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24/09/26

Temas: Geopolítica

Regiones: Mundo

“Matonismo” en la ONU

Por Rosa Miriam Elizalde

Como tantas personas, miro estos días la escena internacional con una mezcla de estupor y alarma. No porque la mentira, la violencia, la traición o el abuso del poder sean novedades. Lo inquietante es que vuelvan a venderse como virtudes; que la amenaza pase por liderazgo, la humillación por firmeza y la fanfarronería por política exterior. Y aquí está ahora Donald Trump, hablando desde la tribuna de Naciones Unidas para recordarle al planeta quién tiene el garrote más grande.

La historia aconseja no confundir lo grotesco con lo inofensivo. Hitler también parecía un chiste, y Mussolini otro. Vistos hoy, esos hombres de pecho inflado ante el horizonte de su propia grandeza podrían darnos risa; no nos la dan porque sabemos lo que vino después. Hicieron de la pose, la simplificación, la propaganda y el culto al macho alfa instrumentos de castigo. Además, entendieron muy bien el valor político del espectáculo, pero también la capacidad ejemplarizante del miedo. No bastaba con castigar, había que conseguir que todos vieran el castigo y entendieran el mensaje.

Por eso pienso en Martin Niemöller. Antes de convertirse en símbolo de resistencia en Alemania, había apoyado ideas nazis. Después se enfrentó a la interferencia de Hitler en la Iglesia, pasó de 1937 a 1945 entre prisiones y campos de concentración y, terminada la guerra, convirtió su propia culpa en aquella advertencia que empieza con “primero vinieron los comunistas…” No era literatura, sino la confesión sobre el precio de callar mientras el poderoso escoge a su siguiente víctima.

Ese recuerdo volvió al escuchar a Trump en la ONU. La organización nació precisamente para contener la lógica según la cual la fuerza crea el derecho. Trump, en cambio, habló de Venezuela con la frase favorita del conquistador: “al vencedor le corresponde el botín”. Y envolvió la exhibición de poder en una catarata de afirmaciones que no resisten la comprobación. Dijo haber terminado ocho guerras, que redujo el narcotráfico en 97 por ciento, aseguró que Estados Unidos posee munición casi inagotable y afirmó que su país y Venezuela concentran más de 60 por ciento del petróleo mundial. Analistas de medio mundo han señalado esas y otras afirmaciones como despropósitos, falsedades e inexactitudes.

Pero fue con Cuba donde la bravuconería adquirió un significado más concreto. Trump la llamó “Estado absolutamente fallido”, aseguró que “caerá”, anunció que Marco Rubio está metido de lleno en negociaciones y prometió que “la libertad llegará a Cuba”. La delegación cubana abandonó la sala. Dos semanas antes, sin embargo, el canciller Bruno Rodríguez había afirmado que no existían negociaciones ni agenda, aunque sí disposición a mantener contactos. Dos versiones incompatibles de una negociación que, según Washington, existe y, según La Habana, no.

La política de línea dura de Rubio hacia Cuba tiene una larga trayectoria pública, pero ahora dispone de un poder que antes no tenía. En la reunión del Escudo de las Américas, en la ONU, bromeó con desembarcar a Rubio en territorio cubano al regreso de Irán: “Usaremos uno de esos enormes y magníficos portaviones para llevarlo y dejarlo allí, y él se encargará del resto”.

Conviene no despacharlo simplemente como un chiste. En mayo, Trump ya había fantaseado públicamente con colocar un portaviones frente a Cuba para provocar su rendición. La imagen es militarmente grandilocuente y geográficamente absurda –la plataforma insular cubana tiene, en amplias zonas, muy poca profundidad, y ni Trump puede hacer llegar hasta la orilla una máquina naval de 100 mil toneladas y más de 12 metros de calado–, pero eso es casi lo de menos. Lo importante es el lenguaje, las cabriolas retóricas que hace el presidente de Estados Unidos para convertir públicamente la intimidación en espectáculo. Y detrás de la farsa, el mensaje.

Mientras tanto, la guerra con Irán que Trump dijo que resolvería en pocos días lleva meses y su política exterior no goza de un cheque en blanco. La encuestadora de la Universidad Quinnipiac, una de las más serias de Estados Unidos, registró el 10 de septiembre 33 por ciento de aprobación general y apenas 29 por ciento sobre su manejo de Irán entre votantes registrados. Noviembre medirá cómo se traduce ese descontento en las urnas, pero si sigue esta tendencia, los republicanos podrían perder el control del Congreso y Trump pasaría los dos años que le quedan con un Legislativo dispuesto a ponerle límites.

La palabra “matonismo” describe una forma de ejercer el poder donde la amenaza pretende sustituir al argumento, la fuerza a las reglas y la victoria al derecho. Pero hay algo más. El matón no amenaza solamente a quien tiene delante. Necesita que los demás miren. Necesita público. Porque una parte esencial de su poder consiste precisamente en que el castigo de uno sirva como advertencia para todos.

Niemöller aprendió demasiado tarde que mirar hacia otro lado no protege a nadie. Cada lector podrá juzgar el término. Los hechos, por desgracia, ya están ahí.

Fuente: Trump en Naciones Unidas

Etiquetas: Imperialismo | ONU | Trump

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