SpanishPortugueseEnglishFrenchChinese (Simplified)RussianPersianArabic
16/10/23
Regiones: Mundo
Orden Internacional basado en reglas: unos tantos y otros tan poco
Por David Romero Feito

Estos últimos días en los que el conflicto israelo-palestino ha dejado en un segundo plano el escenario abierto en Ucrania tras el inicio de la Operación Militar Especial llevada a cabo por Rusia el 24 de febrero de 2022, pueden observarse determinados elementos que, como mínimo, deberían de hacer saltar las sospechas en sociedades que se presuponen maduras, tolerantes y democráticas, incitando a su vez debates y reflexiones honestas.

Siguiendo con el paralelismo entre un caso y otro, parece evidente, tomando prestadas las palabras del representante de la Autoridad Palestina en España Husni Abdel Wahed que “se aplican criterios distintos a situaciones similares. Mientras los ucranianos tienen derecho a defenderse y a llevar a cabo una guerra contra lo que llaman invasor, los palestinos no tenemos derecho a defendernos y lamentablemente en Europa y en Occidente tienen el monopolio de calificar y descalificar, y designar a aquellos buenos y otros malos” [1].

En efecto, esta doble vara de medir a la que se refiere Abdel Wahed refiriéndose a la situación que se vive en los territorios ocupados en Oriente Próximo, la podemos observar desde los pronunciamientos llevados a cabo por altos representantes de la Unión Europea, donde todos han cerrado filas con Israel, hasta medidas llevadas a cabo en determinados países como Francia, Reino Unido o Alemania contemplando la penalización por el hecho de enarbolar una bandera palestina [2], mientras han ondeado banderas ucranianas en espacios e instituciones públicas, o simplemente por manifestarse a favor de la causa palestina [3].

Censura y políticas punitivas para las voces que no terminan de encajar en el relato que se está intentando imponer desde el bloque de poder euroatlántico entorno a las cuestiones que atañen a su perspectiva e intereses geopolíticos, exactamente igual que ocurrió en torno al conflicto entre Rusia y la OTAN a través de un actor proxy como Ucrania, donde, empleando un concepto que utilizó el actual jefe de la diplomacia europea Josep Borrell, en el “jardín” de las libertades se privó a la ciudadanía de un derecho fundamental como es el derecho de información al cerrar canales a los que, de forma genérica, se los catalogaba como “prorrusos”. Como ocurre en cualquier conflicto, y por tanto en cualquier terreno en el que hay una disputa de poder, el relato forma parte esencial a la hora de legitimar la posición de según qué actores.

Ahora bien, no dejan de ser chocantes estas actitudes de los adalides de la libertad y la democracia –mención aparte sería qué entienden por libertad y por democracia-, pues bastaría con recordar algunas campañas de intoxicación llevadas a cabo contra según qué gobiernos por supuestas vulneraciones de esos mismos derechos a los que ahora están abocando al ostracismo. Un ejemplo de ello lo tuvimos en 2007, cuando el entonces presidente de la República Bolivariana de Venezuela Hugo Chávez optó por no renovar la licencia a Radio Caracas Televisión (RCTV).

Importante resaltar este matiz, pues Chávez, a diferencia de lo que sí que ha ocurrido con otros medios como Russia Today o Sputnik, nunca cerró ningún medio de comunicación, ni siquiera el privado RCTV a pesar de haber sido un actor clave en la estrategia de desestabilización institucional enfocada en acabar con el proceso democrático, participativo y protagónico abierto en aquel país, como lo demostró en el golpe de Estado del 11 de abril de 2002. He aquí, una muestra palpable del cinismo manifestado por los señores del autoproclamado mundo libre [sic] ya que mientras violentan a conveniencia aquellos principios que dicen defender, osan dar lecciones de ética y de derechos humanos al resto del mundo. Como dice el refranero popular: dime de qué presumes y te diré de qué careces.

Pero es igual, cuando los actores hegemónicos –Estados Unidos de Norteamérica y sus aliados más cercanos- tratan de imponer su poder e influencia en escenarios que consideran vitales para ellos, no hay matices ni reglas que valgan, simplemente fuerza que es la que posibilita determinar quiénes son “los buenos” y “los malos” y por cuánto tiempo al depender de sus intereses. Como ejemplo para visualizar lo expuesto recientemente tenemos el caso de Sadam Hussein en Irak –entre otros muchos.

Además del caso israelo-palestino, otra realidad en la que se ha aplicado esta defensa tan particular y limitada de los derechos humanos, propia de un pretendido orden internacional basado en reglas –la de los fuertes-, es América Latina y el Caribe, donde los ataques enmarcados en la guerra multiforme que lleva padeciendo la Revolución Bolivariana desde sus inicios han sido una constante, desde golpes de Estado, pasando por golpes a sectores clave de la economía del país como ocurrió con el llamado paro petrolero de 2002-2003, intentos de magnicidio, invasiones militares, bloqueo y medidas coercitivas, cerco político-diplomático, guarimbas, robo y despojo de los activos del Estado… El propósito de estos ataques a la nación bolivariana es el mismo que el que acabó con la experiencia de Mosaddeq en Irán en 1953, de Arbenz en Guatemala tan solo un año después en 1954, o de Goulart en Brasil en 1964, esto es: bloquear y torpedear el desarrollo soberano de estos pueblos en todas sus manifestaciones ya que, como menciona Noam Chomsky en su célebre trabajo El miedo a la democracia, los enemigos más destacados del imperialismo son la democracia, entendiéndola como la participación de las grandes mayorías para actuar como contrapeso a la concentración de poder, y el nacionalismo popular e independiente. La Revolución Bolivariana, reúne ambos elementos al lograr redefinirse como una democracia popular, protagónica y participativa y un nacionalismo de base, proyectado en el componente de la venezolanidad e interpretado como marco de protección soberana para gestionar los recursos estratégicos con los que proceder a una distribución de la riqueza, proyectándolo también a escala regional retomando la idea del Libertador Simón Bolívar en lo que respecta a la integración.

Estos elementos son básicos para entender los ataques y el odio que la experiencia bolivariana ha suscitado en los centros de poder de las metrópolis que hicieron de Venezuela su patio particular. Los mismos que a la hora de defender según qué derechos salen en tropel a través de sus respectivos think-thanks y ONGs, y a su vez callan ante otras situaciones. A este respecto, según un estudio elaborado en 2019 por los economistas Mark Weisbrot y Jeffrey Sachs las sanciones impuestas unilateralmente contra el país han ocasionado alrededor de 40.000 víctimas [4], ¿han dicho algo a este respecto? La callada por respuesta.

Además de mirar para otro lado ante este tipo de decisiones arbitrarias tomadas en contra del derecho internacional, la manipulación mediática, los sesgos informativos y la tergiversación de según qué acontecimientos han sido piezas esenciales para construir un tipo de narrativa –poder blando- que ha buscado, de manera sistemática, la legitimación de cualquier ataque o agresión a la soberanía de la nación latinocaribeña. El lugar común de la narrativa europea y norteamericana es considerar a Venezuela una “Dictadura” –también otro concepto muy utilizado es el de “régimen”- en la que los derechos civiles y políticos no están garantizados, además de denunciar la existencia de lo que llaman “presos político”, restando así credibilidad a los procesos electorales llevados a cabo en el país en estas últimas dos décadas en los que siempre se ha logrado imponer el chavismo a excepción de las elecciones legislativas de 2015 y que supo asumir con deportividad democrática.

Dejando a un lado el evidente uso partidista de estos elementos, los cuales ya a algunos no nos pillan de sorpresa, resultó sumamente acertada la pregunta reflexiva que realizó el fiscal general de la República Bolivariana de Venezuela Tarek William Saab ante el comité de expertos en Ginebra con motivo de la presunta violación a los derechos de participación política: “¿Qué opinan ustedes que sujetos al margen de la ley atenten contra todo el alto mando civil y militar de una nación a través del uso terrorista de drones? (…) ¿esas personas detenidas, condenadas, con sentencia definitivamente firme por atentar contra nuestras vidas son presos políticos?” [5]. Lo dicho, algunos aún se creen con la providencia divina como para meter según qué temas en la agenda y delimitar con ello el marco de la opinión pública, obviando que en sus propias sociedades se producen casos flagrantes de conculcación de derechos elementales. Esta actitud, además de metiche, se puede resumir en lo siguiente: ver la viga en el ojo ajeno, y no la viga en el propio.

En relación con esto último, otra manifestación de estos dobles raseros que existen en instancias que se consideran multilaterales y que vacían de contenido real conceptos como derecho y comunidad internacional, también la tuvimos hace tan solo unos meses cuando la Unión Europea criticó la decisión de inhabilitar a María Corina Machado, obviando, por descontado, los motivos y hechos delictivos por los que se la ha inhabilitado por 15 años [6] de acuerdo a las leyes y Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. De inmediato, todos los medios de comunicación se hicieron eco de la noticia, colocando el nombre de Corina Machado en sus respectivas páginas para que la opinión pública sepa de su caso en una estrategia comunicativa enmarcada en el intento de desacreditar la decisión adoptada por la Contraloría General de la República.

Por supuesto que en el orden internacional basado en reglas, recurriendo nuevamente a las palabras del embajador palestino, parece que Occidente se cree con el monopolio para calificar y descalificar, y determinar quiénes son los buenos y los malos. Así, mientras que la UE y los medios de comunicación sacaron a la palestra el caso de la inhabilitación de Corina Machado, existe un caso verdaderamente sangrante, de quiebre de todo tipo de legalidad internacional sobre el que han guardado un enorme silencio. Me estoy refiriendo al caso del diplomático venezolano Alex Saab quien lleva tres años privado de libertad. 

Saab fue detenido el 12 de junio del año 2020 –contexto marcado por la pandemia de covid-19- en la República de Cabo Verde mientras realizaba una misión humanitaria como diplomático, con el objetivo de hacerse con insumos básicos –comida, medicinas y combustible- para que los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP) pudieran acometer su tarea de enfrentar el desabastecimiento de un país duramente golpeado por las sanciones enmarcadas en las medidas coercitivas unilaterales llevadas a cabo a raíz del llamado Decreto Obama del 8 de marzo de 2015, e incrementadas durante los años de la Administración Trump en su estrategia de la “máxima presión” contra Venezuela para acabar con la Revolución Bolivariana. Estrategia a la que, por otra parte, se sumaron esos opositores extremistas a los que la UE y los Estados Unidos de Norteamérica exigen que se respeten sus derechos civiles y políticos.

Su arresto es otro ejemplo de este orden basado en reglas, que desconoce los preceptos y principios del derecho internacional ya que, en el caso de Saab –desconocido para buena parte de la opinión pública-, se han visto vulnerados elementos como, por ejemplo, la Convención de Viena, pues su condición de diplomático no se vio reconocida ni respetada como tal, además del dudoso procedimiento llevado a cabo contra su persona al no haber existencia alguna de alerta ni tampoco orden de captura emitida por INTERPOL. De la misma forma, su estancia en prisión preventiva superó con creces el límite establecido en la Ley de Cooperación Internacional en Materia Penal de Cabo Verde (2011) [7], además de sufrir malos tratos viéndose también en entredicho lo dispuesto en la Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes (1984).

A pesar de todas estas irregularidades, que nos permiten hablar más que de una detención de un secuestro de un diplomático, desde Washington optaron por dar un paso más solicitando su extradición. Así, el 16 de octubre de 2021 el diplomático Saab, que es superviviente de un cáncer de estómago, sería deportado a una prisión de Miami en la que aún permanece recluido sin haber agotado los recursos legales en Cabo Verde ni haber cumplido los procedimientos acordados en materia de extradición [8], conculcándose así en todo momento su condición como diplomático y sus derechos más elementales, pues tal y como ha denunciado el Movimiento Free Alex Saab éste no ha recibido la debida asistencia sanitaria, a pesar de poner en conocimiento de las respectivas autoridades los problemas de salud que lo aquejan.

Ello muestra la inexistencia de un engranaje basado en el tan cacareado derecho internacional, pues este caso, sin fundamento jurídico, ¿qué es sino un acto deliberado y unilateral de fuerza para condicionar la capacidad y poder soberano de un Estado?

Ni en el caso palestino, ni en el del diplomático Alex Saab, ni en tantos otros que ocuparían un sinfín de páginas han primado el derecho y la legalidad internacional. Lo que se ha impuesto es la voluntad e imposición de un club selecto de actores que dicen hablar en nombre de una falsa comunidad internacional, quienes en realidad representen a una minoría de Estados cuyo objetivo primordial pasa por disciplinar a esas naciones que han optado por recorrer su propio camino, reproduciendo con ello viejos esquemas de dominación colonial.

La pulsión internacional que tenemos hoy en día sobre la mesa se enmarca en una disyuntiva muy concreta: permanencia del orden unipolar basado en reglas, o bien un sistema internacional en el que primen de verdad los aspectos recogidos en la Carta de Naciones Unidas, donde el principio de no injerencia y el respeto a las soberanías de los Estados sean el eje vertebrador de las relaciones entre los mismos.

En este sentido, la emergencia de nuevos polos de poder como los BRICS, a los que han solicitado sumarse más de una veintena de Estados, están posibilitando que las naciones hasta ahora sometidas a los designios y voluntades de las potencias colonialistas e imperialistas –bajo el liderazgo de USA- puedan ir liberándose, diversificando al mismo tiempo sus relaciones políticas, económicas y diplomáticas en un orden de carácter multipolar, ganando en capacidad y respuesta soberana ante los desafíos que tienen por delante.

¿Se terminará de afianzar esta alternativa multipolar frente al orden unipolar basado en reglas en el que unos pocos han ganado mucho y otros muchos han perdido tanto?

Notas

  1. Entrevista disponible en: ISRAEL-GAZA: «Los UCRANIANOS tienen derecho a DEFENDERSE y nosotros NO» | RTVE Noticias – YouTube
  2. Europa Press, “Reino Unido advierte de que ondear la bandera palestina puede ser considerado como un delito de orden público”, 10/10/2023, Reino Unido advierte de que ondear la bandera palestina puede ser considerado como un delito de orden público (europapress.es)
  3. María R. Sahuquillo y Silvia Ayuso, El País, “Varios países europeos restringen las manifestaciones en apoyo a Palestina”, 13/10/2023, Varios países europeos restringen las manifestaciones en apoyo a Palestina | Internacional | EL PAÍS (elpais.com)
  4. Center for economic and policy research, “Un informe encuentra que las sanciones de EE.UU. en Venezuela son responsables de decenas de miles de muertes”, 2/5/2019, Un informe encuentra que las sanciones de EE.UU. en Venezuela son responsables de decenas de miles de muertes – Center for Economic and Policy Research (cepr.net)
  5. Intervención de Tarek William Saab, consultado en: Vea respuesta contundente del FGR Tarek William Saab en Ginebra – YouTube
  6. VTV, “CGR ratifica inhabilitación política por 15 años de María Corina Machado”, 30/6/2023, consultado en: CGR ratifica inhabilitación política por 15 años de María Corina Machado | PSUV
  7. Parada, I. (2022): El secuestro de Alex Saab. Análisis jurídico, Editora, Caracas.
  8. Ibid.
Fuente:
Portal Alba

Agenda

TV / Vídeo / Radio

Búsqueda temática

Buscar