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15/10/21
Temas: Justicia
Regiones: España | Venezuela
Carta del Presidente Maduro al Rey de España para exigir respeto a víctimas de ocupación colonial
Por Nicolás Maduro Moros

El Presidente venezolano, Nicolás Maduro, envió este jueves una carta al Rey de España, Felipe de Borbón, para exigir respeto a la memoria de los ancestro que hace 529 años sufrieron, a través de crímenes y violencia, la ocupación del imperio español. A través de la red social Twitter, el jefe de Estado compartió la misiva en la que manifiesta su repudio al hecho de que el país europeo «pretenda minimizar y falsificar los hechos ocurridos durante la llamada conquista de América del siglo XV».

Al respecto, el ministro de Cultura venezolano, Ernesto Villegas, retransmitió la misma en Twitter con el siguiente mensaje: «La República Bolivariana de #Venezuela exige al Rey de España una rectificación histórica sobre el genocidio y etnocidio que despobló un continente donde vivían entre 70 y 90 millones de personas y alerta al pueblo español sobre el resurgimiento del fascismo y el supremacismo».

A continuación, el texto íntegro de la carta:

Señor Felipe de Barbón, Rey de España.

Señor:

La presente carta, que dirijo a Usted por ser el representante de la diplomacia del Estado español, tiene como fin protestarle la indignación que como pueblo amerindio, multiétnico y pluricultural, sentimos en la República Bolivariana de Venezuela al ver cómo 529 años después se sigue celebrando lo que, a la luz de la historia y la razón universal, fue una de las más sangrientas conquistas.

Es inaceptable que en pleno siglo XXI una nación que se precia de ser civilizada rinda culto a lo peor de su pasado: el latrocinio, el expolio, el racismo y los crímenes de odio, cometidos durante más de tres siglos de ocupación del imperio español en el territorio del Abya Yala.

La celebración de tales hechos sólo puede ser entendida por los países que resistieron a la invasión como una apología y reafirmación del más atávico racismo.

La llegada y la presencia forzada de España en las tierras americanas, representó el más terrible aniquilamiento físico y simbólico de pueblos enteros, que recuerde la historia de la humanidad.

Nuestra intención con esta carta es hacer al mismo tiempo un llamado de alerta al pueblo español, una apelación a su conciencia histórica y a su razón política, frente al resurgimiento del supremacismo y del fascismo que nos retrotrae a lo más oscuro de la Europa imperial. Con la aparición de partidos ultraderechistas hoy es cada vez más común en España los relatos que pretenden minimizar y falsificar los hechos ocurridos durante la llamada conquista de América en el siglo XV.

Se sigue hablando con prepotencia del proyecto «Civilizatorio hispánico», dando por sentado que más allá de la hispanidad no existían idiomas, culturas, civilizaciones. Asumiendo como cierto los prejuicios ya superados del etnocentrismo medieval. Voceros de las corrientes neofalangistas, se refieren a los hechos como el «Día de la Raza», y otros más moderados enarbolan el eufemismo insolente del «Encuentro de dos Mundos». ¿Cinismo moderno o ignorancia absoluta? Cualquiera que fuese la respuesta es inaceptable tanto para los pueblos originarios aún en resistencia, como para el pueblo europeo que se precia de ser respetuoso de la dignidad y del derecho humano.

Señor,

Desde las valientes denuncias de Fray Bartolomé de las Casas hasta nuestros días, abunda una amplia documentación que pone en evidencia la dimensión cruel y violenta de la colonización. Violencia y crueldad que se perpetúan en los intentos por lavarle la cara, mediante acciones de propaganda, a los viles asesinatos y saqueos.

La conquista en los términos actuales, constituye el más grande genocidio y etnocidio, porque despobló un continente en el que habitaban entre 70 y 90 millones de almas, con sus culturas, sus sistemas políticos, sus idiomas, su ciencia, sus religiones, sus instituciones, que el conquistador nunca estuvo en disposición de respetar.

Y es en nombre de esas almas y en nombre de sus descendientes, que exigimos cesen las posturas ofensivas que reivindican la barbarie.

Este año 2021, Venezuela celebra el bicentenario de la Batalla de Carabobo, acontecimiento cumbre en el que nuestra nación siente expresada la voluntad más firme de su ser independiente, asumiéndonos como hijos y herederos de nuestros héroes y heroínas.

Como recordará, la victoria de Carabobo sobre el otrora imperio español, marcó el nacimiento político de la Colombia grande y en ella no sólo fue rendido el ejército español. En Carabobo murió Hernán Cortés, como dice José Martí, en su síntesis descolonizadora, y fueron redimidos los millones de asesinados por la espada y la codicia de los invasores y colonizadores, los millones de hombres y mujeres sometidos a esclavitud. En ese campo quedó enterrada la opresión que hoy se representa en los actos festivos de la supuesta hispanidad.

En Carabobo se concluyeron tres siglos de Resistencia Indígena cuyo levantamiento encabezó el Cacique Guaicaipuro en este valle, años después de la invasión, y que se extendió por todo el continente trascendiendo los tiempos hasta nuestros días. Esta carta es una expresión fiel de esa causa originaria.

No es el Día de la Raza. o el Día del Descubrimiento, o el Día de la Hispanidad, es el Día de la Resistencia indígena. Esto es mucho más que un cambio de nombre: se trata de un cambio de mirada, de un cambio espiritual, de un cambio histórico que funciona para ver el pasado y el futuro con otros ojos.

Así como el cambio climático tiene sus negacionistas, así los tiene el genocidio en Indoamérica. Van de la mano con el racismo, la xenofobia y el supremacismo.

Europa debe reconocer que su modernidad y su vertiginoso crecimiento industrial, comercial y financiero, es decir, el auge del capitalismo occidental, tuvo sus cimientos en un crimen de lesa humanidad contra los pueblos de lndoamérica y de África, y en un despojo material de sus riquezas que inició el 12 de octubre de 1492. Esto es una verdad demostrable científica y testimonialmente.

Masacres, desplazamientos, guerras, enfermedades nuevas, trabajos forzados, acabaron con la vida de más de 90 millones de indígenas. La trata negrera secuestró, expatrió y esclavizó a cerca de 50 millones de africanos. Son cifras que superan los holocaustos y las guerras causadas y sufridas por Europa en el siglo XX.

Más que unas disculpas, queremos una rectificación de las ideas y opiniones que cinco siglos después parecen más necias y viles. Lo que nos preocupa es el olvido y la minimización de estos hechos atroces que yacen en el origen de nuestras actuales naciones. Lo que no aceptamos es la banalización y negación del genocidio indoamericano, que nos parece manifestar el peligro y la justificación de nuevos holocaustos.

Nosotros amamos al pueblo de España, hablamos una misma lengua: fue un venezolano, Andrés Bello, quien la embelleció con su gramática. El cristianismo encontró en la espiritualidad originaria un acervo que le dio singularidad y riqueza. Nosotros disfrutamos de su cultura, que es a su vez resultado de la herencia y la mezcla árabe, y lo hacemos desde la nuestra. Por eso no estamos dispuestos a tolerar burlas, cinismos y falsificaciones históricas.

Con la Revolución Bolivariana, la Venezuela contemporánea emprendió un viaje hacia sí misma, hacia sus orígenes, y ha resuelto desde la fórmula intercultural un futuro descolonizado. Esta ética nos permite aportar a la humanidad métodos de diálogo civilizatorio, valores de una memoria plural y una identidad múltiple.

Verdad. Verdad. Venezuela exige la verdad, porque hemos conocido en carne viva el poder destructor de la mentira. Disponemos en todo el universo hispanohablante de material documental suficiente para una Comisión de la verdad que determine una versión no sesgada de la conquista de América que calle la boca a los nuevos oscurantismos y desenmascare lo que hoy sus instituciones quieren ocultar: el más sangriento de los episodios humanos.

El presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador, en su misiva del 2019 dirigida a su persona, proponía la reconstrucción de un «relato compartido» que, haciendo honor a la verdad, hermanara a los pueblos de España y de México.

Nosotros nos sumamos exigiéndole además una sinceración de la verdad histórica que, reconociendo los excesos permita una reconciliación de las partes en su común humanidad. lndoamérica lleva una herida en su memoria que aún sangra. No aceptamos el olvido y la indolencia como respuesta.

Venezuela es, en su escala, uno de los mayores países receptores de inmigrantes del mundo. Entre nuestros 30 millones de habitantes hemos dado acogida a 6 millones de colombianos, centenares de miles de otros latinoamericanos y caribeños, árabes, chinos, españoles, portugueses e italianos.

En más de 500 años desde la invasión europea, hemos acrisolado una raza múltiple y diversa, amplía y generosa, una raza cósmica, como diría José Vasconcelos, representante y vocera de todas las razas del mundo.

«La sangre de nuestros ciudadanos es diferente, mezclémosla para unirla», exhortaba Bolívar en Angostura, en 1818. «Tengamos presente que nuestro pueblo no es el europeo, ni el americano del Norte. Que más bien es un compuesto de África y América, que una emanación de Europa: pues que hasta España misma deja de ser europea por su sangre africana, por sus instituciones y su carácter. Es imposible asignar con propiedad a qué familia humana pertenecemos.»

Profético el Libertador: ¿no es acaso cierto que hoy la Europa que mira desde el «Norte de Los Pirineos», trata al pueblo español con el mismo desprecio que dispensa hacia los africanos, árabes y latinoamericanos?

Una Hispanidad sin el reconocimiento y el perdón, sin la verdad y el resarcimiento moral por el crimen y el despojo, es un cascarón vacío que sólo sirve para la fotografía de un club de presidentes derechistas.

Nosotros aspiramos a una Interculturalidad y esto únicamente es posible desde el respeto y la valoración positiva de las diferencias.

Como católico, me enorgullece el temple del Papa Francisco en la admisión de los excesos eclesiásticos durante el dominio europeo: pero nos hermanamos ecuménicamente con los demás cristianos, los musulmanes, los devotos de Changó y de María Lionza, así como con los budistas, los taoístas y los agnósticos.

Si queremos realmente una reconciliación, tengamos el nivel para hacerlo en una cofraternidad plurinacional y pluricultural, con vínculos de espíritu y de sangre. Todo ello debe pasar, insistimos, por la aceptación de la verdad histórica, y echar luz sobre ese nudo sombrío que nos une y nos separa.

El siglo XXI es propicio para una Comisión de la Verdad sobre la ocupación europea de América desde el siglo XVI hasta el XIX. Así zanjaríamos el abismo entre la leyenda dorada y la leyenda oscura que en progresión infinita nos seguirá dividiendo.

Sólo la verdad, como aceptación histórica, sólo la memoria recuperada, sólo el reconocimiento de ese profundo crimen y también el reconocimiento de la lucha y la dignidad de los abuelos de los abuelos de nuestros abuelos, puede restablecer la real hermandad. Sólo la verdad puede conjurar la amenaza fascista que se cierne.

La verdad, nos hará libres y esa libertad nos hará veraces a todos.

Una comisión dirigida por la Celac conformada por shamanes, antropólogos, arqueólogos, defensores de los derechos humanos, juristas, escritores e intelectuales, representantes de todas las religiones, entre otros, que nos permita conmensurar los hechos, aceptarlos, repararlos e incorporarlos a una misma historia.

Hoy, 14 de octubre mes de los pueblos originarios, año 529 de resistencia y lucha por la verdad y la esperanza.

Desde nuestro costado Indio, republicano y libre.

Nicolás Maduro Moros.

Fuente:
Alba Ciudad

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