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04/04/22
11/04/1831 | Salsipuedes y los últimos charrúas
Por Fernando Bossi Rojas

Françoise De Curel, un militar francés que desde mucho tiempo atrás se había radicado en Montevideo, tomó la decisión de regresar a su país natal. Cuando embarcó en el buque Phaeton, como todo pasajero, registró su equipaje. En la declaración de las pertenencias consignadas se podía leer: “cuatro charrúas: el cacique Vaimaca Perú, el chamán Senaqué, el joven Tacuabé y su mujer, Guyunusa, embarazada de pocos meses”. La autorización para trasportar dicho “equipaje”, la había facilitado el propio presidente del Uruguay, el general Fructuoso Rivera.

Estos cuatro indígenas eran parte de los últimos charrúas que aún quedaban con vida en el Uruguay, después de la matanza ejecutada el 11 de abril de 1831 en el Arroyo de Salsipuedes.

Los hacendados, tras la guerra contra el colonialismo español y portugués, exigieron al gobierno de la recién fundada República Oriental del Uruguay, el exterminio de los molestos charrúas que habitaban y transitaban por sus nuevas propiedades.

Nada le importaba a la oligarquía uruguaya que esos charrúas hubieran combatido heroicamente bajo las banderas republicanas y anticolonialistas de José Artigas. Fructuoso Rivera, artiguista primero y luego traidor, fue el encargado de hacer cumplir la orden de los hacendados.

Rivera conocía bien a los indígenas, porque juntos habían combatido en el ejército popular artiguista. Así, los convocó con falsas promesas. En el encuentro los agasajó con mucha comida y más aguardiente. Una vez que muchos guerreros, que estaban acompañados por toda su familia, se habían embriagado, dio la orden de comenzar la matanza. Mil doscientos soldados, bien pertrechados, ejecutaron la carnicería.

Los muertos fueron muchos y no se tiene registro de la verdadera cifra. Los sobrevivientes quedaron prisioneros. Los cautivos fueron obligados a engrosar la servidumbre de la oligarquía y cuatro de ellos partieron en condición de “equipaje” a Francia.

En París fueron exhibidos como salvajes en una exposición montada por De Curel. Los dos más viejos murieron a los pocos meses de tristeza. Guyunusa parió una niña y luego murió de tuberculosis. Su esposo, Tacuabé, pudo huir con su hija, y nunca más se supo de ellos.

Fuente:
Portal Alba

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