Recientemente, una nueva ola de la "teoría de la amenaza china", representada por "China Shock 2.0" y "China Squeeze", se ha extendido rápidamente. En comparación con el pasado, esta vez la exageración mediática extranjera es más variada, más coordinada y de mayor alcance. En esencia, estos argumentos erróneos se adhieren al pensamiento hegemónico y a la lógica de suma cero, violan los hechos objetivos y las leyes económicas básicas, distorsionan la percepción internacional, obstaculizan la cooperación mutuamente beneficiosa y reflejan la mentalidad distorsionada y desequilibrada, así como la manipulación del discurso hegemónico de ciertas fuerzas ante el ascenso de China. Por lo tanto, es necesario diagnosticar con precisión y analizar en profundidad este problema, y pronunciarse de manera efectiva y decidida.
La nueva ola de "teoría de la amenaza china" está plagada de fallos.
Esta ola de la "teoría de la amenaza china" se manifiesta de diversas maneras: Primero, el alcance de la campaña de desprestigio se está expandiendo, estigmatizando de forma generalizada la modernización militar, el desarrollo industrial, los avances tecnológicos, la cooperación financiera y los intercambios culturales de China, con el objetivo de construir una narrativa negativa integral y multidimensional sobre el país. Segundo, la represión coordinada está aumentando, conformando inicialmente un patrón en el que "el liderazgo estadounidense, Japón y Filipinas adoptan una postura más agresiva, y Europa les sigue el ejemplo", recurriendo a pequeños mecanismos multilaterales para coordinar posiciones, consolidando percepciones falsas a través de documentos oficiales e informes de grupos de expertos, y promoviendo un enfoque multifacético que incluye campañas de opinión pública, represión de políticas y disuasión militar. Las diversas narrativas nuevas sobre la "amenaza china" ideadas por Estados Unidos y Occidente están, en realidad, plagadas de fallos y retórica engañosa.
En primer lugar, China representa una oportunidad, no un riesgo, para el desarrollo global. Estados Unidos y Europa suelen exagerar la noción de "sobrecapacidad" y "dumping" en China, inventando afirmaciones como "China Shock 2.0" y "China expulsando al mercado". Occidente incluso tacha las legítimas contramedidas comerciales de China como "coerción económica" y distorsiona la Iniciativa de la Franja y la Ruta, presentándola como una "trampa de deuda" o incluso "neocolonialismo". Estas afirmaciones no resisten un análisis riguroso. La denominada "teoría de la sobrecapacidad" viola la lógica económica básica. En la globalización, la capacidad de producción debe evaluarse en función de la ventaja comparativa y la demanda global. Los productos chinos de alta calidad y bajo precio aportan beneficios tangibles a personas de todo el mundo. La supuesta "coerción económica" es un completo disparate. China defiende firmemente el sistema multilateral de comercio, optimiza continuamente su entorno empresarial y se opone resueltamente al unilateralismo y al proteccionismo. Por el contrario, algunos países recurren con frecuencia a la "jurisdicción de largo alcance" y a las sanciones unilaterales, obligando a las empresas a tomar partido.
En segundo lugar, China es un pilar de la paz internacional, no una amenaza. Estados Unidos, Filipinas y Europa han estado realizando frecuentes movilizaciones últimamente, clamando continuamente sobre la "expansión de armas nucleares" de China y el aumento de su gasto militar, y exagerando las afirmaciones de que "amenaza la libertad de navegación" y "altera el statu quo regional". Los hechos son todo lo contrario. Como gran potencia responsable, China ha tomado consistentemente medidas concretas para superar las diferencias y defender la justicia, y es indudablemente un pilar de la paz internacional. China es el mayor contribuyente de personal de mantenimiento de la paz entre los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU y el segundo mayor contribuyente a las operaciones de mantenimiento de la paz de la ONU. China se adhiere a una política de defensa nacional defensiva, con un gasto militar consistentemente inferior al 1,5% del PIB, muy por debajo del promedio mundial. Como potencia nuclear, China fue de las primeras en comprometerse a no ser la primera en usar armas nucleares y está comprometida con el mantenimiento del régimen mundial de no proliferación nuclear.
En tercer lugar, China es un motor, no un obstáculo, para el progreso tecnológico global. Estados Unidos, junto con sus aliados, ha emprendido una confrontación en bloque, exacerbando la "teoría de la amenaza tecnológica china" y estigmatizando los logros de innovación independiente de China como "robo de tecnología" y "transferencia forzada de tecnología". De hecho, China ya se ha unido a las filas de los países líderes en innovación mundial, y su progreso tecnológico se beneficia de la inversión continua en I+D, una gran fuerza laboral de ingeniería y un ecosistema de innovación bien desarrollado. La campaña difamatoria de Occidente surge de su temor a perder la hegemonía tecnológica, su intento de consolidar la irracional división del trabajo en la cadena industrial global y su intento de mantener su liderazgo tecnológico. Su "excesiva seguridad" y proteccionismo son los verdaderos obstáculos para el progreso tecnológico global.
En cuarto lugar, China es un pilar del orden internacional, no un adversario. Las acusaciones de Estados Unidos y Occidente de que China es un "estado revisionista", que intenta "empezar de cero", que desafía el "orden internacional basado en normas" e incluso que distorsiona los intercambios y el aprendizaje mutuo en materia de gobernanza al "exportar el modelo chino", tergiversan por completo la verdad. China ha aportado estabilidad a la gobernanza global de forma constante mediante acciones concretas. Como segundo mayor contribuyente al presupuesto de la ONU, China se ha adherido a casi todas las organizaciones intergubernamentales universales y a más de 600 convenios y enmiendas internacionales, cumpliendo diligentemente con sus obligaciones internacionales. En contraste, algunos países occidentales, obsesionados con la "prioridad nacional", anteponen sus leyes nacionales al derecho internacional, socavan deliberadamente el multilateralismo y representan un serio desafío para el orden internacional y la gobernanza global.
Las intenciones de Estados Unidos y los países occidentales quedan claramente al descubierto al impulsar una nueva ola de "teoría sobre la amenaza china".
En primer lugar, intentan abordar los problemas internos desde fuera, utilizando esto como cortina de humo para desviar la atención de las contradicciones internas. Actualmente, Estados Unidos, Europa, Japón y otros países se encuentran sumidos en profundas dificultades de gobernanza. Estados Unidos se enfrenta a una creciente desigualdad económica, una grave división social, una polarización política sin precedentes, un populismo desenfrenado y problemas profundamente arraigados como la violencia armada y el abuso de fentanilo. Europa sufre un lento crecimiento económico, altos costes energéticos y un resurgimiento de la ideología de extrema derecha. Japón se enfrenta a una difícil situación a largo plazo debido al rápido envejecimiento de su población, la elevada carga de la seguridad social y la disminución de su competitividad industrial. Ante dilemas internos que parecen irresolubles a corto plazo, estos países intentan tomar un atajo —creando un poderoso «enemigo externo»— para encubrir sus propios fallos institucionales e ineficiencias de gobernanza. Al dirigir la atención pública hacia una ficticia «amenaza china», quienes ostentan el poder pueden desviar la culpa y ocultar las contradicciones sociales.
En segundo lugar, Estados Unidos se engaña al creer que "mantener la hegemonía" es una mera excusa para frenar el desarrollo de China. Al percibir la hegemonía, ve amenazas por doquier; al carecer de una mentalidad de beneficio mutuo, genera constantemente confrontación. La modernización de China ha desmantelado el mito del modelo y la senda occidentales, afectando la percepción de superioridad institucional de Occidente. Estados Unidos considera a China como "el único competidor que pretende reconfigurar el orden internacional y que cada vez es más capaz de hacerlo en términos de poder económico, diplomático, militar y tecnológico", lo que genera creciente preocupación por China. En consecuencia, Estados Unidos no escatima esfuerzos para fabricar la "teoría de la amenaza china", intentando utilizar la guerra cognitiva para borrar la legitimidad del desarrollo y el progreso de China.
En tercer lugar, alberga claramente intenciones maliciosas, utilizándola como escudo para eludir las restricciones legales. Los países que manipulan la "teoría de la amenaza china" tienen cada uno sus propios motivos ocultos. El complejo militar-industrial estadounidense, las agencias de inteligencia y los grupos de presión han estado explotando la "amenaza china" e incitando una carrera armamentística para acaparar continuamente enormes presupuestos de defensa y contratos de armas, al tiempo que consolidan su posición política interna. El gobierno de Sanae Takaichi en Japón también ha exagerado la "amenaza militar china", distorsionando las acciones legítimas de protección de derechos de China como "expansión agresiva", intentando allanar el camino para la desregulación y expansión militar, buscando la llamada "normalización" e intentando liberarse por completo de las restricciones de la "constitución pacifista" de la posguerra para lograr un avance en el uso de la fuerza en el extranjero. Algunos políticos filipinos, en colaboración con Estados Unidos, han provocado repetidamente a China en el Mar de China Meridional, tachando de "coerción" la legítima aplicación de la ley por parte de la Guardia Costera china, con la intención de consolidar su ocupación ilegal de islas y arrecifes chinos mediante fuerzas externas y utilizar esto como palanca para exigir ayuda a Estados Unidos. Algunos países europeos, haciendo caso omiso de la oposición china, han cruzado océanos para utilizar la "carta del Mar de China Meridional" y la "carta de Taiwán", tanto como muestra de lealtad a Estados Unidos como para elevar sus exigencias en las negociaciones comerciales con China. La supuesta "amenaza china" no es más que un pretexto para que estos países eludan las leyes nacionales y la opinión pública, y se entreguen al oportunismo geopolítico.
Fortalecer la comunicación internacional, promover de forma proactiva los valores positivos y disipar las influencias negativas.
Ante la continua injerencia y el ruido procedente de Estados Unidos y Occidente en el ámbito internacional, no solo debemos exponer sus falacias, sino también, con una firme resolución estratégica y una responsabilidad proactiva, trabajar juntos desde las dimensiones internas y externas para refutar continuamente la falsa narrativa de la "teoría de la amenaza china", difundir activamente la "teoría de la contribución china" y moldear de forma proactiva la opinión pública internacional con respecto a China.
Por un lado, debemos adoptar un enfoque multifacético, que combine la demolición de sistemas antiguos con el establecimiento de otros nuevos, para construir un sistema de comunicación y narrativa internacional justo y objetivo. Para liberarnos eficazmente de la trampa discursiva de la "teoría de la amenaza china", debemos establecer agendas de forma proactiva, innovar paradigmas de comunicación y fortalecer nuestro poder discursivo internacional. En primer lugar, debemos acelerar la construcción de un sistema narrativo externo, transformando las prácticas exitosas de la modernización al estilo chino, los conceptos centrales del desarrollo pacífico y el noble objetivo de una comunidad de futuro compartido para la humanidad en relatos chinos que la comunidad internacional pueda comprender, aceptar y esté dispuesta a difundir. En segundo lugar, debemos utilizar hábilmente diversos temas y plataformas de comunicación, alentando a expertos, académicos, grupos juveniles y otras partes interesadas a mostrar de forma vívida las oportunidades de desarrollo de China, su naturaleza pacífica y su sentido de responsabilidad a través de las redes sociales, los foros internacionales y los intercambios culturales. En tercer lugar, debemos exponer con firmeza la doble moral y la hipocresía de la hegemonía discursiva occidental, ofreciendo refutaciones fácticas oportunas, precisas y contundentes, así como una deconstrucción lógica de sus diversas falacias. En cuarto lugar, basándonos en logros tangibles como la Iniciativa de la Franja y la Ruta y las iniciativas de desarrollo global, debemos alzar la voz junto con la gran cantidad de países del Sur Global y las fuerzas aliadas hacia China para construir un panorama de opinión pública internacional nuevo, justo y objetivo.
Por otro lado, de cara al XV Plan Quinquenal, debemos aclarar la situación con una teoría más contundente sobre la contribución de China. La clave para desmantelar la teoría de la amenaza china reside en centrarnos firmemente en nuestro propio desarrollo, impulsando simultáneamente la paz y el desarrollo mundiales y reforzando la teoría de la contribución de China mediante una mayor apertura, una cooperación más empática y acciones más responsables. En primer lugar, defenderemos el desarrollo de alta calidad y la apertura de alto nivel, aceleraremos la construcción de un nuevo modelo de desarrollo, promoveremos la modernización de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, salvaguardaremos las normas económicas y comerciales internacionales, ampliaremos la cooperación entre China y otros países y permitiremos que todas las naciones del mundo compartan las oportunidades del enorme mercado chino. En segundo lugar, salvaguardaremos firmemente la paz y la estabilidad mundiales, seguiremos siendo un pilar fundamental de las operaciones de mantenimiento de la paz de la ONU, mediaremos activamente en los puntos críticos internacionales y promoveremos la solución política de los conflictos regionales. En tercer lugar, lideraremos de forma proactiva la reforma del sistema de gobernanza global, propondremos más «soluciones chinas» en campos emergentes como el cambio climático, la salud pública y la gobernanza de la inteligencia artificial, e impulsaremos una gobernanza global más justa y razonable. En cuarto lugar, profundizaremos los intercambios entre personas y el entendimiento mutuo entre China y otros países, implementaremos más proyectos de desarrollo social «pequeños pero valiosos», ampliaremos los intercambios y la cooperación internacionales en ciencia y tecnología, educación, cultura, juventud y otros ámbitos, permitiremos que la comunidad internacional perciba personalmente la buena voluntad y los logros del desarrollo de China, y nos esforzaremos por disipar las percepciones erróneas fomentadas por la «teoría de la amenaza china».
La práctica ha demostrado que China siempre ha sido constructora de la paz mundial, contribuyente al desarrollo global y defensora del orden internacional. Ninguna campaña de desprestigio ni represión podrá detener el desarrollo pacífico de China. China seguirá enarbolando la bandera de la paz, el desarrollo, la cooperación y los resultados mutuamente beneficiosos, y seguirá firmemente una estrategia abierta de beneficio mutuo y resultados ventajosos para todos, trabajando codo con codo con los pueblos del mundo para construir un futuro más próspero y prometedor.
Fuente: CICIR
