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20/03/26

Temas: Geopolítica

Regiones: Medio Oriente

​La agresión de «Israel» y Estados Unidos contra Irán: Una lectura geopolítica de sus dimensiones regionales e internacionales

Por Jamal Wakim

La capacidad de Irán para resistir la presión, y la persistencia de frágiles equilibrios en la región, seguirán siendo factores cruciales para configurar la próxima fase en Medio Oriente en lo que respecta a evitar que la región caiga bajo la hegemonía sionista.

Medio Oriente fue testigo de una nueva fase de complejidad y tensión tras la agresión lanzada por Estados Unidos e "Israel" contra Irán en la mañana del 28 de febrero de 2026, iniciada con el asesinato del Líder Supremo iraní, Ali Khamenei, y varios líderes, extendiéndose al bombardeo de sitios y cuarteles militares.

Este desarrollo no solo afectó a las partes directamente involucradas en el conflicto, sino que se extendió para abarcar una vasta red de intereses y alianzas regionales e internacionales.

Dicha escalada abrió una gran interrogante sobre el futuro de los equilibrios en la región, especialmente ante las preocupaciones de las potencias que abogan por un sistema internacional multipolar, de que este conflicto pueda consolidar la hegemonía unilateral e impedir el ascenso de potencias asiáticas y euroasiáticas rivales.

La escalada se produjo en un momento en que las negociaciones nucleares experimentaban un progreso relativo, lo que generó interrogantes sobre el grado de confianza de Irán en la vía diplomática.

Parece que Teherán, a pesar de mostrar buena fe en la negociación, era consciente de la posibilidad de recurrir a la opción militar, basándose en la experiencia del acuerdo nuclear anterior que colapsó tras la retirada de Estados Unidos.

Algunos analistas consideran que el enfoque en el programa nuclear iraní constituye un pretexto político más que un verdadero motivo de seguridad, ya que el objetivo más profundo es cambiar el equilibrio de poder regional y eliminar un obstáculo geopolítico que se interpone en los proyectos hegemónicos en Medio Oriente.

Objetivos de Estados Unidos e "Israel"
El ataque estadounidense-israelí contra Irán puede entenderse en el marco de una estrategia más amplia que busca controlar el ámbito geopolítico de Medio Oriente e impedir que las potencias euroasiáticas y asiáticas, como Rusia y China, accedan al Mediterráneo.

Asimismo, busca destruir Irán para convertirlo en un punto de partida para Washington hacia Asia Central, considerada el flanco débil de la seguridad nacional rusa.

En este contexto, Estados Unidos considera a Irán como el eslabón geográfico y político que obstaculiza la consecución de este objetivo, ya sea por su posición geoestratégica o por sus alianzas regionales.

Respecto a la dimensión israelí, cabe destacar que "Tel Aviv" siempre ha buscado imponer su hegemonía en la región del Levante bajo el lema del "Gran Israel".

Logró un "gran éxito" al derrocar al gobierno del presidente sirio Bashar Al Assad, destruyendo rápidamente el ejército sirio y ocupando partes del sur de esa nación siendo la más importante la cima del Monte Hermón, que permite a quien la controla dominar toda la llanura que se extiende desde las estribaciones de las montañas de Qalamoun al oeste hasta el río Tigris al este.

De este modo, "Tel Aviv" obtuvo la llave del Levante y necesita golpear a Irán para alcanzar un hito geopolítico en el Este, representado por las cumbres de los montes Zagros que dominan la llanura del Tigris y el Éufrates, lo que le permitiría cerrar la región a cualquier intervención de una potencia rival.

De ahí la tendencia israelí a destruir Irán, no por poseer un programa nuclear o de misiles, sino por su posición y papel geopolítico. En consecuencia, la agresión conjunta estadounidense-israelí contra Irán se enmarca en un proyecto para consolidar la hegemonía regional y redibujar el mapa geopolítico de la región, basándose en una visión que considera la eliminación o el debilitamiento del poder de Teherán como una condición esencial para lograr esta supremacía.

El asesinato del Líder Supremo iraní confirió un carácter simbólico y religioso al enfrentamiento, ya que su posición entre los chiíes es considerada una autoridad religiosa global.

Este evento contribuyó a reforzar el discurso de la "guerra religiosa", especialmente con la interconexión de factores ideológicos en las políticas estadounidenses e israelíes, ya sea mediante la influencia de las corrientes evangélicas en Estados Unidos o las visiones toráticas presentes en el discurso político israelí.

Este desarrollo suscita temores de una ampliación del alcance de la polarización sectaria, especialmente si el conflicto se extiende para incluir a la mayoría suní en el mundo islámico, lo que podría transformar el conflicto político en un enfrentamiento religioso más amplio con repercusiones globales.

La dimensión libanesa en el conflicto
En el contexto libanés, la situación se caracteriza por una complejidad particular derivada de la naturaleza plural de la sociedad.

Líbano está compuesto por un mosaico sectario que incluye cristianos, musulmanes suníes y chiíes, además de otros grupos religiosos. Aunque el compromiso con la doctrina de la "tutela del jurista" no es unánime dentro de la propia comunidad chií, el asesinato de una figura religiosa de esta magnitud podría reforzar los sentimientos de solidaridad entre sus seguidores, especialmente bajo el concepto de "martirio" arraigado en la cultura religiosa chií.

Sin embargo, esto no puede resumir el panorama, ya que la decisión de Hizbullah de entrar en la guerra se enmarca en la respuesta a las agresiones israelíes que no cesaron, a pesar del acuerdo de alto al fuego firmado en noviembre de 2024.

Desde el alto al fuego, "Israel" trabajó para expandir el alcance de sus agresiones contra los libaneses y destruir cientos de aldeas del sur en el marco de su proyecto para cambiar el mapa de Medio Oriente, anexionar la región del sur del Litani a la entidad sionista, y establecer cantones cristianos y drusos, con la anexión de algunas zonas de la Bekaa y el norte a regiones sirias, sabiendo que el proyecto israelí incluye la división de Siria en entidades sectarias.

De ahí que Hizbullah fuera consciente de la realidad de los objetivos israelíes, que se estaban llevando a cabo en coordinación con Washington, que ejercía presión sobre el gobierno libanés, compuesto en su mayoría por miembros leales a Washington, para que el gobierno desarmara a Hizbullah con el fin de crear las condiciones adecuadas para que los israelíes ocuparan la región del sur del Litani.

Cabe destacar que estos esfuerzos israelíes se estaban llevando a cabo en medio de conversaciones sobre la posibilidad de movilizar grupos armados desde Siria para atacar a Hizbullah por la espalda en el centro y norte de la Bekaa.

Por lo tanto, la entrada de Hizbullah en la guerra no se debió solo a la consideración religiosa de responder al asesinato del Imam Khamenei, sino a la conciencia de Hizbullah sobre la realidad del proyecto israelí, que representa una amenaza existencial para la resistencia y para Líbano.

Capacidad de Irán para resistir
Los adversarios de Irán apostaron a que el asesinato de su cúpula directiva conduciría al colapso del sistema político; sin embargo, la experiencia histórica indica que la República Islámica logró, a lo largo de décadas, construir instituciones capaces de absorber los choques.

El país fue testigo a principios de los años ochenta de amplias operaciones de asesinato que afectaron a destacados funcionarios, pero no condujeron al colapso del sistema, como el asesinato de 73 miembros del parlamento iraní en junio de 1982 y el asesinato del presidente del Estado y su primer ministro en agosto de 1982.

Además, las presiones continuas, incluidas las sanciones y las guerras indirectas, contribuyeron a fortalecer la cohesión de la estructura política y social, de modo que el sistema ha pasado a depender menos de una sola persona y más de una amplia red institucional y organizativa.

En este contexto, la elección de un sucesor para el Líder Supremo tras su asesinato, además del nombramiento de decenas de nuevos líderes en lugar de los martirizados, confirma la capacidad del régimen de la República Islámica para reproducirse.

La respuesta iraní, al atacar bases estadounidenses en países árabes aliados de Washington, complicó el panorama regional.

Por un lado, Teherán considera que permitir el uso de los territorios de estos países en operaciones militares los convierte en socios en la agresión, de acuerdo con el principio de legítima defensa en el derecho internacional.

Por otro lado, este desarrollo revela una brecha entre las posiciones de los gobiernos árabes vinculados a alianzas internacionales y los sentimientos de sectores populares que ven el enfrentamiento con "Israel" y Estados Unidos como un conflicto relacionado con la soberanía y la identidad.

Esto puede haber reforzado la tendencia nacionalista dentro de la sociedad iraní como resultado de los ataques externos, ya que muchos, incluso opositores al régimen, tienden a alinearse con el estado frente a la amenaza externa.

Esto también se debe a la memoria histórica asociada con el período del gobierno del Shah, apoyado por Occidente, que se evoca como un ejemplo de los peligros de la dependencia política.

El estrecho de Ormuz constituye una baza estratégica en manos de Irán, dado que un porcentaje significativo de las exportaciones mundiales de energía pasa por él.

La tensión provocó un aumento de los precios del petróleo y el gas y un incremento de las presiones inflacionarias sobre las economías occidentales, lo que limita su capacidad para librar conflictos a largo plazo.

Mientras el conflicto se desarrolla, parece que las potencias europeas intentan mantenerse al margen del enfrentamiento en la región.

En contraste, Rusia y China, que se consideran objetivos de la agresión contra Irán, buscan apoyar la resistencia de Irán diplomáticamente, partiendo de su comprensión de que su debilitamiento afectaría el equilibrio estratégico en Eurasia.

Sin embargo, las probabilidades de su intervención militar directa siguen siendo bajas, por temor a un deslizamiento hacia una confrontación global a gran escala.

La reciente escalada demuestra que el conflicto en Medio Oriente ya no es un mero conflicto regional limitado, sino que se ha convertido en un escenario para la intersección de grandes proyectos geopolíticos relacionados con la reconfiguración del orden internacional.

Mientras Estados Unidos busca consolidar la hegemonía unilateral, Rusia y China apuestan por fortalecer la multipolaridad.

En este contexto, parece que la capacidad de Irán para resistir y la persistencia de los frágiles equilibrios en la región seguirán siendo factores decisivos en la configuración de la próxima fase en Medio Oriente, con el fin de evitar que la región caiga bajo la hegemonía sionista y de impulsar un sistema internacional multipolar en detrimento de la hegemonía estadounidense.

Fuente: Almayadeen

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