del continente y su clase trabajadora libró luchas heroicas que impusieron la independencia en 1960. Fue una independencia a medias en la medida en que fue una independencia sólo en el campo político. El principal dirigente, Patrice Lumumba, fue asesinado por los propios belgas y así se allanó el camino a la dictadura sanguinaria de Mobutu Sese Seko (1965 a 1997) que derrotó la lucha de resistencia de los trabajadores.

En 1997, cayó el gobierno de Mobutu y Laurent Kabila asumió el poder con el apoyo de Paul Kagame, de Ruanda. ¿habría sido realmente un apoyo? Después de todo, este apoyo significaba que el comandante del ejército congoleño era un ruandés designado por Kagame. Laurent Kabila gobernó de 1997 a 2001, cuando fue asesinado. Como una dinastía, su hijo Joseph Kabila asumió el poder y gobernó hasta 2019. Fueron 24 años sucesivos de gobiernos bonapartistas de la familia Kabila.

Entre 1998 y 2003, un conflicto de proporciones gigantescas que involucró a ocho países africanos y 25 grupos armados lo cual significo que la población diezmó aproximadamente entre 5 y 6 millones de congoleños. Este conflicto es considerado el más mortífero desde la Segunda Guerra Mundial

Cómo explicar estos sucesivos gobiernos bonapartistas y genocidas

Las masacres contra la población congoleña comenzaron con el rey Leopoldo II, de Bélgica al servicio de la naciente industria automovilística (Ford, Peugeot, etc.) y de neumáticos como Dunlop, Good Year, etc., que necesitaban el látex natural existente en el Congo.

La masacre perpetrada por Leopoldo II se convirtió en un escándalo internacional. Para mejorar su imagen favoreció a dos hermanos ingleses, quienes con trabajo esclavo y limpieza étnica formaron la Lever’s Brothers, y comenzaron un imperio que hoy se conoce como Unilever, o Unkiller[2].

​Las riquezas minerales y naturales siempre han sido fuente de codicia por parte de los distintos imperialismos. Por ejemplo, para construir la bomba atómica, Estados Unidos extrajo un millón doscientas mil toneladas de uranio de la mina Shinkolobwe, sin medidas de protección contra la radiación y hoy, 80 años después, todavía nacen niños con malformaciones congénitas.

La región oriental del Congo, formada por los estados de Kivu del Sur, Ituri y Kivu del Norte, hace frontera con Ruanda, Burundi y Uganda, es extremadamente rica en minerales como oro, coltán, casiterita, cobalto y uranio.

Al menos desde la década de 1990, Ruanda se ha convertido en un importante exportador de productos agrícolas y minerales. Es un país muy pequeño, el más pequeño de África, 88 veces más pequeño que el Congo. En un área tan pequeña no hay forma de ser un productor y un gran exportador de diversos productos naturales y minerales. De hecho, gran parte se introduce de contrabando desde el Congo y para ello existe toda una red de contrabandistas y milicianos.

En Ruanda y Uganda (país vecino), el oro contrabandeado desde el Congo es refinado por empresas belgas propiedad de la familia de Tony Goetz. La familia está acusada de compra y venta ilegal de oro, financiación de milicias y blanqueo de dinero. Tony Goetz falleció en 2018 y su imperio sigue estando al frente de sus hijos. Uno de los hijos, Sylvain Goetz, condenado por la justicia belga por lavado de dinero y tráfico de oro, es propietario de la empresa de refinación de oro North Star, ubicada entre Baia do Guajajara y Av. Artur Bernardes, en Belém do Pará/Brasil [3]. Los Gaetz, además de blanquear oro en Dubai, también son proveedores de “Tesla, Amazon, Dell, Johnson & Johnson y HP, e incluso de cafeteras Starbucks” [4].

La participación de estas empresas tira por tierra, todo el debate en la prensa burguesa que trata los conflictos en el Congo como una consecuencia de conflictos étnicos entre hutus y tutsis y otras etnias.

Ruanda, el estado gendarme y espejo de Israel

Paul Kagame, dirige Ruanda desde 1994. Primero militarmente y desde 2000 como presidente electo. Kagame es tutsi, su etnia supuestamente fue masacrada por los hutus en 1994 en la conocida masacre de Ruanda cuando 800.000 personas fueron asesinadas en poco más de una semana. Aunque era miembro de la minoría masacrada, se impuso militarmente a los hutus. Paul Kagame también es responsable de la I y II Guerra del Congo. Internamente, el país es una dictadura sedienta de sangre. Patrick Karegeya, ex jefe de inteligencia de Ruanda, se peleó con Paul Kagame y se fue a vivir a Sudáfrica, donde fue asesinado. La declaración de Kagame a los periódicos sobre el asesinato se explica por sí sola: «Quien traicione al país pagará el precio, se lo aseguro. Cualquiera que todavía esté vivo y pueda estar conspirando contra Ruanda, sea quien sea, pagará el precio. Sea quien sea, es cuestión de tiempo»[5]

Ruanda tiene hoy el mismo perfil que Israel en el sentido de que actúa como un Estado gendarme en la región. En varios conflictos, se envían tropas ruandesas para intervenir. A diferencia de otros ejércitos, el de Ruanda está altamente profesionalizado y cuenta con mucha ayuda financiera de Bélgica, Inglaterra, Francia y Estados Unidos. Cuando los intereses de Total Energies y ExxonMobil, por la exploración de gas en Cabo Delgado (Mozambique) estaban en riesgo, fueron las tropas ruandesas las que derrotaron a los grupos islámicos. Si el ejército nacional, como en el caso de Mozambique, no tiene fuerzas suficientes, Ruanda alquila su ejército de profesionales.

En el caso congoleño, los intereses de Ruanda están relacionados con el control territorial de las zonas auríferas, la exploración y el contrabando. Entre sus acciones se incluyen numerosos casos de limpieza territorial, expulsión de la población local. En los últimos días, por ejemplo, 135.000 personas fueron expulsadas de Masisi hacia la capital, Goma. Antes de su expulsión, llevaron a cabo secuestros, asesinatos y violaciones masivas. Según la organización Médicos Sin Fronteras, se registran al menos 60 casos al día.

En el Congo, toda esta violencia la lleva a cabo una milicia muy bien armada, inclusive con aviones, bombas y drones, llamada M23, y que, desde la ONU hasta el más simple habitante, sabe que está financiada por Ruanda, y este país financiado por el Reino Unido, Francia, Bélgica y Estados Unidos. Todo este financiamiento es para garantizar los intereses de las empresas transnacionales que operan en el Congo o que necesitan sus materias primas.

Además del M23, otros 120 grupos armados operan en la región, según estudios de varias organizaciones internacionales.

​El capitalismo mata. Muerte al capitalismo

La historia de la República Democrática del Congo está asociada a sucesivos genocidios. Todas ellas practicadas por naciones imperialistas al servicio de sus empresas transnacionales

El rey Leopoldo de Bélgica está acusado del asesinato de varios millones de personas. Hay datos que varían entre 1 y 10 millones de congoleños [6]. Este asesinato estuvo relacionado con la limpieza étnica y esclavización de hombres y mujeres para extraer caucho que sería vendido a Dunlop, Firestone, GoodYear, entre otras. Estos fabricantes de neumáticos eran proveedores de las empresas automovilísticas Peugeot, Ford, Daimler Benz, etc.

Al final de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos lanzó el proyecto Manhattan para producir la bomba atómica. La materia prima esencial era uranio excelente procedente de la mina Shinkolobwe, propiedad de la empresa belga Union Minière de Haut Katanga. La exploración, el transporte y el envío a Estados Unidos produjeron beneficios astronómicos para las empresas: Bechtel, DuPont, Raytheon, Eastman Kodak, Union Carbide, Pan American Airways, Caltex (actualmente ChevronTexaco), etc. A lo largo de los años se han producido muertes de la población congoleña debido a la contaminación con material radiactivo. Las pocas fotografías de la época muestran a inspectores norteamericanos con equipos de protección y a trabajadores congoleños sin protección. El uranio era transportado en vagones camuflados, sin protección y en el largo viaje contaminaba a las poblaciones.[7]

​Durante la dictadura de Mobutu se aplicó la política impuesta por el Banco Mundial, llamada Estrategia para la Minería Africana, que impuso la privatización de las estatales Gecamines y la desregulación total de la minería. En esa época surgieron empresas gigantes como Rio Tinto, Anglo American, Glencore, entre otras, que comenzaron a controlar toda la extracción industrial. Al mismo tiempo, cobró gran impulso la minería semiartesanal y con ella el comercio ilegal, el contrabando y el surgimiento de milicias. Un informe de la ONU de 2014 afirma que: “La República Democrática del Congo (RDC), el segundo productor mundial de diamantes y el mayor exportador mundial de mineral de cobalto, es el país más afectado por la explotación ilegal de sus recursos naturales, en particular explotación de minerales y exportaciones ilegales” y que, lo que es más grave, el dinero generado por este tráfico financia grupos armados”.

En esta secuencia hay empresas que exploran la extracción de minerales o recursos naturales, empresas que operan en la preindustrialización como la familia Gaetz, propietaria de la African Gold Refinery (Uganda) capaz de refinar más de 220 toneladas de oro al año, de la refinería de Aldango (Ruanda) que puede procesar hasta 75 toneladas al año y de una empresa en Dubai, PGR Gold Trading, que compra todo este oro. Además de estas empresas, los Gaetz, como dijimos anteriormente, instalaron una refinería de oro en el Estado de Pará (Brasil) y coincidentemente, la participación de grupos milicianos en el país está creciendo.

Además del oro, el coltán de la región pasa por el mismo proceso y será utilizado por empresas como Tesla, Dell, Microsoft, Amazon, HP e incluso Starbucks.

Como puede verse, el capitalismo mata. Es necesario luchar por el fin del capitalismo. Pero en un plano inmediato debemos denunciar el genocidio recurrente en el Congo y, en particular, en este momento, estar al lado de las grandes manifestaciones que tienen lugar en Bélgica y Francia contra las acciones del M23, contra la injerencia del régimen de Paul Kagame (Ruanda) y contra el financiamiento de las milicias y el ejército ruandeses por parte de corporaciones transnacionales y países imperialistas.

César Neto* Periodista y columnista de diversos portales políticos. Miembro del Sector Internacional de CSP-Conlutas

Fuente:
Noticiaspia
Etiquetas: Congo | EEUU | Imperialismo | Ruanda

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