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22/04/22
Regiones: Nigeria
Delta del Níger: petróleo, saqueo y violencia multinacional
Por Beto Cremonte

En el Delta del Níger la actividad de empresas multinacionales ha exacerbado el uso de la violencia, el crimen y ha despertado un sentimiento de desposesión de los recursos naturales entre la población local.

La degradación medioambiental, la violencia entre grupos armados, la piratería, la desigualdad socioeconómica y otros factores, han creado un complejo panorama en la región de la Cueca del rio Niger. Debido a ello, es importante atender, saber y entender el papel que juegan las empresas extranjeras en la configuración de esta situación 

La relación entre empresas privadas y conflictos armados, no es para nada una novedad, de hecho en muchos casos se ha comprobado que los conflictos son creados y hasta financiados por empresas que persiguen intereses económicos o territoriales y para conseguirlos necesitan crear un clima, una disputa, un conflicto que garantice su objetivo final. Normalmente los orígenes de esta relación simbiótica entre empresas y conflicto amado tienen un origen bien remoto. Europa y EE.UU encabezan el listado.

El sur de Nigeria es una de las regiones del planeta más contaminadas por los vertidos de fuel

Colonialismo como un primer paso del saqueo

Un punto importante en el análisis debe estar centrado en los orígenes del problema. En el caso de la cueca del Niger, como en muchos otros sitios del continente africano, todo comienza con la expansión colonial de las potencias europeas y occidentales. Esta colonización, en su comienzo, fue llevada a cabo mediante compañías comerciales, que encontraron en África una fuente de riquezas superficiales y subterráneas que ameritaban cualquier tipo de acciones para apropiarse de las mismas. El uso de la violencia, estaba en el listado como herramienta para llevar a cabo el saqueo y aumentar los beneficios empresariales. Los Estados coloniales no son ajenos a esta situación, de hecho sin su participación hubiera sido imposible para las empresas. Más adelante en el tiempo, ya con las independencias africanas,  la corrupción y oportunismo de los gobiernos también fueron colaboradores en esta situación.

Aunque fuese cerca de Europa, África fue hasta el siglo XIX un continente impenetrable debido a la presencia de numerosas enfermedades tropicales contra las cuales la medicina occidental no tenía (aún) como enfrentarlas. Sólo algunos establecimientos comerciales europeos se encontraban en las costas, los productos del interior se adquirían por intermediarios africanos. Sólo aventureros como el escocés Mungo Park conocido como “el explorador del río Níger”, o el francés René Caillé “descubridor” de Timbuktú, osaron adentrarse en la profundidad del continente.

La medicina encontró el tratamiento para la malaria y facilitó las campañas de exploración sistemáticas y la ulterior ocupación europea del continente y por consiguiente el comienzo del expolio a África que se remota hasta nuestros días no sin cómplices dentro y fuera de las fronteras continentales. Las guerras por el cobalto, la ocupación del Sáhara Occidental, las explotaciones mineras de coltán, zinc, cobre, oro, diamantes y por supuesto el “oro negro” son algunos de los ejemplos que sobran como ejemplo del saqueo sin límites en el que se encuentra el continente.

Un miliciano con su arma en el estado de Ondo, Delta del Níger, Nigeria. (Reuters).

Globalización y libertad de mercado al servicio del expolio

Con el auge de la globalización y la liberalización de mercados, que en una línea histórica la podríamos ubicar en 1989, con la caída del muro de Berlín, las empresas multinacionales se expandieron a países dónde apenas habían operado con anterioridad. Entre ellos, los países africanos que representaron un nuevo y sencillo horizonte de expansión del capitalismo global y con ello se fueron multiplicando los conflictos armados.

Estos conflictos en principio fueron con los movimientos de resistencia, luego, una vez abatidos estos, los conflictos fueron creados a pedido de los negocios que se hacían con los recursos que se extraían del suelo africano.   

La degradación ambiental, la explotación indiscriminada y la escasez de recursos son catalizadores directos de conflictos armados. El progreso sin control que propone el capitalismo global acarrea, sin lugar a dudas, regresión social, violencia, represión a los movimientos que resisten los embates imperiales y coloniales, hambrunas y opresión a los pueblos que quedan en medio de la voracidad del mercado. 

Según un informe de la ONU en los últimos 60 años, el 40% de las guerras civiles han estado vinculadas con la lucha por los recursos naturales. A pesar de que estos recursos naturales y el medioambiente han contribuido al estallido y financiación de conflictos, raramente han sido la única causa de un conflicto armado. La “multicausalidad” de estos eventos está muchas veces centrada la presión que ejercen las multinacionales extractivistas en el territorio en pos de una mayor rentabilidad a un menor costo y para ello fomentan los conflictos internos, los financian y los utilizan como una herramienta. Los pueblos que se resisten en defensa del territorio y la riqueza que contiene son empujados a la violencia y catalogados como terroristas.

Shell, que dice haber limpiado zonas gravemente contaminadas del delta del Níger

El Delta del Niger y la cuenca petrolera

Un caso en concreto dónde la degradación ambiental, junto a otros motivos (entre ellos la corrupción), ha avivado el conflicto armado, es la región del Delta del Níger en Nigeria. En este caso, la degradación medioambiental causada por actividades de multinacionales ha llevado a condiciones adversas que han provocado la disminución de la producción y empleo local. A consecuencia de ello, muchos jóvenes motivados por un sentimiento de privación de sus recursos naturales, se han unido a grupos paramilitares para enfrentarse a empresas multinacionales

Nigeria es el país más poblado de África con más de 191 millones de habitantes, y la economía más potente del continente. Este país cuenta con más de 250 grupos étnicos dónde los Yoruba, Igbo y Hausa-Fulani representan entre el 60% y el 70 % de la población. Con la independencia de los británicos, Nigeria se convirtió en un estado federal dividido en tres grandes regiones, 36 estados y 774 áreas de gobierno local.

De acuerdo a la OPEP, Nigeria cuenta con unas reservas de 37.453 millones de barriles de petróleo y es uno de los principales exportadores del mundo. El Delta del Níger cuenta con las mayores reservas de petróleo de Nigeria. La zona se encuentra al sur del país y representa el 12% de la superficie del país, donde habitan 30 millones de personas. Las primeras extracciones fueron realizadas en 1937 por la empresa Shell-BP. Durante la primera mitad de 2018, el gas y petróleo constituyeron el 90% de las exportaciones de Nigeria. Es aquí donde radica la importancia del territorio y el control del mismo significa el control del negocio del petróleo.

La lucha por los recursos en el Delta del Níger se remonta a mediados de los años 60 cuando las Fuerzas Voluntarias del Delta del Níger integradas por miembros de la etnia Ijaw, intentaron una división territorial en busca de la independencia étnica. Tras ello, una guerra civil por la independencia de Biafra, tomó lugar entre 1967 y 1970. Durante la guerra, Biafra se financió con pagos de empresas extractivas británicas. A consecuencia de ello el gobierno federal de Nigeria impuso un embargo a estas empresas. Una vez el gobierno recuperó el control, las extracciones petrolíferas se reestablecieron. Sin embargo, un enorme daño medioambiental y pérdidas habían sido causados. Gran Bretaña favoreció al gobierno federal de Nigeria durante la guerra civil con el objetivo de proteger las inversiones de Shell-BP.

A principios de los 90, en pleno auge neoliberal, donde el capitalismo global aún festejaba la caída del Muro de Berlín, el sabotaje de plantas petrolíferas pertenecientes a empresas extranjeras se usó cómo arma para atacar al estado de Nigeria. Sin embargo la población local ofreció resistencia a estos embates del “capital extractivista”, quizás motivados por un sentimiento de desposesión, alienación y degradación medioambiental.  

También a comienzos de los ‘90, el Movimiento para la Supervivencia del Pueblo Ogoni publicó un memorándum para reivindicar el derecho a controlar sus recursos naturales y su autonomía política. La “crisis Ogoni” comenzó en 1992 y refiere al uso extremo de la violencia y violaciones masivas de Derechos Humanos por parte del Estado de Nigeria debido a las demandas del pueblo Ogoni hacia las empresas operando en su territorio.  

Siglo XXI y el petróleo en el Delta del Níger

A pesar de las elecciones en 1999 y el regreso de la democracia a Nigeria, la zona del Delta del Níger permaneció altamente militarizada, lo cual reforzó la resistencia local. En el año 2000 la Comisión para el Desarrollo del Delta del Níger fue creada para facilitar la prosperidad económica, social y ecológica de la región. Sin embargo, el “fallo” de los movimientos no violentos del siglo pasado, llevó a que grupos cómo el Movimiento por la Emancipación del Delta del Níger y los Militantes de la Fuerza de Voluntarios del Pueblo del Delta del Níger, establecieran campañas violentas de sabotaje de infraestructuras petrolíferas. Estas prácticas no consiguieron que las empresas privadas se marcharan sino que reforzaran sus sistemas de seguridad, aumentando la conflictividad en la región, ya que contrataron grupos irregulares de seguridad generando un ciclo endémico de violencia. Mientras unos continuaban defendiendo su territorio saboteando y atacando infraestructuras y plantas multinacionales,  estas se defendían contratando más seguridad privada incentivando la violencia y provocando luchas entre las milicias. Esto se ha convertido en un negocio rentable en el que empresarios y políticos de Nigeria, el ejército y otros actores internacionales, han decidido también participar para sacar rédito de los conflictos que subyacen del robo de crudo.  

Mientras que billones de euros han sido extraídos de los pozos del Delta del Níger, paradójicamente, sigue siendo una de las zonas más empobrecidas de Nigeria. Además, la destrucción de su ecosistema está valorado en pérdidas irrecuperables de decenas de billones de dólares. Y el país sigue sumergido en un escenario de violencia que día a día se cobra la vida de muchos africanos inocentes que observan como se roban la riqueza de su tierra.

*Beto Cremonte es periodista, Comunicador Social y docente en la Facultad de Comunicación Social de La Plata (U.N.L.P), estudiante avanzado de la Tecnicatura Universitaria en Comunicación Pública y Política de la Universidad Nacional de La Plata (U.N.L.P)

Fuente:
PIA Prensa Internacional Alternativa

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