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04/09/24

Temas: Geopolítica

Regiones: Mundo

Kakistocracias

Por Izquierda Castellana

Aunque es un término poco utilizado, y por tanto su significado no será bien conocido entre algunos de nuestros lectores/as, lo hemos seleccionado como título para este editorial porque consideramos que es la expresión más acertada para definir el carácter de la gobernanza del Régimen español. El término “Kakistocracia» hace referencia al Gobierno encabezado por las peores personas, o las menos capacitadas, de un país. 

No elegimos el término por esnobismo, sino por su rigor definitorio de lo que estamos viviendo en este Estado de la IIª Restauración borbónica. Y no solo es aplicable al Gobierno central, que por supuesto también, sino al conjunto de la oposición y de la gobernanza de la administración de Justicia, de las Comunidades Autónomas, de las grandes centrales sindicales y muy especialmente de los grandes medios de comunicación, comenzando por el Grupo PRISA, por no hablar de la Jefatura del Estado, tanto de su actual titular como del anterior (estamos aún esperando las actas de su elección, esas que tanto exigen a Venezuela…).

En este editorial vamos a reflexionar sobre unas cuantas cuestiones de actualidad, empezando por el resultado de las elecciones en los Estados alemanes de Turingia y Sajonia, siguiendo con la situación en los escenarios de conflicto en el mundo, en estado bélico o prebélico, para finalizar con algunas consideraciones generales sobre el papel y la actitud que desde el movimiento popular castellano debemos de tener. Esperamos que sea de utilidad.

La economía condiciona la guerra, y a su vez, la guerra condiciona la economía. En ambas cuestiones, Europa -la UE, para ser más precisos/as- es la que sale claramente perjudicada. Los EEUU, aun siendo los principales impulsores del proceso de guerra en Ucrania, se ven menos afectados, e incluso en algunos aspectos salen claramente beneficiados (por supuesto, dentro de las limitaciones que las circunstancias objetivas imponen). Dentro de la UE, Alemania es quien sale especialmente perjudicada. Los resultados de las últimas elecciones en los Estados de Turingia y de Sajonia solo vienen a confirmar una tendencia que había empezado hace varios años: la opinión pública de este país no comparte, en su mayoría, las políticas de los grandes partidos del Sistema (SPD, CDU, verdes y liberales) de subordinar los intereses alemanes a los del imperialismo angloamericano, algo que sucede también en otros países de la Unión. Mientras, la economía rusa mantiene tasas de crecimiento muy por encima de la estancada economía europea, en contra de las previsiones de los/as dirigentes de la UE.

El ascenso del nazismo en Alemania en los años 20 y 30 del pasado siglo, pero también del Partido Comunista, tuvo entre sus impulsos principales la obligación de pagar grandes cantidades económicas a las potencias vencedoras de la Iª Guerra Mundial a través de la llamada “deuda de guerra”. Estas condiciones, establecidas en el Tratado de Versalles (1919), limitaban los presupuestos y dificultaban a los Gobiernos de la República de Weimar la inversión social.

La imposición para respaldar con dinero y recursos materiales la guerra de la OTAN contra Rusia en territorio de Ucrania, así como la exigencia de apoyo a las sanciones económicas al país euroasiático, especialmente en lo referente al gas y al petróleo, han supuesto una grave merma de los beneficios económicos de la industria alemana, poniéndola claramente al borde de la crisis total. Incluso Volkswagen, empresa insignia de la industria automovilística germana, se plantea el cierre de plantas de producción de vehículos por primera vez en sus 87 años de historia. Como es evidente, los principales beneficiados de una crisis de la industria alemana son las patronales del sector industrial yanqui. La adopción de una política migratoria irresponsable, iniciada por Angela Merkel en 2015, jugó y juega un papel socialmente importante, pero la cuestión de fondo principal es la que acabamos de señalar. Es por ello que el rechazo a la guerra de la OTAN desarrollada en territorio ucraniano y la exigencia de su finalización se encuentran entre los puntos principales de los programas de los dos partidos políticos que vieron reforzado significativamente su apoyo en las elecciones del 1 de septiembre (AfD y BSW). Pero ahí no quieren entrar los partidos del Sistema en ningún Estado europeo, ni por supuesto en España.

El simplismo, que caracteriza a los analistas políticos en el Estado español, especialmente a los del grupo PRISA, es una expresión más de la kakistocracia a la que hacíamos referencia. O bien ignoran más causas que las superficiales o bien no quieren tomarlas en consideración por razones inconfesables. En La Vanguardia del día 3 de septiembre, Enric Juliana aporta en su artículo “El Nord Stream pasa factura” una “interpretación original”, pero con similares niveles de superficialidad que las anteriores (santa simplicidad). Según la “tesis juliana”, el resultado de los procesos electorales del domingo en estos dos Estados orientales de Alemania se debe principalmente a “la actitud de venganza” adoptada por los hijos y nietos de los ciudadanos/as que habían sido “humillados/as” durante el proceso de “reunificación alemana”. La unificación fue forzada y acelerada, y tuvo muchos efectos negativos desde todos los puntos de vista, tanto en el interior de Alemania como en el exterior (cabe recordar que Alemania fue uno de los principales impulsores del desmembramiento y guerra en la antigua Yugoslavia). La prepotencia hacia los habitantes de la antigua RDA y la liquidación de todas sus instituciones y estructura socioeconómica fue criminal. Pero si esa fuera la razón principal de la reorientación del voto en los Estados de Alemania del Este, el stablishment alemán e internacional podrían estar tranquilos: nada de eso ocurrirá en los territorios que proceden de la antigua República Federal, la Alemania del Oeste. Parece, sin embargo, que eso nada tiene que ver con la realidad.

En relación con los escenarios principales de conflicto en estado bélico o prebélico, es decir, el Mar Meridional de China, Oriente Medio y Rusia-Ucrania, destacar una consideración general: estos escenarios siguen calentándose porque es lo que interesa al imperialismo internacional, pero con ciertos matices y atendiendo a que en el mes de noviembre serán las elecciones presidenciales en EEUU y casi nadie en el mundo occidental quiere perjudicar la victoria del Partido Demócrata, el gran representante mundial de los intereses del globalismo imperialista. En ese marco hay que entender también las actitudes, aparentemente en favor de la paz en Palestina, de Biden o del Gobierno británico. No son más que engañifas, como demuestra el continuo suministro de armamento al Estado criminal sionista desde Occidente, mientras no se hace nada realmente eficaz para que éstos detengan su genocidio contra el pueblo palestino. Una vez despejadas las elecciones en EEUU veremos con toda claridad los posicionamientos favorables a la guerra, pese a que ésta aún necesita mucha preparación por parte del bando imperial.

Para ir concluyendo este editorial, queremos hacer unas consideraciones generales que nos sean de utilidad para la interpretación de la realidad en el inmediato futuro. Como hemos comentado en diversos textos, la IIIª Guerra Mundial en la que de alguna manera ya hemos entrado, supondrá estratégicamente la derrota final del sistema imperialista global; todos los indicios objetivos apuntan en esa dirección. Pero esa victoria estratégica no impedirá que haya inevitables derrotas tácticas o parciales. En este país, en el que somos bastante dados a los planteamientos ciclotímicos, podemos interpretar que una derrota táctica es una definitiva derrota estratégica. En esa visión incidirán todos los medios escritos, radiados, televisados o digitales que apoyan el proyecto imperial, como se ha podido comprobar en la burda ofensiva de la OTAN-Ucrania sobre Kursk, que con el paso de las semanas ha vuelto a su cauce, o también en lo concerniente a Venezuela, una patética maniobra sin rigor ni respeto a la realidad en la que aún siguen -aunque ya solos- los medios vinculados a PRISA. El proyecto antiimperialista, soberanista y popular venció en las últimas elecciones en Venezuela y sigue venciendo ante todas las intrigas que desde el imperialismo y sus colaboradores le tienden.

Pueblo Comunero

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