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03/03/22
Notas sobre el conflicto en Ucrania
Por César Sención Villalona

La idea de que Rusia rechaza la incorporación de Ucrania a la OTAN y de que Estados Unidos y Europa defienden el derecho de Ucrania a tomar esa decisión, es una idea que tiene fundamento pero que no expresa la principal razón política del conflicto, la cual, en mi opinión, tiene que ver principalmente con el interés de Alemania, Italia y Francia de incorporarse al proyecto de la Ruta de la Seda que impulsa China, así como el interés de China, Rusia y la India porque esas potencias europeas se integren a dicho proyecto y el interés de Estados Unidos porque tal cosa no ocurra.

La Ruta de la Seda es un proyecto de inversión en infraestructura que impulsa China desde 2013 y al que pertenecen Rusia, la India y otras naciones. Incluye inversiones en ferrocarriles de alta velocidad, puertos y redes de fibras ópticas que pasan por amplias zonas de Eurasia y que irían desde la república de Irán hasta Turquía y Alemania. También incluye la construcción de carreteras en el Sudeste Asiático y en Asia Central, una carretera marítima en el Océano Índico y otras obras de gran envergadura. Ese proyecto, que está en marcha y expresa la fuerte alianza de China y Rusia, obligaría a una reducción de las barreras arancelarias y estimularía una cooperación financiera en beneficio de las monedas de esos dos países y de la India. La posible incorporación de las potencias europeas aceleraría el crecimiento de Asia y Europa y le pondría fin a la superioridad de Estados Unidos, pues Asia y Eurasia tendrían una gran expansión económica. Como es lógico, el Gobierno norteamericano no quiere que esa alianza se dé. Y resulta que el actual conflicto entre Rusia y Ucrania le ayuda a lograr ese objetivo. Creo que en esa contradicción radica el aspecto esencial del conflicto en Ucrania, cuyo telón de fondo es la rivalidad entre China y Estados Unidos, que no aparece en la superficie pero que mueve a todas las fuerzas que actúan a escala planetaria.

Es cierto que los Gobiernos de Alemania y Francia mantienen una alianza con Estados Unidos, pero también tratan de ajustarse a un posible cambio de hegemonía. La correlación de fuerzas va cambiando y en esa medida se dan roces y contradicciones entre los Estados más poderosos, muchas veces de forma abierta y otras veces de forma velada.

Hay algunos antecedentes que debemos tomar en cuenta para precisar mejor este asunto. Cuando la URSS se desintegró, hace 31 años, y cayeron los Gobiernos de Europa Oriental encabezados por los partidos comunistas, Estados Unidos quedó como la única potencia política y militar del mundo. También era la primera economía, con casi el 40% del PIB y el 25% de las exportaciones mundiales de bienes. El dólar se utilizaba en el 95% de las transacciones comerciales y financieras del mundo. Pero a cerrar el siglo XX Estados Unidos aportaba el 31% del PIB mundial, o sea, había perdido 9 puntos porcentuales con respecto a 1991; Japón era la segunda economía, seguida de Alemania, Reino Unido y Francia; China ocupaba el sexto lugar y andaba por el 3.5% pero estaba creciendo mucho; Rusia y la India estaban muy distantes.

Según Mijail Gorbachov, en los acuerdos que le pusieron fin a la guerra fría se contemplaba que las repúblicas de Europa Oriental y las que habían pertenecido a la URSS no entraran a la OTAN. Nadie ha dado con ese acuerdo, que de haber sido real no podría pasar de un asunto verbal y sin fundamento, pues quienes ganan una guerra siempre imponen su política. Y eso no tiene nada de bueno ni de malo; es parte de las leyes que rigen la política.

En 1999 entraron en la OTAN Hungría, Polonia y la República Checa (tras la división de Checoslovaquia); en 2004 entraron Bulgaria, Rumania y Eslovenia, una de las repúblicas en que se dividió Yugoslavia tras la llegada al poder de los nacionalistas y la guerra interna que terminó con el bombardeo de la OTAN. En 2004 también entraron a la OTAN Letonia y Lituania, de la ex URSS. Albania se incorporó en 2009.

Junto a la incorporación paulatina de esas naciones al occidente europeo, Estados Unidos incursionó política y militarmente en algunos países árabes y del Medio Oriente (primero Irak y Afganistán y luego Libia y Siria), donde abundan el petróleo y el gas, que constituyen el 65% de la energía mundial.

Para entonces, Rusia no era una amenaza para Europa Occidental ni para Estados Unidos, pero había surgido un rival de mucho calibre: China, que para 2007 se había convertido en la tercera economía del mundo, dejando atrás a Alemania, Francia, Inglaterra, Italia, Canadá y otras naciones industrializadas. En 2010 China superó a Japón y pasó a ocupar el segundo lugar. China también se convirtió en la primera economía exportadora y en una potencia política y militar de primer orden.

Si Estados Unidos hubiera ganado las guerras en Asia, estuviera en una mejor posición frente a sus rivales, porque hubiese garantizado el control de importantes recursos naturales y mercados de consumo. Pero los resultados fueron adversos. En Iraq gobiernan los chiítas, amigos de los chiítas que gobiernan en Irán, y de Afganistán salieron el año pasado y dejaron a los Talibanes en el poder. En Siria no pudieron derrocar a Bashar al Asad y en Libia siguen combatiendo. En cambio,  Irán, aliada de China y Rusia, tiene mucha influencia en Irak, en Yemen, donde gobiernan los chiitas hutíes; en Siria, donde apoyaron al Gobierno durante la guerra, y en el Líbano, a través Hezbolá.

En 2006, Brasil, Rusia, China y la India dieron un paso importante al crear el BRIC, un bloque económico y político al que luego se incorporó Sudáfrica para constituir el BRICS. Esos países tienen el 50% de la población mundial y el 30% de la superficie terrestre, generan hoy el 22% del PIB global, poseen el 45% de las reservas de divisas, abundantes reservas de petróleo, gas (sobre todo Rusia y Brasil), carbón y minerales, producen abundantes alimentos (salvo Rusia) y tienen economías complementarias. China y la India tienen el 48% de los científicos formados en las llamadas ciencias exactas. El BRICS posee un banco y un fondo de inversión de cientos de miles de millones de dólares, capaces de competir en el mediano plazo con el FMI y el Banco Mundial. Ese bloque no está consolidado pero es un rival peligroso de Europa y Estados Unidos.

En noviembre de 2010, Vladimir Putin, que para entonces era primer ministro de la Federación Rusa, dijo durante una visita a Alemania que se necesitaba una nueva multipolaridad en el sistema de divisas y romper el monopolio del dólar. Aludiendo a Estados Unidos, afirmó que “las políticas del imperio romano condujeron a 500 años de estancamiento económico” y propuso trabajar con Europa en la construcción de buques, en la industria aeronáutica, automotriz y farmacéutica, las tecnologías ambientales y la energía nuclear. También se refirió a la posibilidad de que el comercio bilateral fuera realizado en rublos y euros. En una reunión con empresarios alemanes afirmó que “si queremos tener éxito y ser competitivos, entonces es inevitable el acercamiento entre Europa y Rusia”.  Por su parte, la entonces Canciller de Alemania, Ángela Merkel, dijo que las propuestas de Putin mostraban “lo cercano que estamos en términos estratégicos (…) Europa y Rusia son socios estratégicos que aún no ha agotado todo el potencial de la cooperación». Merkel sugirió crear una zona de libre comercio entre la Unión Europea y Rusia y apoyó la entrada de Rusia en la OMC.

Estados Unidos tomó nota de los acercamientos entre Alemania y Rusia. Sin embargo, ahí no terminó el asunto. En abril de 2014, el presidente chino, Xi Jinping, viajó a Berlín, donde exhortó al presidente alemán, Joachim Gauck, a incorporar a su país a la Ruta de la Seda. Y en marzo de 2019 firmó con el primer ministro de Italia, Di Maio, un memorándum de entendimiento mediante el cual Italia, que es la octava economía del mundo, se convirtió en el primer país del G-7 en formar parte de la Ruta de la Seda. También firmaron 10 acuerdos comerciales y 19 acuerdos institucionales, en las áreas de tecnología, agricultura, cultura, energía, turismo y otras. El primer ministro de Italia dijo que el objetivo de los acuerdos era aumentar las exportaciones italianas y “comenzar a reequilibrar una desproporción” en la balanza comercial, que beneficiaba a China.

Es importante tomar en cuenta que las empresas de Alemania, Francia e Italia no pueden competir con Estados Unidos ni con China en América Latina, Oceanía y África. Y en la propia Europa, sus posibilidades de crecer son limitadas, ya que es un Continente lleno de inversiones y productos chinos y de otros países de Asia. Por eso, su penetración en Asia, sobre todo en las tres grandes  potencias, es clave para fortalecerse.

Al tiempo que iban cuajando esos proyectos y bloques, la economía China aceleró su crecimiento. Entre 2005 y 2021 el PIB nominal chino aumentó 718%, al pasar de 2,256 miles de millones de dólares a 18,463 miles de millones, y el de Estados Unidos solo aumentó 97%, de 12,580 a 24,796 miles de millones. En esos años China duplicó su participación en la economía internacional, superó a Reino Unido, Alemania y Japón y se convirtió en la segunda economía del mundo.

Desde hace 14 años desplazó a Estados Unidos en las exportaciones mundiales (15% contra 10%). China también ocupa el primer lugar en la producción de miles de rubros industriales, incluyendo muchos de alta tecnologías, logró un impresionante desarrollo en las comunicaciones y posee 3 billones de reservas monetarias, es decir, casi el 20% del total mundial. Su balanza comercial con Estados Unidos registró un superávit de US$355,000 millones en 2021.

La India, que al cerrar el siglo XX era la economía 12 del mundo, hoy es la número 6; Rusia, que ocupaba el lugar 18, hoy tiene el puesto 12. Y Brasil pasó del lugar 12 al 11. Eso significa que cuatro países del BRIC están entre las primeras 15 economías del mundo. A ello habría que agregar la abundancia de petróleo convencional que poseen esos países. Rusia tiene la octava reserva mundial de petróleo y la primera reserva de gas natural (25% del mundo). Brasil tiene abundante petróleo y muchos recursos mineros en general. La tabla periódica de Mendeleiev está en Rusia y en los países árabes, del medio oriente y de Suramérica se encuentra. En contraste, Alemania, Francia y Japón no poseen petróleo. Europa depende mucho del gas ruso. Y Estados Unidos, si bien ha levantado la producción de petróleo de esquisto, no tiene garantizado su abastecimiento (consume el 24% del mundo), pues ese petróleo no es rentable a un precio menor de 70 dólares. Hoy es rentable, pero por una coyuntura de alza de precio.

Alemania es la primera economía de Europa y la cuarta del mundo y es la tercera potencia exportadora. El PIB de Alemania, Francia e Italia representa el 55% del PIB de la Unión Europea. Y es muy probable, por lo que ya vimos, que los grupos de poder de esos países estén considerando que en el nuevo orden que se viene configurando, lo mejor es aliarse a las grandes economías de Asia, sobre todo China y la India, pero también a Rusia, que a pesar de tener un peso económico menor, cuenta con enormes recursos naturales y energéticos y con un mercado no despreciable. El mundo en expansión es Asia, y sobre todo la región  Indo-Pacífico, que comprende el océano Índico, el océano Pacífico occidental y central, y el mar que conecta con Indonesia.

Hay un asunto clave en esta recomposición del poder económico y político, y es el tema de la hegemonía del dólar como principal moneda de intercambio y reserva mundial, lo que le permite a Estados Unidos imprimir esa moneda para financiar importaciones (es el país más importador del mundo) y cubrir parte de su enorme déficit comercial, de alrededor de 700,000 millones de dólares. Dicho déficit también lo cubre con préstamos, que lo han convertido en el país más endeudado del mundo, y con entrada de inversión extranjera. El mecanismo funciona así: la Reserva Federal emite dinero sin respaldo en la producción (inorgánico) para financiar el déficit fiscal de más de 700,000 millones de dólares, ese dinero se mueve en la economía, va al comercio, fluye a los bancos, pasa a manos de las empresas importadoras (vía crédito) y de ahí va al resto del mundo a comprar bienes y servicios, porque el dólar es aceptado en todo el mundo. Esa mecánica viene desde 1971, pero el monto anual es cada vez mayor. O sea, que el inorgánico sirve para financiar, al mismo tiempo, el déficit fiscal y parte del déficit comercial.

Esa emisión sin respaldo no genera inflación, porque el dinero fluye al exterior en forma de importaciones. Pero si el dólar es sustituido por otra moneda o por una canasta de monedas (físicas o digitales, da igual), no serviría para financiar importaciones y su emisión sin respaldo no tendría mucho sentido. Eso significaría un desplome de las importaciones de materias primas y bienes de capital, una baja en la producción y un aumento del desempleo. En un contexto de fuerte descenso económico, el Gobierno de Estados Unidos dispondría de menos recursos y no podría sostener las más de 800 bases militares que tiene en el mundo. Al retroceso económico le seguiría una menor influencia en la política mundial. Ese es un aspecto crucial a tener presente en todos los conflictos internacionales.

¿Puede darse el desplazamiento del dólar? Sí, pero solo si Estados Unidos deja de ser el mayor productor mundial, porque una moneda se impone en la economía internacional cuando el país que la genera controla la producción y las exportaciones del mundo. A manera de ejemplo, si República Dominicana tuviera el 50% del PIB mundial y el 40% de las exportaciones, como Estados Unidos al terminar la Segunda Guerra Mundial, el país al que más habría que comprarle sería República Dominicana y, por lo tanto, el peso sería la moneda mundial.

Pero no necesariamente habrá un desplazamiento de dólar, pues todo depende de las variables políticas y militares. Nunca hay un solo camino. Sin embargo, esa es la mayor amenaza que tiene Estados Unidos, amenaza que crecería si se integran las grandes economías de Europa y Asia y si en Brasil vuelve Lula a gobernar y dinamiza el BRICS que Bolsonaro estorbó pese a sus buenas relaciones con Rusia y China, debido la dependencia de Brasil de esos mercados.

La moneda china se abrió paso en muchos países de Asia e incluso de Europa, donde China tiene enormes inversiones y un comercio grande y en proceso de expansión. En Frankfort, el renminbi es moneda de reserva. En cambio, el dólar pierde terreno, pues hoy tiene un 60% de participación en la composición monetaria mundial. Todavía es un buen porcentaje, pero es mucho menor que el de hace 30 años. Y se estima que para el año 2050 el PIB de China será dos veces mayor que el de Estados Unidos

¿Qué tiene que ver todo eso con el conflicto actual? A eso vamos.

Consciente del avance de China y del BRICS y de la posible alianza de Alemania, Francia e Italia con las grandes naciones de Asia, el Gobierno de Estados ha estado dando pasos para impedir el cambio de hegemonía mundial. Es normal que así sea, pues ningún cambio de hegemonía se hace de manera insensible, por la vía diplomática. El desplazamiento de Inglaterra por Estados Unidos requirió dos guerras mundiales. En este asunto, las consideraciones morales tienen poca incidencia, pues los fenómenos sociales, como todos los fenómenos del mundo, se rigen por leyes. Las guerras y muchos otros hechos que sería muy largo enumerar, tienen a la base la crisis de hegemonía que se expresa hoy en la tendencia a un mundo multipolar y a la conformación de nuevos poderes mundiales.

En 2008, el Gobierno de Estados Unidos intentó incorporar a Ucrania y a Georgia en la OTAN, pero Francia, Alemania y Rusia se opusieron. En 2014, los gobernantes de la Unión Europea le propusieron al presidente de Ucrania, Víctor Yanukóvic, un proyecto de asociación a la UE acompañado de un préstamo de FMI. El presidente de Ucrania dijo que los productos industriales de su país iban a Rusia y que ésta le proveía de gas y energía eléctrica, le pagaba por la flota del mar negro y le había ofrecido mejorar los precios del gas y un crédito para pagar vencimientos de deuda. Entonces una sublevación derrocó al presidente, lo derrocaron. Entonces Rusia forzó un referéndum en Crimea, que había sido rusa hasta que Nikita Jrushchov se la concedió a Ucrania en 1954. La mayoría de la población de Crimea, de origen ruso, votó por incorporar su país a Rusia. Luego el Gobierno ruso impidió entrada a la OTAN de Georgia y Moldavia, fronteriza con Ucrania.

Y así venimos hasta llegar a este momento, en que Rusia incursionó militarmente a Ucrania para dejar cerrado el tema de ese país y la OTAN, pero sobre todo para debilitar a Ucrania y reducir su tamaño. El conflicto político militar ya está instalado. ¿Qué pasará?

Seguramente Rusia someterá al Gobierno de Ucrania y forzará un acuerdo que incluya, por lo menos los siguientes puntos: Rusia desocupa a Ucrania, pero ésta no entra a la OTAN y acepta la independencia de Donetsk y Lugansk, dos repúblicas de la región del Donbás, en el este de Ucrania y en cuyo territorio hay separatistas prorrusos que combaten desde 2014, en una guerra que ha ocasionado 14,000 muertes, entre otros daños. También podría forzar la extensión de Crimea.

Estados Unidos podría aceptar o no ese acuerdo, pero ya logró sus propósitos, que son cuatro: que Rusia quede desacreditada en el mundo como Estado invasor, venderles más armas a Europa (eso comenzó hace meses), venderle gas a Europa y que Alemania y Francia no entren a la Ruta de la Seda y que Italia la abandone. Esta es la mayor ganancia, la esencia de todo este forcejeo que condujo a la guerra. Los Gobiernos de las potencias europeas no podrían incorporarse a un proyecto donde Rusia tiene un peso decisivo como potencia energética, como reserva de minerales y como mercado en crecimiento. Ya Alemania decidió no certificar el gasoducto Nord Stream, que estaba finalizado y que trasladaría gas de Rusia a Alemania por el mar Báltico, o sea, sin pasar por Ucrania, que cobra 1,000 millones de dólares al año por el otro gasoducto ruso que pasa por su territorio. Estados Unidos forzó a Rusia a ocupar Ucrania y radicalizó a Europa contra Rusia. Y esa es una importante victoria.

La economía de Estados Unidos perderá competitividad mundial, pues como su tasa de inflación, que el año pasado fue de 7% contra 1.5% de China, podría llegar este año a 10%, los costos de las empresas exportadoras crecerán más que en China, cuyos productos le robarán mercados. Pero Estados Unidos puede compensar, al menos este año, con la venta de armas y gas a Europa, a pesar de que Europa no puede prescindir de todo el gas ruso.

Rusia también gana con el conflicto, pues le pondrá fin al tema de Ucrania y la OTAN, reducirá el tamaño de Ucrania y se beneficiará, por lo menos temporalmente, de los altos precios de los hidrocarburos y del trigo, que son una base importante de su economía. Pero también tiene reveses, como ser un Estado invasor, tener una cuota de muertes y ser afectada por las sanciones de Europa, de Estados Unidos y de otros países, aunque puede resistirlas por un tiempo, ya que dispone de reservas monetarias por más de 600,000 millones de dólares, la mayor parte de ellas en oro y en moneda china. Con esos recursos puede comprar en China, la India y algunas naciones de Suramérica los bienes de consumo que necesita. En el caso del sistema financiero, hace tiempo que lo integró a China, país al que también le podría vender buena parte del petróleo que va a Europa.

Pero si el conflicto se prolonga mucho, a Rusia se le complicarán las cosas. Putin lo sabe y apretará para forzar una salida en el corto plazo. Está por verse si lo logra. Hay otro riesgo para Rusia, y es que Turquía cierre el estrecho de Bóforo, que une al Mar Negro con el Mar Mediterráneo. Ya Turquía lo cerró pero solo para naves militares. Sin embargo, el presidente turco, Tayyip Erdogan, estuvo a punto de ser derrocado por Estados Unidos y se lleva bien con Rusia. Días antes de la incursión rusa en Ucrania, Erdogan y Putin hablaron.

Otro país beneficiado es China, que le proveerá a Rusia parte de lo que ésta le compra a Europa y competirá mejor contra Estados Unidos en el mercado internacional. Su expansión no tendrá el impulso que le daría la entrada de las potencias europeas en la Ruta de la Seda, pero seguirá siendo importante. China es muy fuerte y puede esperar un mejor momento para retomar lo de la Ruta.

La peor situación la vive Ucrania, país invadido, con más sacrificios en vidas y en infraestructura y cuyo territorio seguramente disminuirá. También perderá Europa, que exportará menos a Rusia, comprará gas más caro y comprará más armas, que son un mal gasto y una fuente de riquezas para los proveedores. Europa quedará más sometida a Estados Unidos y verá frenada sus posibilidades de expansión hacia el continente asiático. En el caso del gasoducto Nord Stream, por ejemplo, que costó 9,500 millones de euros, las empresas inversoras son la francesa Engie, la austriaca OMV, la británica Royal Dutch Shell y las alemanas Uniper y Wintershall. ¿En qué quedará esa inversión?

Para el resto del mundo las repercusiones serían diferentes. Los países exportadores de hidrocarburos elevarán sus ingresos, pero también les subirán los precios internos debido a la inflación mundial, que se traslada a cada país a través de las importaciones y la mayor tasa de interés bancario. Los países  que importan petróleo pagarán más caro los combustibles y la energía y tendrán una elevada inflación. El turismo también se verá en alguna medida impactado. Pero todo dependerá de cuanto se prolongue el conflicto y de la salida que pueda tener. Tal vez los impactos sean menores de lo que aparentan, incluso en vidas humanas, que es lo más trágico.

La OTAN no chocará con Rusia, a no ser que haya una decisión de liquidar la vida en la tierra. El contenido de la solución política dependerá de cuánto se prolongue el conflicto, que en términos militares debe ganar Rusia.

Fuente:
Portal Alba

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