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02/10/26

Temas: Geopolítica

Regiones: Groenlandia

Groenlandia: dominación sin invasión

Por Camila Canuti Firpo

El redespliegue norteamericano está en un punto álgido: mantiene frentes abiertos contra China, con la guerra arancelaria y la competencia tecnológica; con Rusia, en su disputa por el control de rutas comerciales y militares; con Irán, en una guerra por el control del petróleo y de los s clave para la comercialización del mismo.
Pero aún no logra cerrar ninguno de estos conflictos, dejando entrever la pérdida de poder real. Obtener el control territorial de Groenlandia tal vez le dé al presidente de Estados Unidos una victoria parcial, al poder hacerse del control estratégico de la isla por su posición geopolítica.
El martes, con el marco de la Asamblea General de la ONU, Donald Trump, presidente de Estados Unidos; Mette Frederiksen, la primera ministra danesa; y Jens-Frederik Nielsen, primer ministro groenlandés, firmaron un acuerdo a partir del cual Estados Unidos pasa a tener el control real de la isla, mientras que Groenlandia mantiene su autonomía/soberanía en los papeles.
EEUU reconoce “la soberanía y la integridad territorial” danesa, además del derecho del pueblo groenlandés “a la autodeterminación”, con “una seguridad compartida” de la isla y hacia el Ártico y la región norte del Atlántico. Washington mantiene su base espacial de Pituffik en el noroeste de Groenlandia, y el nuevo acuerdo permite a Estados Unidos “modernizar y ampliar sus actividades” allí. También establece que “ningún Estado que no sea miembro de la OTAN podrá establecer sus propias instalaciones militares, tripuladas o no tripuladas, ni se le permitirá una presencia permanente de fuerzas militares en Groenlandia”.
El documento firmado modifica y actualiza un acuerdo de defensa de 1951 entre Dinamarca y Estados Unidos. En este se formaliza que Washington podrá “establecer una zona de defensa adicional en Narsarsuaq y Mestersvig”, en referencia a ubicaciones en el sur y el este de Groenlandia. La importancia de la ubicación de Narsarsuaq es porque en la zona se tiene acceso a aguas profundas y una gran pista de aterrizaje. Las “modalidades y detalles técnicos” de las bases aún están por confirmarse y, según el acuerdo, deben ser consensuados por todas las partes.
Este acuerdo le da de facto el poder militar permanente en esa isla y abre las puertas a su explotación económica por compañías estadounidenses, sin que la Unión Europea o la OTAN hayan podido hacer nada al respecto.
Groenlandia es para el gobierno estadounidense un activo estratégico para controlar el territorio donde hay recursos naturales, minerales críticos, rutas árticas emergentes y le daría posiciones militares ventajosas frente a Rusia y China.
Groenlandia está en la ruta más corta entre Norteamérica y Rusia/Europa por el Polo Norte. Durante la Guerra Fría, la OTAN la usó como barrera de vigilancia para detectar submarinos nucleares soviéticos que se dirigían al Atlántico Norte. Hoy la Base Espacial de Pituffik contiene sistemas de alerta temprana de misiles balísticos y seguimiento espacial, y busca consolidar un portaaviones inamovible en el Ártico desde el que vigilar el Atlántico Norte, permitiéndole sostener su arquitectura global de defensa.
El calentamiento global, provocando el deshielo de la zona, está liberando el del Ártico y la Ruta del Mar del Norte, abriendo la posibilidad de nuevas rutas comerciales más cortas entre Asia, Europa y América que las actuales, por lo que quien controle los puntos de en el Ártico tiene influencia directa sobre el comercio, aunque EEUU no cuente con los rompehielos necesarios para comerciar por la zona, como sí los tiene Rusia.
La isla tiene reservas importantes de tierras raras, uranio y otros minerales críticos para tecnología militar, energías renovables y semiconductores, además de hidrocarburos bajo el hielo. China ya tenía inversiones e interés comercial en el sector minero groenlandés, algo que Washington ve como una amenaza a su cadena de suministro de minerales críticos. A partir del acuerdo, también busca limitar el acceso chino a la región, en un contexto de disputa por la tenencia, procesamiento y control de materiales críticos y tierras raras.
El agua congelada, la gran superficie disponible y la energía hidroeléctrica barata de Groenlandia son factores de interés para Silicon Valley, porque facilitarían la creación de centros de datos de inteligencia artificial con refrigeración natural gratis. Es el espacio perfecto para que las High Tech exploten los recursos sin control.
El acuerdo es la muestra concreta de que, por lo menos desde febrero, Washington estaba en negociaciones con Dinamarca por el control de la isla, por la que Trump ha mostrado un gran interés desde su primer mandato. Groenlandia entregó el control de la seguridad a Estados Unidos, de la economía de la isla al permitir la entrada de empresas norteamericanas, y le dio a Washington la capacidad de excluir a cualquier actor militar y económico que no esté alineado a sus intereses.
La claudicación ante EEUU, otorgándoles el control de la seguridad y la defensa, dándoles hasta la posibilidad de lanzar ataques con misiles balísticos y vigilar los satélites de defensa, propios y ajenos, es una pieza clave del sistema “Cúpula Dorada” impulsado por Trump. Observando la jugada geopolítica, podría tomarse como una victoria militar, pero la militarización es en realidad una demostración del intento por recuperar poder ante el declive de la hegemonía estadounidense.
Ni Rusia ni China han postulado públicamente interés por establecer bases militares en Groenlandia, por lo que la prohibición al acceso de estos países es solo una excusa del gobierno de Trump para configurar una imagen de gran salvador en un territorio del que solo quiere usar sus recursos, extraer minerales y tierras raras, y hacerse del control de las vías comerciales y militares. La militarización se justifica invocando un peligro que está sobredimensionado.
Lo que se firmó en Nueva York no tiene fecha de finalización y solo puede modificarse por mutuo acuerdo, lo que en la realidad significa que Washington tiene poder de veto ante cualquier revisión que le sea desfavorable.
La creación de un enemigo le da la pauta a Estados Unidos para justificar la militarización de territorios estratégicos de su interés, para seguir perpetrando el sometimiento. En el siglo XXI, ya no hace falta un golpe de Estado o una invasión para hacerse con el control de un territorio, se firman “acuerdos” que esconden la dominación de un Estado por sobre otro.

Fuente: Geoestrategia.eu

Etiquetas: Dinamarca | Imperialismo | Trump

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